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A 500 años de la matanza del Templo Mayor

EnriqueOrtiz

Enrique Ortiz GarcíaTlahtoani Cuauhtemoc

Cuando la ceremonia inició, la nobleza y los grandes capitanes de guerra mexicas se reunieron en la explanada del recinto ceremonial de Tenochtitlán realizando danzas multitudinarias y cantos

Entre el 20 y 22 de mayo de 1520, siendo más probable que se trate de la primera fecha, se realizó una de las acciones más violentas perpetradas por los conquistadores dirigidos por Hernán Cortes, la matanza de Tóxcatl o también conocida como del Templo Mayor.

Todo empezó cuando a inicios de mayo la flota de Pánfilo de Narváez, compuesta por 18 barcos, alrededor de 800 hombres, 80 caballos y entre 10 y 12 piezas de artillería llegaron a los arenales de Chalchihuecan ubicados frente a la Isla de Sacrificios.

Narváez había sido enviado por el gobernador de Isla Fernandina, Diego Velázquez de Cuellar para aprehender a Cortés, si era posible por una vía pacífica, sino se le capturaría a través de la fuerza, incluso si era necesario en batalla.

Cortés recibió esta información por medio de los mensajeros del alguacil mayor de la Villa Rica de Veracruz, Gonzalo de Sandoval, por lo que el conquistador de inmediato convocó sus fuerzas en Tlaxcallan para enfrentar esta amenaza. También supo de la presencia de esta flota gracias a los mensajeros de Motecuhzoma Xocoyotzin, quien le avisaron al gobernante que “habían llegado amigos de los teules a la costa”.

El emperador mexica compartió esta información con los españoles con la intención de presionarlos para que abandonaran sus dominios pues los recién llegados tenían 18 embarcaciones que podían ser utilizadas para que regresaran a Cuba, el impedimento que usaba Cortés como argumento para justificar su larga estancia en Tenochtitlán.

Meses previos Cortés había enviado contingentes de españoles a diversas regiones dominadas por la Triple Alianza, como Coatzacoalcos, Zacatula, Chinantla, estas últimas con el propósito que encontraran las minas, las vetas, de donde extraían el oro que se tributaba a la Triple Alianza.

De acuerdo a las órdenes de Hernán, Pedro de Alvarado se quedaría en Tenochtitlán al mando de 70 hombres inicialmente (entre los que estaban 14 escopeteros y 8 ballesteros), cantidad que rondaría los 130 hombres cuando se realizaría la matanza de Tóxcatl. Su principal tarea era vigilar al tlahtoani cautivo, Motecuhzoma Xocoyotzin, quien acompañaba a los españoles como “un huésped de honor” desde noviembre de 1519 en el palacio de Axayácatl.

Cinco caballos de los 16 que transportaba originalmente la expedición de Cortés también se quedaron en Tenochtitlán por si se daba algún ataque por parte de los mexicas. Nacido en Badajoz, Extremadura en 1485, el mismo año que nació Cortés, Pedro de Alvarado era apodad por los nahuas Tonatiuh, haciendo alusión al color rubio-rojizo de su cabello y barba, así como a sus dotes como guerrero.

Pedro de Alvarado por Humberto Garavito. (1925)

 

El 10 de mayo Cortés parte a Tlaxcala donde se encontraría con Juan Velázquez de León y otros capitanes con sus respectivos hombres para después partir hacia la costa y enfrentar a Narváez. Durante este conflicto, el extremeño demostró sus dotes para la intimidación, la diplomacia, así como para comprar voluntades con las grandes riquezas que habían conseguido en Tenochtitlán.

De esta forma cuando se dio la escaramuza entre las dos fuerzas españolas la noche del 27 de mayo de 1520, el ejército de Narváez se encontraba fragmentando, muchos de sus hombres se negaron a pelear por lo que la victoria la obtuvo Cortés.

¿Qué sucedía mientras tanto en Tenochtitlán?

Los mexicas se preparaban para una de las ceremonias religiosas más importantes del año, la de Tóxcatl dedicada a Tezcatlipoca, uno de las deidades más importantes del panteón mexica, y para la deidad patronal de Tenochtitlán: Huitzilopochtli. Tóxcatl significa “cosa seca, sequedad” en náhuatl.

Durante esta ceremonia se realizaban representaciones de ambas deidades hechas de amaranto con miel de agave, aunque algunos cronistas comentan que se usaba sangre humana como aglutinante, para ser expuestas durante procesiones en las cuales danzaban y cantaban miles de personas, principalmente miembros de la nobleza, guerreros de renombre, y funcionarios estatales.

Finalmente las figuras de amaranto eran repartidas entre los participantes y los habitantes de Tenochtitlán para ser consumidas ritualmente. También se realizaba el sacrificio de un joven esclavo que fuera sumamente bello, sin marcas, así como también que supiera danzar, cantar y tocar instrumentos de viento como flautas y silbatos. Por un año el joven encarnaría a Tezcatlipoca, sería tratado como un dios viviente reverenciado incluso por el mismo huey tlahtoani de Tenochtitlán.

Se le proporcionaría la mejor vestimenta, las más finas tilmas y tocados, la mejor comida, así como hermosas mujeres que serían sus concubinas y que también representaban deidades femeninas como Atlatonan, Huixtocíhuatl, Xochiquetzal y Xilonen. Desde la mañana hasta la noche el joven era escoltado por 12 acompañantes para evitar que escapara y para cumplir sus deseos y requerimientos.

Por las noches el dios viviente tocaría su flauta al caminar por las solitarias calles de la capital mexica con el propósito de hacer saber que un dios caminaba entre los mortales protegiendo a la población y a la capital mexica. Al concluirse el año, el joven subía a un templo para ofrecer su pecho para que le extrajeran el corazón, no sin antes haber roto cada una de las flautas que tocó mientras subía las escalinatas del adoratorio.

La ceremonia representaba la fragilidad del amor, lo efímero de la belleza y la vida, así como la rapidez con que se desvanece la grandeza. Este era el momento cumbre de la festividad que se extendía del 17 de mayo al 25 de junio en el recinto ceremonial de Tenochtitlán.

Tezcatlipoca en el códice Borgia.

 

Los mexicas realizaron los preparativos necesarios para esta ceremonia los cuales alarmaron a Pedro de Alvarado y a su tropa. Por ejemplo vieron estacas clavadas al piso y una muy grande enfrente del Templo Mayor, así como “toldillos” encima de algunos adoratorios.

Los tlaxcaltecas, quienes guardaban un amargo odio a los mexicas, empezaron a conspirar para crear un ataque por parte de los españoles. Le decían al Tonatiuh Alvarado y a otros capitanes que estaban preparando un ataque para capturarlos y después derrotarlos.

El conquistador Álvaro López diría después haber escuchado a los indios decir que se preparaban para comer a los españoles con ajo, por esa razón observaban que muchas mujeres preparaban comida en una gran cantidad de “cacharros”.
Posiblemente esta fue la razón que desencadenó el ataque, aunque también existe la posibilidad que la avaricia fue lo que motivo el ataque y la matanza. Recordemos que Tóxcatl era una fiesta donde participaba principalmente la nobleza tenochca. Danzaban y cantaban vistiendo sus mejores tilmas y tocados, así como collares, orejeras, bezotes y muchas piezas que podían ser hecho de oro, jade, piedra verde, ámbar y plata.

Otra motivación para romper la frágil alianza que existía entre los españoles y mexicas posiblemente fue impedir que realizara un sacrificio humano, lo cual ofendía terriblemente a los europeos ya que una de sus prioridades era evangelizar a los naturales y alejarlos de los caminos erráticos del paganismo.

Antes de partir Cortés había permitido que continuaran los rituales y fiestas de los tenochcas pero con la condición que no se realizaran sacrificios humanos. Esto se lo recalcó a Motecuhzoma, a los nobles capturados y al propio Alvarado. Talvez la única razón por la que se realizó esta matanza se debe al temperamento nervioso, agresivo e incluso hiperactivo del propio Tonatiuh, así como imitar las acciones del propio Cortés cuando mandó a sus hombres a realizar la masacre de Cholula con el fin de impedir una supuesta emboscada e intimidar a los nativos haciendo una demostración violenta.

Posiblemente fue un arranque de furia y de avaricia del capitán que no fue planeado con antelación, posiblemente no resistió el nerviosismo y la presión de encontrarse en una ciudad rodeado de nativos acompañado solamente de 130 españoles. De una u otra forma, los españoles capturaron a tres indígenas, quienes iban rapados.

De inmediato los llevaron al palacio de Axayácatl donde los torturaron para que confesaran que era lo que estaba sucediendo. Contaron con la ayuda de un traductor indígena poco conocido de la conquista, Francisquillo. Se les torturó colocándoles leños al rojo vivo sobre el abdomen para que confesaran si se preparaba un ataque. Debido a la larga sesión de tortura estos cautivos murieron a causa de las heridas aunque existe otra versión que los arrojaron moribundos desde la azotea del palacio.

La masacre de Templo Mayor por Jean Charlot. Antiguo Colegio de San Ildefonso. (1922)

 

Cuando la ceremonia inició, la nobleza y los grandes capitanes de guerra mexicas se reunieron en la explanada del recinto ceremonial de Tenochtitlán realizando danzas multitudinarias y cantos.

La multitud, en la cual participaban hombres, mujeres y niños, portaban sus mejores prendas y tocados para la fiesta religiosa sin embargo ninguno iba armado. Los mexicas observaron como los españoles vestidos para la guerra y portando sus armas llegaron al recinto ceremonial, rodeando el perímetro del centro sagrado, cerrando accesos, sin embargo no le prestaron importancia ya que se encontraban en el éxtasis colectivo de una danza de cientos o miles de personas. Alvarado había dividido sus hombres en dos grupos, 60 permanecerían cuidando a Motecuhzoma y otros 60 participarían en el ataque. Al grito del capitán empezó la matanza, en la cual también participaron aliados totonacas y tlaxcaltecas.

La descripción de Fray Bernardino de Sahagún es clara, con lujo de detalles: “ cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales: dieron un tajo al que estaba tañendo: le cortaron ambos brazos. Lo decapitaron: lejos fue a caer su cabeza cercenada. Al momento todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren.

A algunos les acometieron por detrás: inmediatamente cayeron por tierra disparadas su entrañas. A otros les desgarraron la cabeza, les rebanaron la cabeza, enteramente hechas trizas quedó su cabeza. Por a otros les dieron tajos en los hombros.

A aquéllos hieren en los muslos, a estos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra.” Todos habían sido tomados por sorpresa durante sus danzas y cánticos. Un sacerdote trató de organizar la resistencia sin embargo poco podían hacer al defenderse con baquetas, palos de abeto y conchas.

Los mexicas que se encontraban fuera del recinto ceremonial al percatarse del ataque hicieron sonar las caracolas, los tambores, llamando a sus vecinos a la defensa. Los españoles al terminar con la masacre, y al percatarse que empezaban a llegar contingentes de guerreros desde las calles se retiraron al palacio de Axayácatl solamente para verse sitiados.

Su única esperanza para salir vivos de Tenochtitlán dependía de Cortés, que hubiera salido victorioso frente a Pánfilo de Narváez y que apresurara el paso para romper el sitio al que estaban sometidos los hombres de Alvarado. Para su fortuna, el extremeño entraría a la capital mexica el 24 de junio de 1520 encabezando entre 1200 y 1300 españoles, más varios miles de indígenas aliados.

Para su mala fortuna, perdería su considerable “ejército” días después en la batalla de la Noche Triste, pero esa es otra historia.

Enrique Ortiz García
Divulgador cultural
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