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A mi juicio, el punto 6 del apéndice al capítulo laboral del nuevo tratado de libre comercio con América del Norte decreta el fin del sindicalismo mexicano realmente existente.

Dice que es obligación de México, de acuerdo con el tratado, “adoptar legislación de conformidad con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establezca que, en futuras revisiones salariales y de condiciones laborales, todos los contratos colectivos existentes incluirán un requisito de apoyo mayoritario, a través del ejercicio del voto personal, libre y secreto de los trabajadores cubiertos por dichos contratos colectivos”.

Es decir, si entiendo bien, que en adelante sucederá siempre lo que ahora no sucede: que los trabajadores conozcan los detalles de sus condiciones de trabajo pactadas por los líderes y las voten mayoritaria, libre y secretamente a favor o en contra.

Los puntos 4 y 5 definen la instancia que vigilará y certificará los procesos de elección de los trabajadores por el sindicato al que quieran pertenecer y por las condiciones de trabajo establecidas en su contrato colectivo.

Se trata de crear tribunales independientes, nuevos, muy distintos de nuestras familiares “juntas de conciliación y arbitraje, que definirán por sí y ante sí el cabal cumplimiento de las nuevas reglas de libertad sindical y la aprobación democrática de las condiciones de trabajo.

Como todo lo contenido en el nuevo tratado, los fallos de estos tribunales no serán sujetos a las instancias jurídicas locales, sino del arbitraje trinacional de los países miembros.

Por increíble que parezca, estos mandatos del apéndice laboral pasaron un poco de noche por la mirada de empleadores y líderes sindicales de México. Según los acuerdos, este apéndice, establecido solo para México, debió aprobarse en el Senado al empezar el año.

No ha sido así, pero el plazo para el gobierno mexicano ha terminado por la presión del presidente Donald Trump, cuyo yerno visitó México para extender personalmente la exigencia de que se detuviera la migración centroamericana y se aprobara la parte laboral del tratado.

Lo primero ha empezado a suceder y tiene contento a Trump. Lo segundo ya es una papa caliente en manos del Senado.