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Varios despropósitos, algunas misericordias y uno que otro reglazo de mentes superiores, suscitó mi cavilación del viernes pasado sobre el sentido de uno de los enigmáticos dichos de Heráclito: “Muerte es cuanto despiertos vemos; cuanto dormidos, sueño”.

Ofrecí tres versiones traducidas del mismo dicho enigmático, empezando por la mía, muy errada, pues no aceptaba la paradoja fundamental del dicho: lo que vemos despiertos está muerto.

Alguien me ha regañado por hacerme el falso profundo. Otro por no entender la paradoja. Alguien más por andar eludiendo el tema de la corrupción mexicana que no me atrevo a comentar.

Mi confesadamente torpe adivinación de Heráclito produjo sin embargo una respuesta luminosa, propiamente heracliteana, en el sentido de que ilumina las cosas cuando pasa y, una vez pasada, devuelve todo al misterio.

Es un comentario de Hugo Hiriart que dice lo siguiente:

“Heráclito fue el filósofo del transcurrir: todo lo que ves está sometido al tiempo y por tanto morirá, te parece vivo, pero no va a durar, va a morir. Eso no es triste, es justo, va a morir para que surjan otras cosas visibles.

“Estamos hechos de tiempo. Lo que vemos al dormir es sueño, para que no sea una obviedad indigna de Heráclito, puede querer decir que lo que vemos al dormir es solo eso, sueño y no otra cosa, presagio, por ejemplo.

“Unas hermosas muchachas fueron a tentar al Buda, Buda resistió porque las percibió no como muchachas en la edad del diablo, sino como las ancianas que llegarían a ser.

“Nada está quieto, percibimos un instante de la cosa, ese instante no es la cosa, la cosa está hecha de tiempo y va a morir”.

Me deslumbra y me derrota el saber radical, inhumano, de la mirada del Buda. Porque si la mirada no puede rendirse ni siquiera a la visión de una muchacha en la edad del diablo, acaso es la mirada lo que ha muerto.

Lo cual no le quita ni la verdad ni la melancolía al paso de las cosas por el tiempo, ni a la batalla contra este, que es la ilusión profunda, pero irrenunciable de la vida.

Si quieren leer un libro que los hará reír y pensar como ninguno que se haya publicado recientemente en México, lean el de Hugo Hiriart: El águila y el gusano (Random).

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