En síntesis, la Reforma Electoral será la que Palacio Nacional decida. Si se derruye la democracia, pues mala tarde para los mexicanos
ARTURO ZALDÍVAR,
COORDINADOR GENERAL DE POLÍTICA GOBIERNO,
PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA:
+ Tras advertencia no hay engaño.
Refrán popular
Leí con atención y mucha preocupación su artículo de ayer en Milenio, bajo el título Llegó la hora de la reforma electoral y me temo que su contenido está basado en puras posverdades.
Usted apunta que “durante meses, la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral abrió espacios, recibió propuestas y recogió diagnósticos en todos los rincones de la República”; es cierto. Sin embargo, no hay un solo indicativo que esas propuestas hayan sido tomadas en cuenta y con el talante autoritario de Pablo Gómez al frente de la Comisión no cabía esperar nada distinto.
Más adelante usted suelta la cantaleta del costo de las elecciones. Argumenta que un país “con tantas desigualdades no puede sostener un aparato electoral oneroso, sobredimensionado y muchas veces desconectado de la vida cotidiana de la gente”. Caray, esta frase vale la pena desmenuzarla.
Empecemos por preguntarle, don Arturo, qué tienen que ver las desigualdades sociales con el INE; combatir la inequidad es responsabilidad de las secretarías de Educación, Salud, Bienestar y Hacienda, con el apoyo de otras secretarías. No es responsabilidad del Instituto.
Si el aparato electoral es oneroso es porque la ley, mayormente hecha por los que ahora están en el poder y antes eran oposición, tiene muchos candados. Pero seamos más puntuales: oneroso es que cueste más de lo que da a cambio; el INE siempre nos ha dado comicios basados en la certidumbre y la legalidad, que se traducen en que los cambios de gobierno y de partido en el poder ocurren en toda paz. Y, como dice el anuncio, eso no tiene precio.
Afirma usted, doctor Zaldívar, que “la austeridad no es una consigna: es un principio de responsabilidad pública” para referirse al presupuesto del INE. No podría estar más de acuerdo y me hubiera encantado que la 4T aplicara tal principio en las megaobras que duplicaron su presupuesto y aún hoy nos siguen costando.
Otra de sus críticas es la supuesta falta de conexión entre el INE y la población. Habría que ver, don Arturo, porque el sexenio pasado la idea de modificar el Instituto provocó las marchas más nutridas de las últimas décadas. Los ciudadanos respondieron a la convocatoria de “El INE no se toca” sin que mediara un liderazgo visible. Por otra parte, el Instituto no está para andar de colonia en colonia viendo qué le falta a la gente; eso debieran hacer los diputados o los gobiernos. El INE está para hacer un trabajo técnico-logístico con la mayor pulcritud.
Y continúa su artículo diciendo que “tras el fracaso de la denominada ‘transición’ -que no trajo ni igualdad, ni democracia- con la llegada de la 4T, México cambió”. ¿Acaso ya se le pegó la visión mesiánica, don Arturo? Permítame un apunte: en 1994, el Índice de Desarrollo Humano en México fue de 0.678; para el año 2000 fue de 0.709 y en 2018 alcanzó 0.779 marcando una mejora significativa al pasar de ser un país de desarrollo bajo a uno alto (Datosmacro).
En cuanto a que no hubo democracia, México cambió de partido gobernante en tres ocasiones desde el año 2000 y fue a través de los comicios que MORENA llegó al poder. Ahora dígame, ¿cuál elección fue ilegal, parcial o ilegítima? Ninguna. En 2006 la diferencia entre AMLO y Calderón fue mínima, pero así es la democracia: se gana o se pierde con un solo voto.
Y si usted me causa preocupación, Pablo Gómez me da terror. No le gusta la palabra “autonomía”, alegando una definición que implica que, en este caso el INE, se gobierne por sus propias leyes. Pues qué purista del lenguaje nos salió don Pablo, porque la acepción que jurídica y legalmente se le da en México no implica tal atributo. En sus 30 años de existencia el INE se ha atenido a Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, instrumento jurídico elaborado, modificado y aprobado por el Congreso. Así que suena a pretexto para convertir al INE en un apéndice dizque independiente del gobierno.
Tiene usted razón cuando argumenta que “por primera vez en décadas, la Reforma Electoral no surge del reclamo de los perdedores”; desde los años 90, el partido en el poder -PRI- mal que bien escuchó a la oposición y junto con ella construyó el andamiaje jurídico e institucional que hasta hoy nos rige. Lo que se lee entrelíneas es que la 4T no está dispuesta a negociar ni a consensuar la Reforma Electoral; al fin y al cabo, siempre hay algunos legisladores dispuestos a venderse para brindar a MORENA la mayoría calificada. Ya vimos cómo compraron a un par para la Reforma al Poder Judicial.
En síntesis, la Reforma Electoral será la que Palacio Nacional decida. Si se derruye la democracia, pues mala tarde para los mexicanos.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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