El pueblo fantasma en Guatemala tras erupción del Volcán de Fuego

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El Rodeo, en el estado de Escuintla, se vio devastado tras la erupción del Volcán de Fuego

La zona de El Rodeo, en el estado de Escuintla, Guatemala, se ha convertido en una aldea fantasma luego de la erupción del Volcán de Fuego.

En la zona se pueden observar comercios cerrados, casas con candado y animales abandonados tras las cuatro explosiones que provocaron que las más de ocho mil personas que habitaban ahí evacuara el poblado.

“Estamos en lo mismo, con pena de que siga el volcán molestando. Pero tenemos que estar aquí porque se roban las cosas, entonces vamos y venimos por el día. Vamos al pueblo por la noche, regresamos a cuidar lo poquito que nos queda”, dijo un damnificado.

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Pese a la destrucción, los habitantes están confiados en que el Volcán de Fuego no hará más daño y se dijeron acostumbrados de que se mantenga activo.

Las horas las pasan rescatando a los animales que se quedaron sin dueño, sobre todo perros. Dan rondines por las calles para identificar desconocidos y por las noches disparan escopetazos para espantar a los delincuentes.

“Aquí estoy con mi esposa, una hermana y sobrinos, somos los que estamos acá; somos los que hemos estado hasta las dos o tres de la mañana acompañando a los pocos amigos que han cuidado las cosas que han dejado la personas que se han ido”, dijo otro hombre.

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Este viernes, la actividad volcánica se intensificó, por lo que las autoridades se movilizaron y los habitantes comenzaron a salir. Se reportó expulsión y descenso de material volcánico en al menos cinco barrancas. Pese a esto, la gente aún se niega a salir.

“Somos ocho personas que estamos rentando esta casa y aprovechamos para poner la tienda. Nos habíamos salido pero ya nos robaron. Nos regresamos para que no se metan y así vender aunque sea para los pocos” que quedan, explicó el tendero.

El panorama no es favorecedor para los habitantes de El Rodeo. Aun así, la esperanza de retomar su vida no ha muerto. Los menos optimistas liberan a sus animales o se los dan a los vecinos. Los que confían, los dejan encerrados seguros que en uno o dos días podrán regresar.

Con información de Excélsior


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