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Universitarios de Nueva York, entre el optimismo y la preocupación por COVID-19
Vista del campus de Columbia University, en Nueva York, durante la pandemia de COVID-19. Foto de EFE / Archivo

Desseray Wright se levanta a las 05:00 h para estudiar antes de que su hijo se despierte. Derrick Zha se concentra en su proyecto de fin de carrera y no sabe cuándo podrá viajar a China para ver a su familia.

Los dos son estudiantes en Nueva York, ciudad que cuenta con más de medio millón de alumnos, la gran capital universitaria de Estados Unidos y también el epicentro mundial del coronavirus COVID-19.

Los universitarios viven la crisis con preocupación, pero aún optimistas. Aunque la pandemia ha trastocado muchos de sus planes, ellos tratan de sacar lo mejor de una situación inédita.

“Ha sido definitivamente un gran cambio”, explica Zha, alumno del Instituto Pratt, una prestigiosa escuela de arte con sede en Brooklyn. A punto de terminar sus estudios, este joven de 24 años lo tenía todo planificado: graduación en mayo, búsqueda de un trabajo para junio o julio y, entre medias, viajes, incluido uno a Pekín para ver a sus padres.

Ahora, todo está en el aire. Zha espera que quizá para finales del verano sea posible visitar su ciudad natal. Mientras, ya ha visto cómo algunos compañeros perdían prácticas que tenían apalabradas y cómo la recesión puede complicar su entrada en el mercado laboral.

Él, sin embargo, mantiene una actitud positiva y asegura que está aprovechando el confinamiento para trabajar duro en su proyecto de fin de carrera, para pensar con mucho detenimiento sus siguientes pasos y para hacer a través de internet conexiones que puedan ser interesantes para su futuro profesional como ilustrador.

A diferencia de muchos otros estudiantes internacionales, Zha optó por quedarse en Nueva York cuando el COVID-19 golpeó la ciudad.

“Al final lo seguro es quedarse en casa, no pasar por un aeropuerto“, apunta por videoconferencia desde su habitación en Brooklyn.

Estudiar con niños

Para muchos otros estudiantes, no existía esa alternativa, pues Nueva York es su único hogar.

“Yo soy de El Bronx, vivo en El Bronx. Llevo aquí toda mi vida”, explica Desseray Wright, una alumna de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), la gigantesca red de centros públicos en la que estudian unas 275 mil personas en la Gran Manzana.

Wright se enfrenta a la complicada tarea de sacar adelante sus estudios mientras cuida de un niño pequeño, su hijo de cuatro años que, con el colegio cerrado, se ha convertido en un habitual en las clases que su madre sigue por videoconferencia.

“Tuve un momento de pánico al principio”, admite sobre el momento en el que su universidad decidió cerrar las aulas.

Esta estudiante de 42 años, sin embargo, está acostumbrada a superar adversidades tras caer en el mundo de las drogas, cumplir diez años de cárcel y perder asesinada a su hija mayor.

“Me lo recuerda, pero es un poco más lujoso”, bromea sobre el parecido entre este encierro y su tiempo en prisión.

Esa experiencia, sin embargo, dice que le da fuerzas para seguir adelante y ver la crisis del coronavirus como un nuevo obstáculo a superar.

La pandemia ha complicado uno de los proyectos más inmediatos de esta neoyorquina, que era abrir un centro para ayudar a personas que salen de la cárcel, ofreciéndoles un hogar y acceso a puestos de trabajo a través de una agencia de contratación.

La enfermedad lo pone difícil, pero Wright confía en poder inaugurarlo el año próximo, cuando espera graduarse.

Muy involucrada como activista en defensa de su comunidad, su sueño es convertirse en abogada y ayudar a otros a evitar condenas injustas o excesivas, como la que ella dice que sufrió.

Sobre el futuro, asegura estar “preocupada”, pero “confiada” en que el país saldrá adelante.

“Tuvimos el 11S, el huracán Katrina. No es la primera vez que recibimos un golpe duro”, recordó.

Con información de EFE