
Tras la detención de Ernesto Ruffo, el doctor César Velasco respaldó al exgobernador al destacar su integridad, trayectoria política y compromiso con la democracia
La detención de Ernesto Ruffo me tiene muy afectado. Soy amigo de “Tito” hace más de 15 años; hemos compartido vinos en Ensenada (su casa) y el Valle de Guadalupe, golf en muchos campos distintos del país, conversaciones interesantísimas acerca de la democracia, del orden constitucional, del amor por México y de cómo llevar la justicia y la democracia a todos los mexicanos.
Ernesto Ruffo es un personaje histórico fundamental de la democracia mexicana: es el primer gobernador de la historia del país impulsado por un partido de la oposición.
Bajo su gobierno estatal, se ejecutó el asesinato de Luis Donald Colosio y el gobierno priista de Salinas de Gortari lo quiso hacer responsable de ese terrible homicidio. Ernesto no lo permitió, se mantuvo firme y demostró la total inocencia de él y su gobierno. Ha sido presidente municipal de Ensenada, gobernador de Baja California, diputado federal en dos ocasiones y senador por la República en una más.
Siempre tratando de mejorar las instituciones y procedimientos democráticos que merecen México y sus ciudadanos. Hace unos años, dedicamos unas semanas de vacaciones de Navidad en Ixtapa a diseñar los mecanismos que permitieran lograr la posibilidad de que candidatos ciudadanos pudieran acceder a puestos de representación popular.
Buena parte de esas reflexiones se han utilizado como parte de las propuestas de Somos México, del cual hoy es miembro, tras haberse rendido ante la falta de democracia interna del PAN, al que consideraba su casa política y del que se sentía profundamente orgulloso de ser un destacado militante, siempre crítico y firme, pero sin estridencias y faltas de respeto.
He estado en su casa en Ensenada más de una vez y se sorprenderían de su sencillez y frugalidad. He caminado por las calles de Ensenada, con la única seguridad de su buen nombre y de los resultados de sus responsabilidades democráticas en la misma Ensenada y el Estado de Baja California.
En esas caminatas nunca nadie se acercó a insultarlo, reclamarle o amenazarlo. Quienes se acercaban lo hacían solamente para saludarle y expresarle su admiración y agradecimiento, y Tito, en lugar de engrandecerse, saludaba a todos ellos, saludándolos de mano y viéndoles a los ojos, con absoluta humildad y afecto.
Ernesto nunca faltó a su convicción de la decencia y la responsabilidad del manejo de recursos públicos y la corrupción del conflicto de intereses. Les puedo asegurar que es un hombre decente, digno, discreto y comprometido con su deber democrático, en los últimos años desde el abrigo de la ciudadanía.
Estoy terriblemente triste, enojado, frustrado, pero no sorprendido de que este gobierno lo haya “elegido” para difamarlo, lastimarlo y humillarlo, intentando “igualarlo” a todos esos gobernadores del oficialismo acusados, con pruebas fehacientes de delitos graves. No se confundan. No se equivoquen, Tito es alguien con una resiliencia y una honestidad a toda prueba y quienes le conocemos y admiramos estaremos con él y para él en este momento tan difícil para él, su familia y sus amigos.
Dr. César Velasco