A un año del sismo; el testimonio de los damnificados
Foto de Tania Villanueva/ López-Dóriga Digital

El 19 de septiembre de 2017, la vida de muchas personas en la Ciudad de México cambió por completo al registrarse un terremoto de 7.1

De acuerdo con información de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorio y Urbano (Sedatu), en la Ciudad de México casi 39 mil personas resultaron afectadas por el sismo y más de 11 mil viviendas se consideran una pérdida.

Foto de Tania Villanueva/ López-Dóriga Digital

Muchos de los damnificados recibieron apoyos para vivienda, renta, alimentación y de los fondos creados para la reconstrucción, aunque no en todos los casos ocurrió así.

Verificado 19S reveló que la delegación con más reportes de afectaciones fue Benito Juárez, seguida de Cuauhtémoc y Coyoacán. La colonias con más daños fueron La planta, ubicada en la delegación Xochimilco, la Roma Sur en Cuauhtémoc y la colonia Del Mar en Tláhuac.

Aunque para muchos habitantes pareciera que la emergencia ha terminado, existen zonas de la ciudad en las que hay personas que todavía viven en las calles o esperan que los apoyos lleguen hasta donde lo necesitan.

A un año de distancia, estos son los testimonios de algunas de las personas afectadas por este episodio y cómo, a un año de distancia, han continuado con su vida en medio de las ruinas de sus casas, sus negocios o los barrios en los que vivieron prácticamente toda su vida.

Lilia

Foto de Tania Villanueva/ López-Dóriga Digital

Lilia se encontraba en su oficina, ubicada en la delegación Coyoacán, cuando ocurrió el sismo. Aunque en un inicio pensó que se trataba de un movimiento ocasionado por una construcción contigua, con el paso de los minutos supo que era un temblor. Junto con sus compañeras y en ansiedad, permaneció en el patio de su oficina hasta que elementos de Protección Civil arribaron a la zona y dejaron que, uno por uno, entraran a la oficina a recoger sus objetos personales.

“Una amiga me dio un aventón a una colonia cercana a la mía, en el camino vimos casas tiradas, ambulancias, camiones de bomberos y gente desconcertada caminando en la calle. Después tuve que caminar alrededor de 40 min, con zapatos de tacón y esquivando bardas cuarteadas y calles sin semáforos, y con las ampollas en los pies por los zapatos y el calor”, asegura.

Pocas semanas después de eso, debido a la destrucción que vio en el trayecto a su casa y por el recuerdo que había en su mente del sismo de 1985, decidió dejar la Ciudad de México y mudarse a Mérida, Yucatán.

Aunque asegura que no buscó ayuda profesional por esta situación que la llena de ansiedad, asegura que vivir lejos de la ciudad le ha devuelto un poco de tranquilidad.

“El sismo definitivamente sí fue ‘la gota que derramó el vaso de agua’ para decidirme a dejar la Ciudad de México. Sentirme tan vulnerable y en peligro constante por todo ya fue demasiado. Vivir con el terror de la alerta sísmica, de un terremoto, de las inundaciones, de los robos, el tránsito, los vientos tan fuertes que han soplado últimamente, la contaminación, el estrés, todo me rebasó. Ver a mi querida Coapa destruida terminó de partirme en dos. No sentirme segura, no poder dormir, no poder hacer mi vida sin miedos, sin prisas, fue lo que me hizo irme”.

Héctor

Foto de Tania Villanueva/ López-Dóriga Digital

Héctor y su familia tenían una tienda en un edificio en Calzada del Hueso que, tras el sismo, fue declarado inhabitable y, hace apenas unas semanas, derrumbado.

Durante las primeras horas posteriores al sismo, asegura que comenzaron a sacar la mercancía que tenían en la tienda debido a que las cortinas del local quedaron atascadas por el movimiento del edificio.

Durante la noche, cuando dimensionaron el daño en la zona donde estaban, comenzaron a darse cuenta de que el lugar donde se encontraban había sufrido daños más graves de los que habían visto y fue cuando comenzaron a buscar ayuda.

“Te cae ‘el veinte’ de que ya valió y que lo que sigue no va a ser en breve. Nadie sabe si se puede arreglar o no el edificio, te cae el veinte de que todo estuvo muy feo”.

Asegura que durante los días posteriores, los vecinos se unieron aunque muchos de ellos ni siquiera se conocían entre sí. También recuerda que muchos políticos se acercaron a ellos para ofrecerles ayuda, sin embargo en ocasiones eran contradictorias las propuestas o muchas veces no entendían cómo se repartirían los recursos.

El gobierno delegacional fue el que los apoyó llevando especialistas, quienes determinaron que el edificio debía ser demolido debido a que presentaba grietas, sobre todo en la parte superior, por lo que los vecinos acordaron permitir la demolición.

Sin embargo, explica que muchos de los problemas posteriores que tuvieron fue que compañías como Telmex o Axtel les siguieron exigiendo pagos de servicios de telefonía e internet, mismos que, hasta el día de hoy, no han podido cancelar debido a que las empresas exigen la devolución física de módems que, simplemente, quedaron sepultados en los escombros.

Una de las cosas que Héctor cree que sus vecinos, su familia y él perdieron durante el sismo fue la tranquilidad. Sobre todo hace énfasis en que el patrimonio de muchos adultos mayores se perdió, es decir, que muchas personas no tendrán la posibilidad de trabajar para construir un nuevo hogar.

Patricia

Foto de Tania Villanueva/ López-Dóriga Digital

Cuando comenzó el temblor, la señora Patricia estaba en su trabajo. Salió de allí rumbo a su casa y asegura haber visto lo más impresionante de su vida: todas las calles de la colonia donde vivía, la Del Mar en Tláhuac, se habían abierto y estaban en ruinas.

Cuando llegó a su casa la vio destruida por completo. Eso la afectó fuertemente debido a que toda su vida trabajó por el patrimonio de su familia.

“Incluso hay una sección que le llamamos la zona cero porque ya sabemos que allí nunca vamos a volver a poder hacer nada”, asegura.

Los días y meses posteriores al sismo, la señora Patricia se ha mantenido en una lucha para lograr que las autoridades los apoyen, a ella y a sus vecinos, para obtener un dictamen que les indique qué es lo que ocurrirá con sus viviendas puesto que nadie les ha explicado cómo funcionan los procedimientos de demolición, ni siquiera si se deben demoler.

La señora Patricia y su familia tuvieron que salir de su casa y ahora viven en un departamento que rentan. Ellos no pudieron obtener recursos de apoyo de vivienda de forma inmediata a pesar de la gravedad de su caso porque nadie les informó cuál era el procedimiento que debían seguir y fue hasta hace tres meses que tuvieron acceso a este recurso.

“Ningún político, ni el delegado, ha venido a pararse por aquí”, dice.

Actualmente, los vecinos de la colonia Del Mar han organizado redes de apoyo a través de WhatsApp en donde se alertan acerca de problemas como nuevos derrumbes, rapiña o asaltos a quienes todavía se encuentran en las viviendas de la zona.

Recientemente, han establecido mesas de trabajo con el gobierno central de la Ciudad de México pero ahora temen que lo poco que han conseguido en su labor se pierda con la llegada de una nueva administración local.

Su colonia quedó incomunicada debido a los destrozos de calles y banquetas, y una gran grieta atraviesa el lugar, por lo que muchos de los habitantes aseguran estar conscientes de que no podrán volver al lugar en el que vivieron por tantos años.

A pesar de eso, continúan esperando que las autoridades los ayuden a salvar un poco de su patrimonio con parte de los donativos enviados de todas partes del mundo.

“Mi mayor pérdida fue mi vivienda, pero si me preguntan qué gané, puedo decir que valoré más a mi familia, estamos unidos. Ahora también estamos unidos con todos mis vecinos, ya los conocimos a todos y aunque lo material todavía me pone mal, estoy consciente de que mi familia está bien”, asegura entre lágrimas.

Por Tania Villanueva