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De memoria: Angelete, el Grande…
Ángel Trinidad Ferreira y Carlos Ferreyra. Foto: Facebook.

Por: Carlos Ferreyra

Hay seres de los que cuesta mucho trabajo desprenderse. Y de hecho no se desea ni se pretende dejarlos en el olvido.

Destacadamente, con su hermano Carlos, ese ser iluminado, sonriente y siempre feliz y cordial, fue Ángel Trinidad Ferreira, dicho con sencillez, uno de mis paradigmas de mis puntos de referencia profesionales.

No éramos familiares, pero por cercanía en el oficio y por afecto con su hermano también fallecido, mi esposa Magdalena y yo fuimos acogidos por el extenso clan de los Ferreira con I latina, los orgullosos oriundos veracruzanos, del mero Alvarado.
(Corchetito: desayunábamos en Canadá, López Portillo presidía, Ángel a un lado, yo del otro. “En serio Ángel, ¿son parientes o no?”, preguntó. “Si somos, pero Carlos es de la parte pobre de la familia, por eso se firma con otra I que no es latina”. El presidente lanzó una carcajada y en tono burlón, dijo: “Ferreyra harapos…” Siguió la broma, que alcanzó al propio mandatario).

Aspirante a novillero, pelotari retirado por el periodismo, Ángel fue, en determinado momento, el más importante informador político del país. La columna que escribía en Excélsior fue siempre referencia para los interesados en el devenir nacional.
Amigo sin concesiones de los más destacados hombres públicos de la nación, era conocido, diría que popular en el ambiente político donde era más que conocido pero en el mismo nivel respetado.

Gozaba de la amistad de presidentes, secretarios de Estado, legisladores, pero nunca pretendió la cercanía que influyera o condicionara su trabajo como periodista. Siendo hombre de tal importancia, se mantuvo en la modestia del buen salario, sin acumular bienes inexplicables.

Salió con Julio Scherer ese nefasto día del golpe Echeverrista. Pero no se unció a la carreta del oportunismo, laboró por su cuenta, sin camarillas y así dirigió El Sol de México y en distinta etapa El Universal.

Como es natural, tuve infinidad de anécdotas con un hombre que era estrella en la redacción del matutino y yo en la del meridiano. Ambos en campaña presidencial y luego en giras internacionales, entre ellas una visita al Kremlin y charla rápida, oficial, con el primer ministro soviético. Nada publicable, todo confidencial con el Senado mexicano.

Una de sus grandes habilidades, era la carne torera o algo así. Invitaba a sus amigos cercanos, pero por turnos sus hijos, todos varones, maceraban a mano limpia lo que terminaba convertido en el más increíble producto para untar. Algo así como carne/mantequilla. El sabor, nunca he vuelto a probar nada igual.

Aficionado al dominó que en giras presidenciales ocupaba todo el tiempo de Salvador Minjares, un veterano de las letras y de Lopez Dóriga, usaba toda su pasión, no admitía fallas de su compañero y una derrota le dejaba con resabios vengativos.

Eran geniales. Ante el triunfo mínimo, los reproches mutuos de Don Minja y de Angelete, repitiendo de memoria cada jugada y explicándose uno al otro, si en tal o cual puesta su ventaja habría sido mayor. Y eso, cuando ganaban.
Así, en ocasión en que me obligaron a participar, con todo mi analfabetismo en el tema, gané con mi pareja, no recuerdo quién fue. Salvador y Ángel no mostraron nada pero se prepararon para el viaje de regreso.

Nunca vi tal sabiduría, coordinación y bueno, la paliza fue inmisericorde, perdimos por zapato, no ganamos una sola mano y de la apuesta (modesta siempre) debimos pagar el doble.

De su reconocimiento como periodista, habla una labor que le ocupó mas de sesenta años en los que nunca perdió el juicio ni sus valores humanos y profesionales.

Sencillo pero no humilde, nunca le negaba el saludo o un intercambio de palabras a los jóvenes que se acercaban y lo miraban con la unción que se mira a la gran figura, al que llegó y esta en el Olimpo del oficio.

Amigo y cómplice de muchas travesuras de Manuel Mejido, adelantado hace un par de semanas, Angel debe estarse desternillando de risa cuando sorprenda con su presencia a su amigo, y le proponga novedosas travesuras celestiales…