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El papa mantiene el silencio sobre la crisis en Venezuela
Foto de Radio Roma

Varios políticos y personajes importantes a nivel mundial han repudiado en los últimos días los actos de represión del gobierno de Nicolás Maduro así como su decisión de convocar a elecciones para la Asamblea Constituyente, sin embargo, una voz importante por su influencia permanece silenciosa, esta es la del papa Francisco.

El editor ejecutivo de Clarín, Ricardo Roa, se cuestionó en su columna de este martes cuando decidirá el papa alzar la voz por la situación que se vive actualmente en el país sudamericano.

El Papa, que forjó fama de hablar alto a los poderosos, no habla de Venezuela.

No tiene nada decir sobre los más de 100 muertos en la represión callejera ni sobre los 500 presos políticos que hay, según la OEA.

Tampoco tiene nada que decir sobre la falsa elección del domingo. Delegados elegidos a dedo por el régimen de Maduro para una Constituyente que disolverá la única institución democrática que queda en pie: la Asamblea Nacional.

Nada del Papa. Ni una frase sobre las bandas parapoliciales que siembran terror, ni una palabra de respaldo o de comprensión para los opositores perseguidos.

Es un silencio estruendoso. Es un silencio que lastima.

El Papa que habla hasta por los codos no habla. Habla el Episcopado venezolano que viajó a Roma a comienzos de junio para pedirle que intervenga. Públicamente, al menos, el jefe de todos ellos, Francisco, no contestó.

El último documento de los obispos venezolanos es de cinco días atrás, en vísperas de la Constituyente. Dice: es “inconstitucional, inconveniente y dañina para el pueblo y sólo agravará los problemas”.

Si eso no era ya suficientemente fuerte, dice también: “Una vez más alzamos nuestras voces contra la violencia. Vivimos horas cargadas de incertidumbres”, con enfrentamientos y “efectivos militares y policiales y grupos civiles armados afectos al Gobierno que obran coordinadamente atropellando al pueblo que manifiesta su descontento”.

Para el chavismo, la democracia sólo sirve para tomar el poder sin la obligación de devolverlo.

El historiador de la Universidad de Bologna Loris Zanatta explica que “la lectura de la realidad de Francisco no está basada en la visión que podríamos sintetizar bajo la idea de democracia versus dictadura, sino pueblo versus oligarquía”.

Para Zanatta esa concepción “es lo que lo hace tolerante al chavismo y al madurismo”.

El Papa no escucha a los obispos de Venezuela. Escucha al cardenal Parolin, al que tiene muy cerca desde que lo puso como Secretario de Estado. Parolin maneja la diplomacia vaticana y conoce a fondo la política venezolana: fue nuncio en Caracas.

A pedido de Parolin, Bergoglio recibió a Maduro en octubre pasado. De hecho, le tiró un salvavidas cuando Maduro estaba muy débil. Necesitaba ganar tiempo y la foto con Francisco le dio una bocanada de oxígeno.

Hablar de Venezuela es hablar de la relación íntima con Cuba.

Son asesores cubanos los que le permiten a Maduro controlar el aparato del Estado y sobre todo controlar el aparato militar, que es su verdadera fortaleza.

El chavismo fue una bendición para los Castro. Venezuela le aporta a Cuba el doble de lo que le aportaba la Unión Soviética en tiempos de la Guerra Fría. Entre el petróleo y las remesas por los cubanos que trabajan en Venezuela, el ingreso de divisas a la isla supera incluso al ingreso que le reporta el turismo.

Si alguna vez hubo una revolución en Cuba, ahora y hace tiempo sólo reina la revolución de los burócratas que sobreviven gracias a la ayuda venezolana.

Pese a todo, el castrismo continúa influenciando y mucho en gobiernos y en organizaciones políticas y culturales supuestamente progresistas. También en organismos de derechos humanos.

Unos y otros hacen la vista gorda con la tragedia venezolana.

¿Cuántos muertos y cuántas injusticias harán falta para que dejen de justificar y ser cómplices? Todo tan evidente como el estruendoso silencio del Papa.