
Vivir despacio, un poema del reportero y escritor, Leonardo Ferrera
Admiro
a quien no huye
de la lluvia,
sino que camina
despacio,
dejando que cada
gota del cielo
le acaricie el rostro
y el alma.
Celebro
a quien no convierte
la prisa en su morada
y, bajo la sombra
de un árbol,
deja que el canto
de un pájaro
le recuerde la belleza
de estar vivo.
Honro
a quien, al encontrar
un perro sin hogar,
desvía por un instante
sus pasos
para regalarle alimento
y el lenguaje silencioso
de una caricia.
Enaltezco
a quien conserva
intacta
la capacidad
de asombro
ante cada nota
que despierta
una melodía,
y cada verso
de una poesía
que ilumina
el alma.
Respeto
a quien no espera
un mañana mejor,
sino que descubre
que la riqueza
de la vida
habita en el ahora:
un abrazo,
un amanecer,
una flor,
una sonrisa
o la luz
de una estrella.