Quiero suponer, más sueño que pesadilla, que estarán, estaremos hasta la coronilla de sus ocurrencias, que, agraviados por sus entelequias, por sus locuras, no habremos de olvidar…
La señora Clara Brugada, respetable líder social sin ninguna formación académica, sin bases culturales, sin conocimientos arquitectónicos, sin ideas claras sobre cómo gobernar, se ha significado, y así pasará en las crónicas más jocosas de estos tiempos, como la “reina de los ajolotes”.
En su afán de darle una “manita de gato” a la Ciudad de México ha conseguido un rechazo social inmenso, de todos los ámbitos. Pintar a la Ciudad de morado es un invento nefasto, llenarla de imágenes de ajolotes, es todavía lo que le sigue de negativo. Como si se hubiese levantado de una pesadilla y ordenado una puesta en escena que correspondiese a su malestar mientras dormía.
A lo que debe agregarse el espantoso “parque” elevado, o lo que sean esos camellones en Tlalpan.
Pintar de morado a la CDMX no logra ocultar, disminuir, borrar, o siquiera disminuir atención sobre los gravísimos problemas que enfrenta la capital del país. Invertir millones de pesos en esos pintarrajeas que, absurdamente, han comenzado a repintarse de amarillo en algunas zonas, no funciona ni siquiera como distracción.
A eso agréguese los ajolotes. ¿De quién sería consejo utilizar a este animalito que no protegen, que no han sabido cuidar? El ridículo mayor de poner un ajolote gigante afuera del Estadio Azteca, o como ahora se llame, y tener que quitarlo porque era ilegal ocupar ese espacio destinado a la mascota oficial del Campeonato de Futbol.
Es obvio que, a principios de su gobierno, la señora Brugada siguió los consejos de alguno de sus asesores y fue ella la que comenzó con las manitas de gato, con cirugías plásticas, bótox, pestañas postizas, cabello postizo, diferente dieta, otro vestuario. Y que el resultado despertó todo tipo de interrogantes y comentarios ofensivos. Si toda la inversión en su persona fue hecha con dinero propio, será muy su decisión, y sobre todo sus espejos. Si utilizó dinero del erario, ya es diferente.
Porque los cambios no han sido baratos.
Como tampoco los maquillajes que ha pretendido aplicar a la CDMX.
Y aquí habrá que preguntarnos qué papel juega la “oposición”, de qué manera sus opositores no se han opuesto lo suficiente a tantas locuras, absurdas, caras y sin ningún beneficio para el ciudadano.
Ahora los que habitan la CDMX lo harán en una urbe pintada de morado, sin seguridad, sin drenaje suficiente, sin servicios, sin vialidades, sin reglamentos de tránsito que se respeten, sin transporte público eficiente, sin espacios seguros para personas con capacidades diferentes.
Quiero suponer, más sueño que pesadilla, que estarán, estaremos hasta la coronilla de sus ocurrencias, que, agraviados por sus entelequias, por sus locuras, no habremos de olvidar…
