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El Puente
Foto de Ana Paula Cámara

La noche había tenido solo dos salidas, la primera a un hospital a recoger un cadáver, que murió de insuficiencia cardíaca. La familia quería descartar negligencia médica, por lo que fue trasladado a las instalaciones del Servicio Médico Forense para que le realicen la autopsia legal y tener los fundamentos que requerían, ahí se acercaron únicamente los camilleros para realizar el traslado.

La segunda fue un tanto anecdótica, alguien había llamado a la línea de emergencia para reportar unos “huesos” que fueron aventados desde una camioneta en movimiento a un parque.

Nos acercamos a la segunda escena, se realizó el protocolo inicial, al arribar el antropólogo nos informa que los huesos son de un animal, así que alguien por ahí había tenido una comida bastante generosa, tal vez un asado norteño o una carne asada y quiso compartir con los perritos callejeros.

Faltaban escasos minutos para terminar un turno relativamente tranquilo, me enfoqué en abastecer los equipos con los suministros que se necesitaban, bolsas para cadáver, líquidos para detectar fluidos corporales, guantes de nitrilo, y se nos había terminado la cinta roja, el cielo tenía un tono azul intenso, el amanecer estaba entrando.

Sonó el Matra, se reportaba en la radiofrecuencia que de un puente pendía algo, no sabían a ciencia cierta qué era.

La chica de radio nos dió la indicación de acudir a la intersección de dos avenidas principales donde está un puente, pues habían colgado a una persona, también se convocó a los paramédicos para verificar signos vitales.

En un minuto estábamos saliendo del laboratorio, me iba ajustando el chaleco y atando las agujetas de manera ajustada, les puse un poco de agua en el nudo para evitar se desaten, eso no pintaba para nada como calma, y aún era nuestro turno.

Cuando llegamos a la zona, Policía Municipal tenía resguardada la escena, vialidad desviaba el tráfico, era un horario donde todos van a la escuela o trabajo, el llamado rush matutino.

Los mirones no faltaban, son personas que ponen en riesgo su integridad física y mental, así como la de los demás por ver qué sucede, por alimentar el morbo (explicar a detalle el morbo).

La prensa había llegado, intentaban tomar el mejor de los ángulos, se amontonan, se avientan entre ellos. Tantos años y me sigue sorprendiendo el poco respeto que tienen por las víctimas.

Subimos por un extremo del puente, que había sigo cerrado a la circulación en ambos sentidos y el tráfico era desviado a vías alternas, la adrenalina subía por mis piernas, la podía sentir, me sudaban las manos bajo los guantes.

No era miedo, era terror, pues no sabía si éramos el blanco de alguien a distancia, que nos había colocado en ese justo punto, a esa altura con todo el entorno despejado no había punto de error.

Nos acercamos más a la escena de crimen y de la baranda pendía un alambre atado de manera que no podría soltarse, lo hizo alguien que traía unas pinzas y conocía su manejo, debieron ser tres personas, una para atar y dos para sostener el cuerpo, evitando cayera.

La extremidad cefálica estaba cubierta con cinta adhesiva de color café, el cuerpo desnudo mostraba señales de tortura física extrema, debió sufrir mucho dolor, las extremidades superiores atadas con un cordón a la espalda igual que las extremidades inferiores.

Un alambre rodeaba el cuello de un extremo y el otro estaba atado de manera para nada improvisada a la baranda del puente, tenía una cartulina grapada al dorso, advertía más violencia.

Y a mí el terror no se me pasaba.