Los tres grandes desafíos de la presidencia de AMLO: Zovatto

Foto de AFP/Ronaldo Schemidt
Foto de AFP/Ronaldo Schemidt

Durante el largo período de transición el virtual presidente electo deberá garantizar una transición ordenada


El pasado domingo 1 de julio, más de 89 millones de ciudadanos fueron convocados a las urnas para participar en la elección más grande de su historia: la Presidencia, el 100% de la Cámara de Diputados y del Senado, el 84% de los congresos locales, el 86% de los diputados locales y el 66% de las alcaldías del país.

Fue un proceso electoral bien organizado, que transcurrió con normalidad (salvo algunos incidentes), con un nivel de participación del 63.42%, y cuya nota negativa más significativa fue el alto nivel de violencia política. Durante la campaña, más de 145 políticos fueron asesinados (48 eran candidatos a nivel local), la mayoría en manos del crimen organizado y el narcotráfico.

Igualmente histórica fue la cantidad de poder político que cambió de manos. El Movimiento de Regeneración Nacional –Morena– (fundado en 2014) y sus aliados (PT PES) conquistaron no solo la Presidencia, sino también cómodas mayorías en ambas Cámaras del Congreso, 4 de las 8 gobernaciones que estaban en juego (Morelos, Chiapas, Tabasco y Veracruz), la Jefatura de Gobierno de la ciudad de México, y numerosos puestos a nivel local. Andrés Manuel López Obrador, obtuvo un contundente 53.19% (30 millones de votos, lo que lo convierte en el Presidente más votado de la historia mexicana), una ventaja de 31 puntos sobre el segundo lugar, Ricardo Anaya (22.27%) líder de la coalición encabezada por el PAN, y de 37 puntos sobre el tercer lugar, Jose Antonio Meade (16,40%), candidato de la coalición liderada por el oficialista PRI.

Foto de @PresidenciaMX

Estos resultados provocaron un verdadero tsunami político, del cual emergió un México políticamente distinto del que conocíamos hasta ahora. Los tres principales partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD, sufrieron una derrota aplastante, y Morena (fundada hace tan solo 4 años) queda posicionada como la principal fuerza política en este nuevo escenario.

Las razones detrás del triunfo de AMLO. Por un lado, el bajo nivel de aprobación (20%) del presidente Peña Nieto debido a los mediocres resultados económicos de sus reformas estructurales, aunado a los altos niveles de inseguridad (29000 homicidios en 2017), y la obscena corrupción e impunidad consecuencia de un “sistema de justicia incapaz de hacer justicia. Por el otro, un contexto socio-económico complejo: casi 50 % de pobreza y elevada desigualdad, junto a un bajísimo nivel de satisfacción con la democracia (18%), un igualmente bajo y declinante nivel de apoyo a la misma (38%), y la debilidad y desprestigio de los partidos tradicionales. A ello debemos agregar la tenacidad de AMLO (fue la 3 vez consecutiva que buscó la presidencia), su integridad y, sobre todo, el ser el candidato que tuvo la lectura más lúcida de la especial coyuntura que vive México, el malestar con los partidos tradicionales, la corrupción y la inseguridad.

Los desafíos de AMLO. AMLO tiene grandes desafíos por delante. Durante el largo período de transición de 5 meses que va del 2 de julio al 30 de noviembre, y en su condición de presidente electo, deberá garantizar una transición ordenada, transmitiendo certidumbre y confianza a los actores políticos, a los grupos empresariales e inversionistas extranjeros y a la ciudadanía que no le votó.

Los primeros mensajes de AMLO han apuntado en esta dirección. El pragmatismo también estuvo presente durante su reunión con el Presidente Peña Nieto, el pasado martes, y con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) -uno de los actores más críticos durante la campaña y que ahora le han manifestado su apoyo-, ante quienes reafirmó su compromiso de respetar la autonomía del Banco de México, defender la libertad de empresa, no expropiar ni aumentar impuestos, no incurrir en mayores niveles de endeudamiento y ser responsable en el terreno fiscal. Los mercados financieros, intranquilos de previo a la jornada electoral, por el momento han reaccionado sin sobresaltos.

Por su parte, a partir del primero de diciembre, y ya en ejercicio de la presidencia, AMLO tendrá tres desafíos principales. Primero, traducir su discurso de reconciliación y respeto por las prácticas democráticas en hechos concretos. En sus primeros discursos, López Obrador ha reafirmado su compromiso de gobernar de manera democrática, respetar las libertades civiles y políticas así como la división de poderes.

El segundo reto consiste en manejar las elevadas expectativas que se generaron con su elección y demostrar que tiene un plan realista para cumplir sus promesas de campaña. AMLO deberá gobernar con eficacia, llevando a cabo los profundos cambios prometidos pero sin generar demasiadas disrupciones, con el objetivo de aumentar los niveles de crecimiento económico (hoy estancados en torno al 2.2%), reducir la pobreza, disminuir la desigualdad, generar empleo de calidad, y combatir frontalmente los obscenos niveles de corrupción, inseguridad e impunidad. De lo contrario, así como el malestar actual se convirtió en enojo y en un claro voto de castigo, la esperanza que AMLO ha sabido despertar en un sector mayoritario de la ciudadanía podría rápidamente transformarse en una peligrosa frustración que le termine pasando factura en las elecciones legislativas de medio período de 2021.

El tercer reto –de carácter internacional- pasa por lograr una relación lo más madura y respetuosa posible con el presidente Trump (tarea nada fácil por cierto), en especial en relación con el sensible tema migratorio, la renegociación del TLC y la construcción del muro entre ambos países.

 

Reflexión final

La compleja coyuntura mexicana descrita más arriba, permite entender no solo el estado de malestar y hartazgo ciudadano que rodeó a este proceso sino, también, por qué en esta elección el enojo y el hartazgo (con los partidos tradicionales y las élites) le ganó al miedo de elegir un candidato anti-establishment, carismático y populista como López Obrador.

La victoria aplastante de AMLO abre oportunidades inéditas pero también grandes incertidumbres para México. ¿Es AMLO el Chávez mexicano como pretenden presentarlo sus detractores? ¿Existe riesgo de que México se convierta en una nueva Venezuela? En mi opinión, ninguna. Una vez instalado en el poder (como ya lo ha venido haciendo desde la noche misma de las elecciones), AMLO adoptará una posición más pragmática, moderará sus propuestas de campaña y se moverá al centro político. Esto no quiere decir que haya renunciado a llevar a cabo los cambios profundos prometidos. Estoy convencido de que sí lo intentará. Pero si desea tener éxito en su prometida “cuarta transformación”, sus principales referentes deberá buscarlos no en el desprestigiado chavismo sino en las izquierdas moderadas y exitosas de Uruguay (Mujica y Vásquez) y Chile (Lagos y Bachelet).

La noche del domingo 1 de julio, AMLO confesó públicamente que su mayor ambición era pasar a la historia como un “buen presidente” y que no les fallaría. A partir del 1 de diciembre, 127 millones de mexicanos estarán atentos (y ojalá exigentes) a que López Obrador cumpla con su palabra.

Por Daniel Zovatto, en Estrategias y Negocios

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  1. Foto de The Monitor

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