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Uzbekistán, Epicentro del Humanismo en la 43ª Sesión de la Conferencia General de la UNESCO
Foto: Shavkat Mirziyóyev, presidente de Uzbekistán.

 

Por: Rodrigo Aguilar Benignos, Analista Internacional y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU.

 

Desde el corazón de Asia, entre cúpulas turquesa y minaretes de ladrillo, la ciudad uzbeka de Samarcanda recibió hoy a delegaciones de 194 países para inaugurar la 43ª Conferencia General de la UNESCO, el principal foro de deliberación del organismo que desde 1945 busca dar coherencia al ideal de educar para la paz.

El encuentro marca un hito: por primera vez en más de cuatro décadas, la Conferencia General se celebra fuera de París. La decisión no es logística, sino simbólica. Refleja la intención de la UNESCO de diversificar su presencia geográfica, reforzar el multilateralismo cultural y situar al mundo islámico-asiático en una escena diplomática y cultural de primer orden. La sesión se desarrollará del 30 de octubre al 13 de noviembre de 2025.

El acto inaugural tuvo lugar en el Centro de Conferencias de la Ruta de la Seda, un complejo moderno rodeado de jardines, canales y mosaicos que evocan los antiguos caravanserais, posadas que ofrecían refugio y agua a los viajeros de la antigua Ruta de la Seda. En las pantallas interiores se proyectaron imágenes de sitios patrimonio mundial, desde las pirámides de Egipto hasta los murales de Teotihuacán, recordando que la UNESCO sigue siendo la guardiana del patrimonio común de la humanidad.

El evento reunió a representantes de los 194 Estados Miembros, observadores, organizaciones internacionales, académicos, actores culturales y medios de comunicación. Los temas centrales fueron claros: educación inclusiva en un mundo polarizado, preservación del patrimonio ante el cambio climático y la digitalización, y el papel de la ciencia y la inteligencia artificial en la cultura.

La directora general, Audrey Azoulay, quien encabeza por última vez la conferencia, abrió con un mensaje sobrio: “Reunirnos aquí, en el corazón de Asia Central, es una invitación a mirar el mundo desde nuevos ángulos. La cultura y la educación no son un lujo, sino la condición para sostener la paz”. Sus palabras resonaron en un contexto tenso: guerras activas, desinformación, retrocesos educativos pospandemia y un sistema multilateral desgastado.

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El presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyóyev, aprovechó el escenario para proyectar una imagen de apertura y modernización. Recordó que Samarcanda fue cuna de astrónomos, poetas y filósofos, y que el país busca ser un puente entre civilizaciones como corazón de la Ruta de la Seda. “Esta conferencia demuestra que la diplomacia cultural puede unir donde la política divide”, afirmó ante un auditorio atento.

La ceremonia combinó solemnidad y espectáculo. Un coro juvenil interpretó canciones en varios idiomas, seguido por una danza tradicional uzbeka: giros precisos, trajes de seda y luces azuladas que imitaban el resplandor del Registán al atardecer. En el escenario, los símbolos de la UNESCO —libros, máscaras, maquetas de templos y laboratorios— compartían espacio con tapices bordados en oro. El contraste sintetizaba el espíritu del evento: la convivencia entre lo ancestral y lo moderno, entre lo global y lo local.

Más allá de los discursos, el ambiente transmitía orgullo local y esperanza global. Samarcanda se mostró lista para recibir al mundo: calles recién pavimentadas, edificios restaurados y seguridad visible pero discreta. Desde los cafés y mercados, los habitantes observaban a los delegados, conscientes de que por unos días su ciudad volvía a ocupar el centro del mapa.

En términos diplomáticos, esta conferencia representa un punto de inflexión para la UNESCO. El organismo llega a su 80 aniversario con una agenda actualizada: ética de la inteligencia artificial, crisis climática, brecha educativa y la tensión entre soberanía y cooperación cultural. Aunque su estructura burocrática es pesada, su relevancia simbólica se mantiene. La UNESCO carece de poder coercitivo, pero sigue siendo el recordatorio institucional de que el conocimiento, la memoria y el arte también son formas de defensa colectiva.

Tras una inauguración exitosa, los próximos días se discutirán presupuestos, programas y convenciones, además de celebrarse foros de alto nivel. Para los observadores del ámbito diplomático, cultural y académico, será una oportunidad de ver si la UNESCO logra responder a los desafíos contemporáneos sin perder su esencia. Para Uzbekistán, el éxito del evento —en logística, visibilidad y legado— puede abrir nuevas puertas de cooperación internacional, turismo y desarrollo local con enfoque cultural.