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Tengo muy presente la primera alternancia en México, aquella en la que el PRI fue derrotado después de décadas de gobernar y donde Vicente Fox inició abajo en las encuestas y remontó para ganar con claridad a Francisco Labastida. Como siempre ocurre se hicieron análisis posteriores, todos válidos, sobre las razones del resultado. Una campaña novedosa, un gran candidato, e incluso traiciones dentro del PRI al más alto nivel. Pero tengo a bien guardar y releer de vez en cuando las reflexiones que desde las entrañas del PRI/gobierno hizo magistralmente César Augusto Santiago en un ejercicio de autocrítica pocas veces visto. Los perdedores tienden a justificarse por “trampas” del adversario, por errores de los estrategas, por la baja participación, por traiciones, etcétera, pero pocas veces como en 2000 se hace una verdadera autocrítica para explicar la derrota. En ese documento, César Augusto nos platicó cómo el PRI y los gobiernos emanados de ese partido se alejaron de sus bases, del pueblo y sus gobernantes se volvieron “tecnócratas” (que hoy se llamarían neoliberales); que sus métodos de selección de candidatos generaron divisiones; que la dirección de las campañas minimizaron la importancia de sus estructuras, etcétera, nada que culpara al entonces IFE, ni a los medios ni a los contrarios, autocrítica válida y valiosa (aunque si le da su raspón al presidente Zedillo).

Esto lo menciono porque el 2 de junio de este año habrá elecciones y parece que la autocrítica está ausente y cada equipo está listo para culpar a factores ajenos a su entorno, veamos los posibles escenarios.

A.- Escenario 1: Claudia Sheinbaum gana claramente.- En ese caso ¿Qué dirá el equipo de Xóchitl Gálvez? Creo que (1) acusará a AMLO de intervención indebida; (2) acusará a las autoridades de no detener a AMLO; (3) acusará a los partidos políticos de no haber ayudado a su campaña y preocuparse por ellos mismos; (4) acusará a la ganadora de exceso de gastos; (5) acusará a medios de comunicación de haber dado cobertura inequitativa y (6) acusará a las encuestas de haber generado un clima que desanimó a sus simpatizantes. No hablarán de errores internos (como no lo hizo Ricardo Anaya con una mala campaña) o al menos no serán estos los que explicarán la derrota.

B.- Escenario 2: Claudia Gana en una elección cerrada: En este caso, los puntos 1 a 3 anteriores se volverán más intensos y el tema de las encuestas dependerá de la participación: si ésta es baja se culpará a las encuestas, si no, a las encuestas se les culpará de haber medido mal (sin considerar cambios de última hora ni movilizaciones que las encuestas no pueden medir) pero no se les podrá acusar de inhibición del voto.

Pero en el equipo de Claudia, a pesar de haber ganado, habrá acusaciones a operadores, estrategas e incluso a gobiernos locales por haber perdido una gran ventaja inicial y permitir el crecimiento de la oposición.

C.- Xóchitl Gálvez gana por cualquier ventaja.- Este escenario 3 generaría libros e infinidad de textos para explicarla, en el grupo de la 4T: (1) habrá acusaciones de fraude y se usarán evidencias particulares para generalizar, así que las autoridades electorales serán culpadas primero; (2) culparán a los estrategas; (3) se culpará a los medios de comunicación por publicar críticas en el gobierno de López Obrador y no destacar los logros; (4) se culpará a las candidaturas locales de no haber hecho su trabajo; (5) se culpará a los gobiernos locales por sus bajas evaluaciones que motivarían votos de castigo; (6) se acusarán entre ellos de traiciones y (7) se culpará a las encuestas por haberle dado información errónea para diseñar su estrategia.

En ninguno de los casos veo ganas de hacer una autocrítica y veo muchas ganas de culpar a las encuestas; a pesar de que se insista y se insista y se repita hasta el cansancio que éstas no “atinan”, sino generan probabilidades, aún habrá quien las califique por quien “atinó” como si fuera una especie de “lotería”; hoy el escenario 1 es el que más probabilidades tiene de ocurrir según las encuestas, pero aun ocurriendo querrán acusarlas por la difusión masiva que se ha hecho de ellas, tanto de las profesionales como de las “espontáneas”.