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Empleados de comercios y hoteles trabajan en la protección de sus negocios hoy, en Cancún, en el estado de Quintana Roo. Foto de EFE/Alonso Cupul

Texto originalmente publicado en la revista Nexos. (Dé clic aquí)

Por Ángeles Mastretta

La brillante tierra del Caribe estará apagada. Se sabe que hoy a las once de la noche el mar, indiferente a los destrozos que puede hacer su ira, se estrellará contra las playas, las rocas, las casas de quienes viven en el norte de Quintana Roo. Para mí, los más queridos viven en Cozumel, Ahí están: esperando que el agua y el aire enloquezcan. Y habrá una luna mirando el espectáculo, una ensombrecida luna de octubre.

El mar es una cosa seria, saben los que viven junto a él. El mar es un amante impredecible: desconoce, abandona, lastima, pero brilla, acompaña, alimenta. El mar traga, roba, vomita. El mar abraza. El mar es un amante, y quienes lo aman entienden su locura y lo perdonan. Por eso no se fueron cuando llegó el aviso de su próxima cólera, por eso no lo dejarán después de padecerlo, por eso vuelven a empezar junto a él, recién acallado, la fiebre de vivir a su vera.

Mañana hemos de saber cuánto sufrieron. Hoy los acompañamos con todo el corazón.

La tenacidad como virtud, dice el himno que eso es Quintana Roo.