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Internacional Noviembre: el plebiscito que puede poner límites a Trump
Las elecciones legislativas norteamericanas de medio periodo del próximo 3 de noviembre no serán unos comicios de mitad de mandato más
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Noviembre: el plebiscito que puede poner límites a Trump
EFE/EPA/Allison Robbert / POOL

Por Daniel Zovatto

Director y editor de Radar Latam 360

Las elecciones legislativas norteamericanas de medio periodo del próximo 3 de noviembre no serán unos comicios de mitad de mandato más.

Si bien, formalmente, estarán en juego la totalidad de lii oís miembros de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, políticamente constituirán un plebiscito sobre los primeros dos años del segundo mandato de Donald Trump, su forma de ejercer el poder y la capacidad de las instituciones estadounidenses para establecer límites efectivos a su “presidencia imperial”.

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Fotografía de archivo. EFE/EPA/JUSTIN LANE

Qué dicen la historia y las encuestas

La primera no juega a favor de la Casa Blanca. En 18 de las últimas 20 elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas desde la II Guerra Mundial, el partido del presidente perdió escaños en la Cámara de Representantes. Las únicas excepciones se produjeron cuando el mandatario contaba con índices de aprobación superiores al 60%. Trump se encuentra muy lejos de ese umbral.

La última encuesta de YouGov publicada por The Economist, con datos de finales de agosto, sitúa su respaldo en apenas un 35%, frente a un 61% de desaprobación. Es el peor balance registrado hasta ahora durante sus dos mandatos.

Si estos números se mantienen, las elecciones podrían convertirse en una expresión de rechazo no solo a determinadas políticas del Gobierno, sino también al estilo confrontativo, personalista y disruptivo con el que Trump ha conducido nuevamente la presidencia.

Los sondeos anticipan la posibilidad de un Congreso dividido.

Los demócratas tienen opciones reales de recuperar la Cámara de Representantes, mientras que los republicanos enfrentan una disputa más compleja de la prevista para conservar el Senado. De concretarse este escenario, Estados Unidos ingresaría en una etapa de mayor confrontación institucional: una Casa Blanca republicana frente a una Cámara controlada por la oposición y un Senado sometido a una competencia extremadamente cerrada.

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El presidente de EE.UU, Donald Trump. EFE/EPA/AL DRAGO / POOL

Consecuencias de los resultados

El resultado tendrá consecuencias decisivas. Trump se juega el control de ambas cámaras del Congreso y, con ello, la posibilidad de continuar aplicando su agenda sin grandes obstáculos legislativos. Una victoria republicana le permitiría profundizar sus políticas migratorias, comerciales, fiscales y exteriores, además de consolidar su influencia sobre las instituciones federales.

Por el contrario, una derrota alteraría significativamente el equilibrio político de Washington durante los dos últimos años de su mandato.

En efecto, para los demócratas, recuperar la Cámara supondría mucho más que una victoria electoral. Les permitiría controlar comisiones, impulsar investigaciones, someter al Ejecutivo a una fiscalización más rigurosa y bloquear una parte sustancial de la agenda presidencial. También les ofrecería una plataforma institucional desde la cual reconstruir una alternativa política después de las derrotas y divisiones internas de los últimos años.

Pero sería un error interpretar un eventual triunfo demócrata como el comienzo automático de una etapa de moderación. La pérdida del control legislativo podría llevar a Trump a profundizar una tendencia ya característica de su presidencia: gobernar mediante decretos y decisiones ejecutivas. Como advierten algunos analistas, cualquiera que sea el resultado de noviembre, es probable que el presidente continúe recurriendo ampliamente a los decretos presidenciales —órdenes ejecutivas— para impulsar sus prioridades durante el resto de su mandato.

Este punto resulta fundamental. Las elecciones podrían limitar la capacidad legislativa de Trump, pero no necesariamente su voluntad de ejercer el poder de manera unilateral. Por el contrario, un Congreso dividido podría aumentar el choque entre la Casa Blanca, el Legislativo, los tribunales y los gobiernos estatales. El conflicto político se desplazaría entonces desde la aprobación de leyes hacia la interpretación de las atribuciones presidenciales y los límites constitucionales del Ejecutivo.

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Foto de Tabrez Syed en Unsplash

Hay mucho en juego

Las elecciones de noviembre plantean, por tanto, una cuestión que trasciende la competencia entre republicanos y demócratas. Lo que está en juego es si el sistema de pesos y contrapesos de Estados Unidos conserva la capacidad de contener la concentración del poder presidencial en un contexto de extrema polarización. También se pondrá a prueba si el Congreso puede recuperar su papel como poder independiente o continuará cediendo terreno frente a una presidencia cada vez más dominante.

Trump buscará convertir los comicios en una batalla cultural y presentar cualquier intento de control legislativo como una maniobra de las élites, del denominado “Estado profundo” o de sus adversarios políticos. Los demócratas, por su parte, intentarán transformar la elección en un referéndum sobre la conducta del presidente, el deterioro institucional y los efectos concretos de sus políticas sobre la vida cotidiana de los estadounidenses.

El desafío de la oposición consistirá en no limitar su campaña a advertir sobre los riesgos de Trump. Necesitará ofrecer respuestas creíbles en materia económica, seguridad, inmigración y costo de vida. El rechazo al presidente puede movilizar a una parte importante del electorado, pero difícilmente será suficiente si no está acompañado de una propuesta capaz de persuadir a los votantes independientes y recuperar a los sectores que se alejaron del Partido Demócrata.

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Foto de EFE/EPA/WILL OLIVER

Para los republicanos, el dilema es igualmente complejo. Deben mantener movilizada a la base trumpista sin quedar completamente atrapados por el desgaste del presidente. Cuanto más se acerquen las elecciones, más difícil será para sus candidatos presentarse como figuras autónomas. Trump seguirá siendo su principal activo para movilizar votantes, pero también su mayor factor de riesgo entre los sectores moderados.

Reflexión de cierre

El próximo noviembre, los estadounidenses no elegirán solamente a sus representantes y senadores. Decidirán si entregan a Trump dos años adicionales de poder prácticamente sin contrapesos o si restablecen algún grado de equilibrio institucional. Y aunque un Congreso dividido no garantizará moderación ni gobernabilidad, sí podría obligar al presidente a enfrentar límites políticos que hasta ahora ha intentado eludir.

Por eso, estas elecciones serán mucho más que una medición de popularidad. Serán una prueba de resistencia para la democracia estadounidense en un momento decisivo. La pregunta central no será únicamente cuántos escaños ganará o perderá cada partido, sino si las instituciones todavía pueden equilibrar a un presidente decidido a ampliar al máximo los márgenes de su poder y a ejercer la presidencia de manera imperial.