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¿Qué pasará en Venezuela?, por Daniel Zovatto
Donald Trump y Nicolás Maduro. Foto de EFE / Archivo

Por Daniel Zovatto

Cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca, el pasado mes de enero, algunos sectores de la oposición venezolana, tanto dentro del país como en el exilio, especialmente en Florida, vaticinaron un rotundo cambio de rumbo en la relación entre Washington y Caracas.

Ese giro ha tardado en manifestarse.

Tras meses de contactos e incluso acercamientos tejidos por el enviado de la Casa Blanca para el país sudamericano, el veterano diplomático Richard Grenell, afloraron las primeras diferencias de criterio en el círculo del mandatario republicano.

De un lado Marco Rubio, muy influido desde hace ya décadas por el discurso del antichavismo radical, y del otro lado el propio Grenell, más pragmático y posibilista.

Los titubeos y las señales lanzadas en distintas direcciones mantuvieron en vilo al menos hasta el verano a quienes demandaban una mayor presión de la Administración MAGA.

Sin embargo, después de las designación del Tren de Aragua y del Cártel de los Soles como organizaciones terroristas y, sobre todo, después de que el Departamento de Justicia situara a Nicolás Maduro al frente de ese entramado criminal cambió por completo la estrategia.

A todas luces se ha impuesto la posición del secretario de Estado, y el camino que abre la puerta a la persecución del régimen chavista es la nueva guerra contra las drogas declarada por el propio presidente.

Trump ordenó el lunes interrumpir cualquier contacto diplomático con Venezuela e instó a Grenell que interrumpa la comunicación.

La decisión se da en plena escalada militar.

La Armada de Estados Unidos ha hundido al menos cuatro supuestas narcolanchas en aguas del Caribe en las últimas semanas, la última el pasado viernes. Más de 20 personas han muerto en estas operaciones extrajudiciales y mientras tanto el magnate ha apuntado a que la guerra contra los carteles pasará a una nueva fase en tierra.

En Venezuela hay amplios sectores de la sociedad que esperan o piden ya sin disimulo un derrocamiento de Maduro, que en 2024 se atribuyó el triunfo electoral sin que el aparato gubernamental, que controla todos los poderes del Estado, mostrara las más mínima prueba de ello.

Cabe prever que Trump redoble la presión; al mismo tiempo muchos analistas serios descartan de plano el escenario de una intervención pese a la índole explosiva e impredecible del republicano.

Los más optimistas pronostican incluso que esta situación acabará forzando una nueva negociación. Lo único cierto, de momento, es que la tensión no para de crecer.

Fuente: El País