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La lógica económica de la democracia mexicana y los mandamientos de nuestro federalismo obligan a reconocer competencias y a financiar soberanías de gobiernos que no son  ni competentes ni soberanos.

Los dos actos soberanos fundamentales de un estado son cobrar impuestos y aplicar la ley. Ninguna de las dos cosas hacen bien a bien  los gobiernos locales. Y, sin embargo, durante los años de la democracia han tenido recursos presupuestales sin precedentes, entregados, en aras del federalismo, por la Federación.

Solo la Federación cobra impuestos en México. Los estados y municipios viven de los ingresos de la Federación. Lo hacen sin rendirle cuenta a ella de sus gastos, porque son soberanos.

La piedra de toque de esta contrahechura democrática es que la democracia mexicana diseñó  un régimen presidencialista en el que ningún presidente pudiera tener mayoría absoluta en el Congreso.

Para ganar la colaboración de un Congreso adverso, el primer gobierno de la democracia, de Vicente Fox, estableció el expediente funesto de aceitar a la oposición ampliando el reparto de dinero federal a los estados, sin imponerles a cambio una fiscalización también federal.

La aprobación del gasto federal en los estados quedó en manos de los gobiernos y los congresos locales. Los gobiernos locales compraron con dinero federal la complicidad de sus congresos  para aprobar sus cuentas.

Se destruyó así, paso a paso, el mecanismo fundamental de contrapesos que la democracia prevé: la rendición de cuentas del gobierno bajo la división de poderes y la vigilancia del Congreso.

Creo que este es el mecanismo número uno de buena parte de la corrupción que nos aqueja: la complicidad ante las cuentas públicas de los congresos.

Bajo la simulación federalista, nuestra democracia creó gobiernos que suplieron la división de poderes por la complicidad de poderes.

Multiplicaron la irresponsabilidad de los gobiernos locales otorgándoles una autonomía financiera que no tenían y una impunidad política de cuya profundidad apenas empezamos a caer en cuenta.

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