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Ha llegado al Congreso la iniciativa de ley que puede dar paso al mayor cambio político e institucional de los años que vienen.

No es una iniciativa surgida de los planes de transformación del nuevo gobierno, sino de la negociación del nuevo tratado comercial con América del Norte, firmado el último día de su gobierno por Enrique Peña Nieto, pero acompañado en la negociación y asumido puntualmente por el gobierno de López Obrador.

Me refiero a lo previsto por el capítulo laboral del nuevo tratado y en especial a los mandatos contenidos en el Apéndice de ese capítulo, dedicado a los derechos de “representación de los trabajadores en la negociación colectiva en México”, respecto de sus condiciones de trabajo.

El punto 1 del Apéndice obliga a México a “establecer en sus leyes laborales el derecho de los trabajadores a participar en actividades concertadas de negociación o protección colectiva y a organizar, formar y afiliarse al sindicato de su elección”.

El punto 1 prohíbe también “el dominio e interferencia del empleador en actividades sindicales, la discriminación o coerción contra los trabajadores por virtud de actividad o apoyo sindical, y la negativa a negociar colectivamente con el sindicato debidamente reconocido”.

Si entiendo bien estas escuetas frases decretan la desaparición de los sindicatos únicos en las empresas y en las dependencias públicas. Establecen y legalizan por extensión el plurisindicalismo y ponen fin a la opción, por parte de los empleadores, de no hablar sino con la dirigencia del sindicato único reconocido.

Suprimen también, ilegalizan, las represalias o la presión que puedan ejercer el empleador o los líderes sindicales, desde el propio sindicato, contra trabajadores que quieran crear o apoyar otra organización dentro del mismo centro de trabajo.

Quedan pendientes las reglas de cuál de las organizaciones resultantes del proceso será la titular de la negociación a nombre de todas las otras.

Sería una locura no establecer este ordenamiento del proceso pues equivaldría a abrir en cada centro de trabajo una torre de babel.

Pero está claro que quienes negocien tendrán que satisfacer las exigencias y aspiraciones de una pluralidad laboral como no hemos conocido en México.