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Hace unos meses, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, era considerado “el rockstar de la 4T”. Hoy encara la crítica, el desacuerdo, la confrontación y la desconfianza de gobiernos estatales y de ciudadanos inconformes.

Para algunos es un cartucho quemado.

Es considerado el responsable (no el culpable) de los más de 50 mil muertos y casi 500 mil contagiados que la pandemia de Covid-19 ha cobrado hasta el momento en México. Responsable de la falta de pruebas, el subregistro de víctimas fatales y de no adoptar desde el inicio el cubrebocas para evitar más contagios.

Nos queda claro. Él no es el único que determina lo que hace el Gobierno Federal para auxiliar y orientar a la población, pero es muy cercano al Consejo de Salubridad General. Aplica y defiende sus decisiones.

Al principio inspiró respeto y admiración. Como vocero, ha aparecido todas las noches en la tele y al día siguiente en las primeras planas. Conocimos de su vida y de su encargo.

Con el tiempo su imagen se desmoronó. De la explicación didáctica y sencilla se fue a lo político. Intentó convencernos de lo que no veíamos.

Avanzó la pandemia y aventuró escenarios y plazos que no se cumplieron. Mientras, el número de contagiados y muertos aumentó.

En los primeros meses de este año nos horrorizamos con lo que sucedía en otras partes del mundo. Las escenas eran escalofriantes, aunque las sentíamos lejanas. Nos resistíamos a vernos en ese espejo.

Pero la realidad nos alcanzó. Meses después la simpatía hacia el subsecretario se convirtió en animadversión.

Hoy intenta, sin éxito, hacernos creer qué las decisiones que se han tomado son las correctas. Enfrenta el enojo y la desaprobación por los semáforos que permiten, limitan o cancelan las actividades personales, escolares y laborales. No hay clases presenciales, se pierden empleos y desaparecen empresas. Nuestra vida está trastocada.

Gobiernos panistas piden su renuncia, la jefa de gobierno de la Ciudad de México y los gobernadores de Puebla, Baja California y Tabasco, de Morena, han tenido desacuerdos públicos con él. El gobernador de Jalisco, de Movimiento Ciudadano, lo acusa de estar haciendo un uso político del semáforo epidemiológico. Los gobernadores no aceptan que siga decidiendo por ellos.

¿Hasta cuando lo seguirá apoyando el presidente López Obrador? ¿Hasta cuándo le será útil? ¿En qué momento lo verá como un lastre y lo sacrificará?

Lamentablemente, no se trata solo del subsecretario y de su futuro político.

Tras las cifras que da a conocer noche a noche hay historias y tragedias humanas. Familiares, amigos o conocidos que fallecieron. Planes truncados, viudas e hijos huérfanos. Mexicanos a quienes la vida ya les cambió y nada volverá a ser igual.

En la escala de responsabilidades unos tienen más que otros. Y entre ellos destaca el dr. Hugo López-Gatell, quien esta semana no lució un buen semblante.

Alguien tiene que pagar los platos rotos. Pasará a la historia como el artífice que carga en su espalda, en su prestigio profesional y, quizás en su conciencia, la muerte de 50 mil mexicanos. Y los que faltan. Porque la pandemia aún no se controla ni se termina. Y ya nos dijo el propio subsecretario que esto podría seguir hasta marzo del próximo año. Bueno como también nos ha dicho otras cosas que no se han cumplido.

Monitor Republicano

En otros tiempos, renunciaría por motivos de salud y se iría de embajador al extranjero.

Por Amador Narcia

Texto publicado previamente en El Universal