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Los Facilitadores, por Max Kaiser
Los Facilitadores. Ilustración por Marco Colín

Eso es un amigo que ve a otro hundirse y no dice nada. Así se le puede decir a un amigo que ayuda a otro a construir argumentos para justificar la destrucción de su vida. “Tómate una más, te va a servir para relajarte, yo te acompaño y así olvidamos juntos todos nuestros problemas”. Es el amigo cobarde que prefiere ver la destrucción del ser querido, antes que decirle la verdad y acompañarlo a corregir el rumbo. Un Facilitador no es el responsable de la tragedia, es el que ayuda a crear el contexto que la hace justificable, a los ojos del responsable.

Eso son las personas inteligentes de este país que no levantan la voz, con vehemencia y claridad, ante la tragedia que estamos viviendo. ¿Cuál? Les regalo unos ejemplos. Somos el país que más muertes ha permitido de trabajadores de la salud. El número uno del mundo, el peor de todos. Somos el cuarto país con más muertes totales, y eso, de las que ha reconocido oficialmente, porque en realidad somos el número dos, sólo debajo de Estados Unidos, con más de 200 mil muertes por COVID. Niños y mujeres con cáncer mueren y otros empeoran porque el gobierno destruyó el sistema de abastecimiento de medicinas, por soberbia e improvisación absoluta. 58% de las mujeres con cáncer que se atienden en el sector público no han recibido atención médica y tratamiento en lo que va de 2020. En 22 meses de gobierno van 65 mil homicidios impunes en todo el país. El inicio de sexenio más violento de la historia. Las fuerzas armadas están más presentes que nunca en tareas de seguridad, es decir, no sólo se renunció a la demanda de regresarlos a sus tareas tradicionales, sino que ahora, además, construyen cosas, transportan medicinas y gasolina, y administran puertos. Según CONEVAL, sólo en este año, se crearán más de 10 millones de pobres en el país por la crisis económica y los magros resultados de las políticas sociales. Se destruyeron millones de empleos formales e informales, y miles de empresas no volverán a ver la luz. Se crearon tres partidos satélite del partido en el poder, que nos costarán 600 millones de pesos el año que entra. Se trata de organizaciones abiertamente plegadas al gobierno, y creadas en torno a intereses sindicales y religiosos. El presidente maneja el presupuesto de egresos a su antojo y manipula la información que entrega a los órganos fiscalizadores. En 22 meses de gobierno no hay un solo caso de corrupción resuelto y sancionado. Ni una sola red de corrupción desarticulada o un solo peso realmente recuperado, y eso que se trataba sólo de darle una revisada al Mirreynato de Atlacomulco, el gobierno más corrupto de la historia (hasta 2018) y era la promesa de campaña más repetida.

Todo esto son apenas algunos ejemplos de la tragedia. Podría seguir por varios párrafos describiendo malas decisiones y sus consecuencias. Ni uno sólo de los ejemplos que describí son opinión mía, son hechos perfectamente comprobables, con datos duros que han sido reiteradamente expuestos en estos meses. Pero lo peor de todo, es que son ejemplos de las causas más vehementes que miles de mentes inteligentes de este país defendieron por años. Nada de lo antes narrado es nuevo. Todo tiene su raíz en las enormes carencias de los gobiernos anteriores. Por eso han sido causa de miles de personas y organizaciones, por años.

A miles de personas y cientos de organizaciones, no había cómo callarlos con cada homicidio que se presentaba en este país. Los contaban como si de eso dependiera frenar la violencia, y los exponían todos los días, por todas las plataformas posibles. Esas mismas personas y organizaciones gritaban en las calles sobre la militarización del país y exigían una solución civil a la inseguridad. Cientos de organizaciones en este país defendían a capa y espada la debida utilización de los recursos públicos en el sector salud, y se atrevían a decirle asesino a cualquier político que fuera negligente en la administración de una institución de salud pública. Cientos de personas y organizaciones en este país han creado las mejores herramientas para medir la pobreza, reconocer sus causas, evaluar los programas sociales y proponer políticas públicas que funcionen, además de exponer aquellas que son ineficaces y generan riesgos de corrupción. Pocos sectores son más capaces que éstos para entender cuando una política social es un auténtico fraude político electoral, que sólo genera clientelas para políticos tramposos. Su ojo clínico no tiene paralelo. Durante décadas aprendieron a identificar el oportunismo, la corrupción y el desperdicio de recursos.

Hoy, cientos de esas mentes inteligentes y organizaciones de la sociedad civil callan vergonzosamente ante la evidente tragedia. Ante la evidencia contundente, prefieren voltear la mirada y callar. Peor aún, muchos de ellos se dedican a justificarla, con argumentos cada vez más ridículos y vergonzosos. Otros tantos, se dedican a hurgar en el pasado para tratar de encontrar justificaciones, que no causas, y motivos para desviar la atención. “Allá, volteen para allá, vean que feo está eso que sucedió hace 10 años”. Unos lo hacen por puro orgullo, otros, por el odio que guardan a los gobiernos anteriores, pero la mayoría, creo, lo hacen por simple cobardía. Miedo a ser catalogados como enemigos de un régimen que ayudaron a llegar. Miedo a un régimen que cataloga a sus críticos como enemigos, y los persigue como desleales.

Facilitadores de la tragedia, eso son. ¿Por qué? Porque permiten mantener la idea de que la frase “Yo tengo otros datos” es una posibilidad real. Permiten al gobierno escapar de la rendición de cuentas. Permiten al gobierno y su partido construir una salida, un escape, un motivo para no corregir. Son los que construyen ese lugar cómodo y confortable en donde el gobierno y su partido pueden evitar la responsabilidad. Son los que le dicen al amigo alcohólico “Échate otra, te lo mereces, yo te acompaño”.

Y así, se vuelven cómplices de la tragedia. No son los responsables, pero si son los facilitadores. Ojalá pronto encuentren el valor para levantar la voz, y así poder rescatar entre todos a este país que los necesita.