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Los Óscar siembran una semilla de esperanza para la etnia Selk’nam
Selk'nam. Foto de @corporacionselknamchile

En la remota playa de Porvenir, Tierra del Fuego y de vientos antárticos indomables, las nominaciones para los premios Oscar que entrega la Academia de Hollywood en el otro extremo del continente despertaron una desacostumbrada ilusión, repleta de orgullo y esperanza.

La razón: el filme de Théo Court “Blanco en Blanco“, que aunque finalmente no fue nominado, permitió conocer la historia de los Selk’nam y “visibilizar a un pueblo que hace un siglo vivió un genocidio que casi termina con sus más de 8 mil años de vida”, explica a Efe, José Vásquez, uno de los escasos descendientes de un pueblo que algunos creen extinto.

“Esta película ayuda a que nuestra cultura siga viva. Nunca pensé que iba a ver a mis antepasados llegar tan lejos”, agrega Vásquez atusándose el “koschel”, su sombrero tradicional que asegura llevar “con orgullo”.

Miembro de la comunidad Covadonga-Ona, la única de esta etnia en el país, reivindica que su abuelo fue uno de los escasos selk’nam que sobrevivió a las persecuciones de colonos del sur de Chile, en su mayoría europeos, que terminaron con la vida de casi un millar de miembros de este pueblo originario.

Los pobladores del fin del mundo

Los mismos vientos que agitan ahora el sur de Chile azotaron los cuerpos desnudos de los cientos de selk’nam que habitaron este archipiélago, uno de los lugares habitados más australes de la Tierra.

Aunque a menudo vestían pieles de guanaco y se rebozaban con grasa de animales para combatir el frío, se les reconoce por ir sin ropa, con la piel pintada de rojo, blanco y negro y con grandes máscaras, un ritual de iniciación de los jóvenes varones, explicó a Efe la antropóloga María Constanza Tocornal, de la Universidad Silva Henríquez.

“Eran cazadores recolectores y aunque en algún momento de la historia se llegó a decir que murieron de hambre, eso no es cierto. Fueron otros seres humanos quienes mermaron su población”, señaló.

Según la mayor parte de los académicos, los libros y la ley, los selk’nam están extintos desde principios del siglo XX, la mayor parte asesinados por disputas con los “koliot” (hombres blancos), y el resto fallecidos en la remota Isla Dawson, donde el Estado los confinó bajo la tutela de misiones salesianas.

La antropóloga Anne Chapman decretó que con la muerte en 1966 de la última hablante, Lola Kiepja, los selk’nam desaparecieron, sin embargo, algunos descendientes denuncian ahora que hubo otros supervivientes que se dispersaron por el territorio.

Renacer Selk’nam tras el genocidio

De niña, He’many Molina creció en una sociedad que oficialmente no reconocía su cultura y la consideraba exterminada. No entendía por qué le enseñaban esto en la escuela si ella misma y su madre sabían de dónde provenían.

Vásquez vivió lo mismo: “Se reían de nosotros, nos decían que habíamos desaparecido y que era imposible que fuéramos selk’nam”. Junto a ellos, cada vez más lamentan que “se ha puesto una lápida sobre un pueblo que todavía está vivo”, mientras recuperan a contrarreloj historias familiares y tradiciones.

“Hemos vivido un doble genocidio y ahora estamos entre todos haciendo una labor de reconstrucción. Contamos lo que recordamos de nuestros abuelos y armamos el rompecabezas”, relató Molina, que preside la Corporación Selk’nam, fundada en 2015 con el fin de reunificar a los descendientes.

No existe un catastro oficial, aunque desde la institución señalan que por ahora hay reconocidas once familias (unas 200 personas) que viven a lo largo de todo Chile.

Molina y su hija de 30 años, Fernanda Olivares, se mudaron recientemente a Tierra del Fuego, con el objetivo de hacer “renacer” su cultura con ayuda de las universidades Silva Enríquez y Magallanes.

“Queremos recuperar actividades tradicionales como la cestería o la arquería. Todavía nos queda mucho camino por delante”, manifestó a Efe.

La esperanza de la nueva Constitución

Una de las principales reivindicaciones Selk`nam es que se les reconozca en la Ley Indígena, que a día de hoy otorga cierto grado de protección a nueve etnias de Chile, señaló Vásquez.

Olvidados, ni siquiera ostentan un escaño en la convención que redacta la nueva Constitución de Chile, que tiene 17 asientos reservados para el resto de etnias.

Vásquez fue invitado por primera vez el pasado enero a intervenir durante una sesión y su emotivo discurso se volvió viral: “Es difícil decir quién soy porque este Estado no nos reconoce”, señaló entre sollozos.

“La cultura selk’nam existe desde el momento en que nosotros existimos. Ahora solo nos queda que nos escuchen”, concluyó Molina, que agregó que todo Chile se ha puesto un “vestido de esperanza” con la nueva Carta Magna, la primera de su historia que, en caso de aprobarse, reconocerá a las comunidades indígenas.

Con información de EFE