Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Morir en viernes santo

Morir en viernes santo - Foto de Ana Paula Cámara
Foto de Ana Paula Cámara

Era un viernes santo, habíamos tenido una semana santa en relativa tranquilidad, al parecer los malandros aún recuerdan el catecismo

Era un viernes santo, habíamos tenido una semana santa en relativa tranquilidad, al parecer los malandros aún recuerdan sus sábados de catecismo y lo que les enseñaban sobre respetar los días santos.

Los hechos delictivos bajan de manera impresionante en ésta temporada. La ciudad se encontraba en cierta calma, el tráfico era menor y, por ende, el estrés de los habitantes tenía niveles más tolerables.

Se había hecho un rol de lavado para las camionetas. Somos lo que el gobierno olvida que está en el organigrama, más nos exige una imagen impecable, la imagen del personal lo es todo cuando se quiere justificar la indiferencia institucional.

Sonó el Matra, la chica de la radiofrecuencia nos dio las coordenadas para acudir a una escena de crimen de tres masculinos, el GPS no era certero.

En ocasiones hay que apelar a la memoria geográfica y al sentido común para tener acceso a lugares donde la planeación urbana ni siquiera llega a ser señalada como deficiente; simplemente no existe, las personas al verse en la necesidad de tener un hogar, fincan en lugares que no son adecuados y ésta no era la excepción.

Un recorrido que debió ser de doce minutos con todas las luces en verde y la precaución como prioridad, terminamos realizándolo en veinticuatro minutos.

Al arribar, estaba lleno de curiosos, que no solo obstruyen la vía de acceso, también contaminan el área y hacen imposible el procesar una escena de crimen con todos los protocolos que se requieren y que harán se genere más de una línea de investigación que lleve a encontrar un culpable.

Adultos que llevan a niños a presenciar la barbarie, la mayor bajeza del ser humano, un homicidio se convierte en la actividad familiar de sobremesa. Niños que han perdido la capacidad de asombro y tienen la violencia tan normalizada, que da miedo.

A primera impresión tres masculinos, uno decúbito central con exposición de masa encefálica, heridas visibles por proyectil de arma de fuego en extremidades superiores, el segundo desprendimiento de extremidad superior derecha al al parecer por proyectil de arma de fuego calibre alto, exposición de masa encefálica.

Ninguno presenta signos vitales, hay un tercero a escasos cuatro metros de donde se ubican las primeras víctimas, masculino de aproximadamente 25-30 años, flujo hemático continuo en arteria femoral derecha, impacto visible por arma de fuego en arcos costales izquierdos, presenta signos vitales, es prioritario se acerquen los servicios médicos.

Bajamos el equipo, previamente cerramos de manera adecuada la camioneta, algunos amantes de lo ajeno han provocado que nuestro sueldo se vea mermado al tener que cubrir el costo de algunos elementos del equipo porque alguien lo tomó sin permiso o necesidad.

Debemos procesar la escena de crimen, mi compañero delimita el área, coloca la cinta amarilla en un rango de 50 metros, la cinta roja a 15 metros de la escena de crimen, se debe tener espacio para hacer una correcta fijación, cubrir todos los ángulos.

Instalo el tripié, me dispongo a fotografiar de manera panorámica, es una de las partes más importantes, la zona y las personas que aparecen en las fotografías nos dirán más de lo que pudieran hablar, análisis de la conducta en su máxima expresión.

No han pasado ni seis minutos desde que llegamos, la zona está a resguardo por policía municipal, cuando empieza a generarse una psicosis colectiva, “los sicarios”, los autores de este crimen, han regresado a terminar su trabajo con el masculino que aún presenta signos vitales.

Nos debemos poner a salvo, los curiosos se esfuman, nosotros nos quedamos a la deriva, debemos evitar convertirnos en una nueva escena de crimen, tomamos el equipo y la única vía de acceso que nos sacará de ahí, las calles son irregulares, las casas tienen una altura irregular que permite el fácil acceso a los techos, subimos cargando la primer azotea.

La adrenalina es en ese momento nuestra mejor amiga, lo que hará que nos pongamos a salvo, brincamos varias bardas y subimos algunas azoteas, hasta que llegamos a una zona donde nos supimos seguros, mientras intentaba recuperar el ritmo de mi respiración y trataba de entender lo que acababa de suceder, tomé en cuenta que mi pierna izquierda se sentía mojada, con el viento en una zona tan alta de la ciudad, sentía la pierna con cierto frescor.

Al voltear la mirada hacia mi pierna, mi pantalón táctico color caqui tenía un color guinda, me había hecho una herida en la parte interna del miembro inferior izquierdo, un vidrio en una barda estaba incrustado, el hemático fluía profusamente, más estaba viva.

Mi viernes santo terminaba con tres puntos internos de sutura quirúrgica en mi rodilla, la vida intacta y el recordatorio de dejar de fumar para tener una mejor condición física.

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