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Me hace llegar Luis González de Alba su propia adivinación heracliteana, en realidad una perfecta nuez de historia de la filosofía, que termina no en los linderos, sino en las intimidades, heraliteanas si algunas, de la física cuántica.

Aquí va:

Heráclito está en la línea divisoria de la filosofía oriental, el hinduismo, Buda, Confucio, Lao-Tse, y la occidental.

El pasado ya no existe, el futuro todavía no es, el presente es la línea inaprehensible entre lo que ya no es y lo que aún no es.

Para el hinduismo y budismo el velo de Maia (sánscrito: ma-aia= no es) es el mundo de las apariencias, siempre engañosas porque están en trance perpetuo de dejar de ser.

El velo de Maia es el río de Heráclito. Kant: de un árbol percibimos su forma, color, aroma, pero el árbol “en sí” nos es para siempre inaccesible.

Schrödinger, uno de los padres fundadores de la cuántica, dice que eso es una extravagancia de Kant (en ¿Qué es el mundo?).

El primero en proponer en Occidente ese fluir fue Tales de Mileto. En Heráclito descubre Hegel la dialéctica 25 siglos después, la lucha de contrarios, “armonía de tensiones opuestas”. Pero también síntesis, como en la esfera, sin principio ni fin. 

Con esa herramienta Marx y Engels desmenuzan la economía y la historia. Nietzsche habla de maia en El nacimiento de la tragedia.

La física cuántica nos informa que la materia se produce siempre en pares opuestos: una partícula de materia y una de antimateria entran por instantes a la realidad, desde la nada,  y vuelven a la nada en una danza que llena todo el espacio-tiempo al ritmo del principio de incertidumbre.

Heráclito dejó de especular sobre la esencia del ser y descubrió que lo único concreto era el devenir, el cambio. (Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena, 2010, p. 241),

Y ese fluir de la nada, propuesto por Hendrik Casimir y Dirk Polder, ha sido medido en los laboratorios Philips. Se llama energía de punto-cero (zero-point energy). (Ibid., pp 170-171, Cal y Arena).

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