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Nadie entiende cómo votar, pero se han hecho presentes los famosos “acordeones” que indican cómo hacerlo a quien no lo sabe. Es decir, a todo mundo.

Eso es lo único democrático de la elección judicial: nadie la entiende, todos necesitan lazarillo para caminar por sus oscuridades.

Los lazarillos que han salido a la plaza pública, para resolver este pequeño problema de que la gente no sepa cómo votar, son esos acordeones.

Los han hecho circular para sus votantes Morena y el gobernador de Nuevo León; y los servidores de la nación, para beneficiarios de programas sociales del gobierno.

Pura y dura inducción del voto, que se completará con los previsibles acarreos. La fórmula democrática de esta elección puede resumirse en esas dos palabras: acarreo con acordeón.

Supongo que, como el de Nuevo León, cada gobernador se encargará de su propio acordeón con acarreo para imponer los jueces locales que quiera.

Los acordeones dicen qué candidato escoger en cada boleta, traen el número del candidato que hay que copiar para cumplir la voluntad del acordeonista.

Hay que hacer eso con nueve boletas distintas en Ciudad de México y con seis en los estados. El porcentaje de errores será muy alto, incluso con los acordeones a la mano.

Pero eso no importa, los votos recibidos por cada candidato no serán contados por los ciudadanos responsables de la casilla, sino en los 300 distritos electorales del INE.

Los ciudadanos funcionarios de casilla sólo dirán cuántos votos hubo en total, no por cuál candidato, y devolverán las boletas no usadas, sin anularlas, a los consejos del INE.

El INE ha perdido la autonomía y la credibilidad que eran su sello. El INE de hoy pinta para convertirse en la nueva Comisión Nacional de Derechos Humanos y su presidenta, Guadalupe Taddei, en la siguiente Rosario Piedra.

El hecho es que, después de la elección, el INE se quedará 10 días a solas con las boletas utilizadas, y con las no utilizadas.

Podrá entonces contarlas en el ánimo constructivo de que reflejen la verdadera voluntad del pueblo.

Es decir, de los acordeonistas.