Minuto a Minuto

Nacional Investigan el retiro de un antimonumento de personas desaparecidas en CDMX
Colectivos de búsqueda denunciaron el retiro de un antimonumento en el Ángel de la Independencia, dedicado a las personas desaparecidas
Deportes Sheinbaum rechaza que el descenso de homicidios en junio se deba al Mundial 2026
La presidenta Sheinbaum detalló que la redución de homicidios es una tendencia sostenida desde el inicio de su Administración
Deportes Polémica en Senegal tras el Mundial 2026: Revelan que el médico de la selección masculina es ginecólogo
El presidente de la Federación de Futbol de Senegal afirmó que algunos jugadores “no tenían plena confianza” en el médico
Deportes Mundial 2026: Cientos de peruanos llevan los nombres de Haaland, Mbappé y Bellingham
Más de 500 peruanos se llaman Haaland en honor al delantero de la selección de Noruega y del Manchester City
Nacional Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, enfrentará proceso por violencia familiar en libertad
Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), está acusado de violencia familiar por su esposa
¿Por qué cambian de nombre los papas? Historia de una tradición que adelanta intenciones
Foto de EFE/ Vatican Media

El Vaticano busca al sucesor de Francisco y una de las incógnitas, además de la identidad del elegido, es el nombre que adoptará el futuro papa, una antiquísima tradición que suele servir como primera declaración de intenciones.

¿Será Francisco II? ¿Benedicto XVII? ¿Otro de los muchos Gregorio, Inocencio o León que se sucedieron a lo largo de la historia? Esto nadie lo sabe, pero especular o hasta apostar por eventuales nombres se ha convertido en una práctica habitual en estos días romanos.

Un total de 133 cardenales se encerrarán mañana en la Capilla Sixtina para elegir en un cónclave al sucesor del papa Francisco y el resultado no se conocerá hasta que el elegido se asome al balcón de la basílica de San Pedro para presentarse al mundo.

Sibi nomen imposuit

La primera misión del designado será elegir un nombre papal y, para ello, aún dentro de una Sixtina entre aplausos, otro cardenal le preguntará si acepta el nombramiento y cómo desea ser llamado.

Después, desde el balcón de la basílica de San Pedro, se desvelará la identidad del nuevo pontífice con la fórmula en latín Habemus papam y, tras anunciar su nombre de pila, revelará el pontificio: Qui sibi nomen imposuit (que ha decidido llamarse)…

La tradición de que los papas cambien sus nombres al comienzo de sus ‘reinados’ surge en los albores mismos del cristianismo. El propio Jesús de Nazaret rebautizó a Simón como Pedro, el fundador de su iglesia y, por lo tanto, primero entre los pontífices venideros.

No obstante, el origen de esta costumbre es mucho menos bíblica y bastante posterior en el tiempo, ya que en los primeros siglos de la iglesia los obispos de Roma usaron generalmente sus propios nombres, acompañado a menudo con sus lugares de origen.

La usanza cambió en el año 533, en las ruinas del Imperio Romano, cuando el elegido, Mercurio di Proietto, decidió llamarse Juan II para no llevar la denominación de un dios pagano.

Su pontificado duró dos años, hasta el 535, pero a partir de ese momento muchos de sus sucesores decidieron imitarle cambiando sus nombres de pila por el de apóstoles, mártires y otros jerarcas del cristianismo.

Toda una declaración

Con el paso del tiempo, esta práctica de la elección del nombre ha significado en muchas ocasiones toda una declaración de intenciones.

El argentino Jorge Mario Bergoglio sorprendió al estrenar en 2013 el nombre de Francisco en honor al santo de Asís. Después explicaría que fue el cardenal brasileño Claudio Hummes quien se lo sugirió al poco de ser elegido en el cónclave: “No te olvides de los pobres”.

Juan Pablo I (1978), fue el primero en unir dos nombres, recogiendo la herencia de sus dos influyentes predecesores, Juan XXIII (1958-1963) y Pablo VI (1963-1978), encargados de inaugurar y clausurar el revolucionario Concilio Vaticano II (1962-1965).

Y tras el fugaz reinado del ‘papa de septiembre’, pues gobernó solo durante 33 días, llegó el largo pontificado de Juan Pablo II.

Juanes, Gregorios, Leones…

Hasta la fecha, el nombre preferido por los pontífices de la historia ha sido Juan, el ‘discípulo a quien Jesús amaba’: se repite en 21 ocasiones.

Le siguen, con 16, los Gregorios, el último el benedictino italiano Bartolomeo Alberto (1831-1846), y los Benedictos, como el alemán Joseph Ratzinger (2005-2013).

En una ocasión, Benedicto XVI justificó su decisión para seguir los pasos del “venerado” Benedicto XV, “que guió la iglesia en un doloroso periodo por la I Guerra Mundial” y para honrar a Benedicto de Norcia, patrón de Europa y Occidente.

Asimismo, los Clemente se han repetido en catorce ocasiones, los Inocencio y León en trece, los Pío en doce y, después, destacan los papas Stefano (9), Bonifacio (8) u Urbano (8).

¿Se sumará el futuro papa a esta lista o añadirá un nombre nuevo a la inmensa lista de pontífices de la historia? La respuesta solo se conocerá tras la ‘fumata’ blanca que anuncie el acuerdo, aunque puede que algunos de los cardenales llamados a votar y susceptibles de ser elegidos ya tengan alguna idea en sus propias mentes.

Con información de EFE