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José Ángel Gurría asegura que la invasión de Ucrania es un “autogol de Rusia”
Foto de EFE

Por José Ángel Gurría, exsecretario general de la OCDE

La invasión de Ucrania por Rusia tendrá efectos económicos que ya se dejan sentir en el mundo entero (más allá de los obvios problemas éticos, políticos y de gobernabilidad internacional). No sabemos qué pasará con el 12% de la producción mundial de petróleo, con el 18% de la de gas, y con el 6% de la de carbón, que se originan en Rusia. El precio del barril ya se duplicó en el último año, pero si se decide incluir a las empresas de energía rusas en el régimen de sanciones, el petróleo podría llegar a 150 dólares o más. Este escenario podría volverse inevitable ante una opinión pública mundial cada vez más adversa y la prolongación del conflicto. Todo dependerá de cómo termine la crisis: ocupación, guerra de desgaste, o una solución negociada que hoy parece improbable pero que, en los próximos meses, puede ser la salida. En todos los escenarios, Rusia queda aislada, cada vez más aislada.

Otro impacto es en el precio y la disponibilidad de alimentos, sobre todo de granos. La OCDE nos dice que Rusia y Ucrania juntas representan el 30% de las exportaciones globales de trigo, y 20% de las de maíz. Ucrania sola representa más de la mitad de las exportaciones globales de aceite de girasol. Una Rusia sancionada y una Ucrania ocupada tendrían consecuencias severas para el mercado de materias primas.

Hay además que considerar el abasto de metales: níquel, cobre, mineral de hierro, acero, aluminio, paladio, platino, uranio, titanio, y el amoniaco para fertilizantes. Todos, ante la amenaza de problemas de abasto, suben de precio o escasean.

Vale la pena mencionar que Rusia y Ucrania abastecen de partes a la industria de semiconductores, crucial para la industria en general, y cuya cadena de suministros ya estaba bajo intensa presión, aun antes de la invasión.

Pero si nos enfocamos en el mediano y largo plazos, se vuelve evidente que la invasión de Ucrania por parte de Rusia es un enorme error estratégico. Un verdadero autogol con consecuencias duraderas.

Rusia es “pequeña” en el contexto de la economía global. Representa poco más del 1% del PIB, del comercio y de las inversiones extranjeras globales. Depende sobre todo del comercio con Europa y la relación comercial y de inversiones con Estados Unidos es muy modesta. Una vez pasado el “shock” inicial, el occidente se ajustará y resolverá gradualmente sus problemas de abasto, aun a costa de alguna reducción temporal del crecimiento. La OTAN se reforzará, sobre todo en los bálticos, en Polonia, en Hungría, en Alemania, etc. Finlandia y Suecia seguramente estarán reconsiderando la conveniencia de permanecer “neutrales” en un vecindario tan hostil. Todo lo que Rusia quería evitar.

Rusia necesita al mundo mucho más de lo que el mundo necesita a Rusia. Las sanciones occidentales inevitablemente generarán pobreza, tensiones comerciales, económicas, financieras, sociales y políticas entre la población rusa, aunque no tengan esa intención.

Ello, a su vez, sucederá en un escenario de creciente inestabilidad en Rusia, en donde el occidente tratará de evitar el caso de un “Putin acorralado”, para evitar una tragedia de incalculables consecuencias, pero donde siempre esté claro el mensaje de “basta” por parte de occidente.

En lo económico, habrá consecuencias inevitables e inmediatas, pero serán superadas. En lo político y en el contexto internacional, encontrar ese punto medio, ese equilibrio, será crucial para la paz y la estabilidad mundiales.

Texto publicado anteriormente en Reforma.