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El Aguaje, paraíso del narcotráfico y pueblo fantasma que atrajo al nuncio apostólico
Vista de la visita del nuncio apostólico, Franco Coppola a Aguililla. Foto de EFE

El pueblo mexicano de El Aguaje, que el nuncio y representante del papa, Franco Coppola, visitó por su violencia, era líder nacional en cultivo de mariguana y ahora afronta el éxodo masivo de familias que ganaban fortunas al traficarla a Estados Unidos.

El Aguaje es el poblado más reconocido del municipio de Aguililla, en el occidental estado mexicano de Michoacán, y es famoso por “narcocorridos” que describen su historia de “pueblo narco”, aunque hoy apenas llega a los 300 habitantes de los 15.000 que había en la década de los 90.

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Vista de la visita del nuncio apostólico, Franco Coppola a Aguililla. Foto de EFE

En ese entonces, el pueblo era conocido como un “paraíso del narco” por las decenas de familias que construyeron ostentosas residencias, acompañadas de lujosas camionetas en sus puertas.

Juan, un joven cortador de limón que se niega a salir del poblado, cuenta a Efe que los enfrentamientos entre sicarios, con metrallas, granadas, drones con explosivos y hasta camiones “monstruo” (blindados con metal) han provocado un éxodo de más de 2 mil personas en los últimos meses.

Aquí cuando era la fiesta del pueblo o privadas, siempre había grupos musicales importantes como El Recodo, la Banda Machos, Los Yonics, Los Freddy’s, Los Muecas y otros importantes de la época, que incluso no llegaban a las ciudades más grandes de Michoacán”, expresa el hombre.

“Toda la fiesta la pagaba la marihuana y te impresionaba ver la cantidad de botellas de whisky y cognac Martell que se consumían como si fueran de cervezas. Incluso, los mezclaban hasta con refrescos de naranja”, añade Juan, quien pide no ser identificado con apellido.

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El nuncio apostólico, Franco Coppola, en Aguililla. Foto de Quadratín

Zona de guerra

A diferencia del siglo pasado, hoy El Aguaje y Aguililla viven una ola violenta por la guerra de los cárteles Jalisco Nueva Generación (CJNG) y de La Nueva Familia Michoacana.

Es esa violencia y el desplazamiento forzado de sus habitantes lo que llamó al nuncio de México a visitar Michoacán, uno de los seis estados con más homicidios dolosos.

Coppola, el primer ministro en su tipo que visita El Aguaje, pidió este viernes la “convesión” de los narcotraficantes para resarcir la violencia que ahora padece esa zona de Michoacán llamada Tierra Caliente.

La carretera estatal que une el municipio de Apatzingán con Aguililla por 7 kilómetros también sirve de avenida principal de El Aguaje, donde ahora lucen abandonadas casas de varios niveles, tipos y acabados como evidencia de una “zona de guerra” no reconocida por las autoridades.

La Banda Machos, un grupo de música regional mexicana que tuvo su mayor éxito en la década de los 90, interpreta la canción “Traficantes michoacanos”, considerada un himno al “pueblo narco” que era El Aguaje.

“Salen varias camionetas con rumbo a California de Aguililla y de El Aguaje, se van muy de madrugada. Y llevan un cargamento de goma (opio) y de hierba mala“, reza la letra.

Todos presumen escuadras (pistolas), y sus trocas (camionetas) muy bonitas se ven muy bien arregladas, con sus vidrios muy obscuros, para que no se vea nada”, añade.

Historia de violencia

Miguel Estrada García, cronista de Apatzingán, principal municipio de Tierra Caliente, explicó que el archivo histórico de esa zona de Michoacán revela que en los 70 hasta la casa más humilde contaba con “antena parabólica” para televisión vía satélite.

“Hace 50 años los habitantes de El Aguaje tenían una manera de distinguirse entre los demás de la Tierra Caliente y, aunque sus casas aparentemente eran humildes, tenían antena parabólica y camionetas tipo Cheyenne, lo cual combinaban con tres o cuatro cadenas y esclavas de oro”, precisa.

Estrada García detalló que pobladores de El Aguaje producían marihuana para ofrecerla a narcotraficantes como trueque para objetos o dinero.

“Los pobladores en las décadas de los 60 y 70 se metían a producir marihuana para cambiarla en costales por una máquina de coser para sus mamás, por un refrigerador, o hasta por armas y dinero. Todo llegaba en camiones que en minutos quedaban vacíos tras los trueques”, señala.

El cronista menciona que en los 50 y 60, el Ejército incluso detectó aviones tipo DC-3 para 21 pasajeros, que aterrizaban en pistas clandestinas en lo alto de montañas de la Sierra Madre Occidental para recoger paquetes de marihuana y goma de opio, para después transportarlos a Estados Unidos.

“Para 1965, las montañas de Coalcomán, Tumbiscatío, Arteaga y Aguililla, estaban invadidas de aeropistas clandestinas”, menciona.

Pero conforme han pasado los años, los narcotraficantes mexicanos han dejado de lado la marihuana para enfocarse en drogas duras que demandan en Estados Unidos.

“Ahora la marihuana tenía de vecina a la amapola, pues las condiciones climáticas propias de la Sierra Madre Occidental eran excelentes para este cultivo, así que también de pronto se disparó la alarma en la Oficina Internacional de Narcóticos en México y las presiones internacionales se dejaron sentir”, concluye Estrada.

Con información de EFE