
Las elecciones en Perú se han convertido en una batalla voto a voto cuyo desenlace sigue infartantemente abierto
Por Daniel Zovatto
Roberto Sánchez aventaja a Keiko Fujimori por cerca de 20 mil votos.
Sin embargo, no se puede descartar —para algunos analistas incluso es seguro— que esta diferencia continúe reduciéndose e incluso pudiese darse una nueva reversión en el liderazgo, que permitiría a Fujimori recuperar el primer lugar.
En nuestro análisis del domingo 8 de junio calificamos este balotaje como uno “de infarto”, y los acontecimientos posteriores no han hecho más que confirmar nuestra evaluación.
La noche electoral estuvo marcada por una sucesión de cambios de liderazgo. Primero, los sondeos a boca de urna de Ipsos y Datum situaron a Keiko Fujimori en el primer lugar sí, bien, con un margen estrecho y, dentro del margen de error. Horas después, el conteo rápido mostró un vuelco y colocó a Roberto Sánchez al frente; nuevamente, también por un margen estrecho y en zona de empate técnico.
Más tarde, en los primeros resultados oficiales preliminares de la ONPE, Fujimori volvió a liderar durante buena parte de la noche. Finalmente, con el ingreso progresivo de las actas del interior Sánchez desplazó nuevamente a Fujimori y mantiene por ahora una ventaja mínima —cerca de 20 mil votos—, con el 50.057% de los votos válidos.
Lo que estamos observando no es únicamente el reflejo de una elección extraordinariamente ajustada. A este tipo de resultados nos tiene acostumbrado Perú —por tercera vez consecutiva— que se ha convertido en un país adicto a estos balotajes hiper cerrados.
También es una auténtica carrera de resistencia electoral, en la que ambos candidatos han alternado el liderazgo y donde cada nuevo paquete de actas tiene el potencial de alterar la fotografía del resultado.
Una vez que concluyan el ingreso de las actas aún pendientes del interior y del exterior, el desenlace dependerá de la revisión de las más de mil 500 actas observadas actualmente en trámite.
Estas deberán ser resueltas por los Jurados Electorales Especiales y, eventualmente, en última instancia por el Jurado Nacional de Elecciones.
A estas alturas, más que una disputa por décimas porcentuales, la elección se ha convertido en una batalla voto a voto cuyo desenlace sigue —de momento—infartantemente abierto.