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¿Qué se elige este 3 de noviembre? Elección presidencial y congresal

¿Qué se elige este 3 de noviembre? Elección presidencial y congresal - Elecciones en Estados Unidos. Foto de EFE
Elecciones en Estados Unidos. Foto de EFE

El próximo 3 de noviembre, EE.UU. elegirá a su nuevo presidente y vicepresidente, además de renovar la Cámara de Representantes y 35 puestos del Senado

Por Daniel Zovatto, director regional de IDEA Internacional

Este martes 3 de noviembre de 2020, Estados Unidos celebrará sus quincuagésimo novenas elecciones presidenciales, determinando quién ocupará los cargos de presidente y vicepresidente. En paralelo, estas elecciones permitirán elegir a los parlamentarios de la Cámara de Representantes, así como a 35 puestos en el Senado –incluyendo las elecciones especiales en Georgia y Arizona–.

De esta forma, el actual presidente, el republicano Donald Trump (y su vicepresidente, Mike Pence) van por la reelección tras su primer mandato de gobierno.

En esta elección, se ven enfrentados a la propuesta del Partido Demócrata, donde el exvicepresidente y exsenador por Delaware, Joe Biden, compite para presidente, y la senadora por California, Kamala Harris, para vicepresidenta.

Para la elección de los cargos de presidente y vicepresidente, EE.UU. cuenta con un sistema de elección indirecta, donde los estados eligen a sus electores, miembros del Colegio Electoral quienes –habitualmente siguiendo el voto popular de su estado– eligen al presidente y vicepresidente.

Así, un candidato requiere del voto de la mayoría de los electores (desde 1964, al menos 270 electores del total de 538) para triunfar en la elección presidencial.

Es importante tener en consideración que el número de electores por estado es determinado en función del último Censo disponible (para estas elecciones, según lo establecido en el Censo de 2010), por lo que contar con el voto popular no garantiza la victoria en la elección (como lo fueron los casos de la elección de Donald Trump ante Hillary Clinton, así como la de George W. Bush ante Al Gore Jr.).

En la ruta para alcanzar dicha mayoría, los candidatos deberán cautivar a los denominados “estados bisagra” (swing states), esto es, aquellos estados donde el voto popular oscila entre los partidos Demócrata y Republicano, sin una tendencia clara y definida, lo que acaba determinando el resultado de una elección.

De esta forma, varios analistas ponen su atención en los resultados de Florida (con 29 votos electorales), Pennsylvania (20), Michigan (16), Carolina del Norte (15), Arizona (14) y Wisconsin (10), los cuales podrían inclinar la balanza hacia el lado vencedor.

 

Estas elecciones tendrán lugar en un ambiente político y social altamente polarizado, con un país azotado por los efectos sanitarios –y económicos– de la pandemia de COVID-19 (al 29 de octubre, y según datos de la Johns Hopkins University, EE.UU. ha superado los 228 mil decesos y más de 8.9 millones de infectados por el virus), enmarcado entre las protestas sociales contra el racismo institucional, particularmente tras los asesinatos de George Floyd y Walter Wallace a manos de la Policía, ocurridas el 25 de mayo y el 26 de octubre, respectivamente.

Todo esto, a la par de la incertidumbre que el actual presidente Donald Trump ha suscitado tanto respecto al proceso electoral, como al eventual reconocimiento de sus resultados.

El voto anticipado: sufragio clave en tiempos de pandemia

Estados Unidos permite el voto anticipado, sujeto a las normas y definiciones que cada estado ha dado para sus votantes. De esta forma, los votantes estadounidenses pueden sufragar anticipadamente a través de dos mecanismos: el voto postal, que involucra el envío de su papeleta a través del correo, o el voto presencial anticipado, donde se habilitan las urnas antes del día oficial de la elección.

La pandemia de COVID-19 provoca niveles récord del voto anticipado. Según estimaciones del U.S. Elections Project (McDonald, 2020), de los 230 millones registrados para votar, más de 73 millones de estadounidenses ya han votado de forma anticipada (48 millones por correo y 25 millones en persona), en el comprensible contexto de la distancia social que el control de la pandemia ha requerido.

Esta cifra representa a más de la mitad del total de electores de las elecciones presidenciales de 2016, y supera con creces a los 57 millones de estadounidenses que votaron de forma anticipada en 2016, ya sea en persona o por correo.

 

El voto anticipado ha obligado a modificar las estrategias de las campañas. Los demócratas han impulsado el voto postal, siguiendo los consejos de funcionarios de salud pública, mientras que Trump y sus aliados republicanos han desaprobado reiteradas veces este mecanismo.

El mandatario ha insistido en que el voto por correo puede resultar en ‘fraude’ y ‘caos’, instalando un mito infundado que polariza otro aspecto más de las elecciones (The Economist, 18 de agosto de 2020).

El pasado 24 de octubre, el presidente Trump votó de manera anticipada –pero presencial– en Florida, aprovechando la instancia para hacer un nuevo ataque al voto postal y cuestionando la integridad del proceso.

Por su parte, Joe Biden también votó de manera anticipada en Wilmington el 28 de octubre.

Debido a que las boletas enviadas por correo tienen una tasa más alta de rechazo (Edsall, 23 de septiembre de 2020), la preocupación es que los demócratas puedan perder votos críticos en estados claves, especialmente porque es mucho más probable que los simpatizantes de este partido emitan un voto postal.

Mientras que un 50 por ciento de los votantes de Biden planeaban votar por correo, en comparación, apenas el 21 por ciento de los partidarios de Trump tenía esta forma en sus planes.

Este alto volumen de votos anticipados tiene dos consecuencias. La positiva, que hace prever un alto nivel de participación. La preocupante, que está generando una gran incertidumbre sobre si se conocerán los resultados la misma noche del 3 de noviembre, debido al desfase entre el conteo del voto físico y el del voto por correo.

Esta es una de las principales preocupaciones que afecta a esta compleja, tensa y altamente polarizada elección. Si los votos en recintos electorales se cuentan automáticamente –y en la mayoría de casos, sus resultados anunciados horas tras el cierre de urnas–, los votos por correo implican un proceso de mucho trabajo, en el que cada estado tiene reglas propias.

Algunos estados solo aceptan votos que llegan hasta el día de la elección; otros, en cambio, siguen contando sufragios hasta 10 días después. Ello podría determinar que Trump lidere los resultados la noche de la elección pero que luego, a medida que vayan llegando los resultados del voto por correo (horas o días posteriores a la noche del 3 de noviembre), sea Biden quien se ponga al frente del conteo final.

¿Qué dicen las últimas encuestas?

El mundo entero aguarda por los resultados de este 3 de noviembre; algunas proyecciones ya anticipan que estas serán las elecciones con la mayor participación registrada desde 1908 (Greve & Singh, 2020).

Esto se condice con una marcada polarización política, así como de un bajísimo número de electores indecisos (algunos los estiman entre el 2 y 5 por ciento [McGrane, 2020]).

La prudencia llama a aguardar los resultados finales, aunque es posible estudiar ambos escenarios.

¿Podría ganar Joe Biden?

El candidato demócrata, exsenador y exvicepresidente Joe Biden, arrastra una importante ventaja en las encuestas nacionales desde abril, con una actual diferencia promedio de 7.5 puntos porcentuales sobre el presidente Trump (esto es, con datos al 27 de octubre, 51.2 por ciento para Biden y 43.7 por ciento para Trump).

 

Pese a ello, es importante tener en consideración que para las elecciones presidenciales de 2016, entre Hillary Clinton y Donald Trump, la candidata demócrata era la favorita en las encuestas, pero perdió en el número de votos del Colegio Electoral ante el candidato republicano.

Según William Galston (2020), Senior Fellow de The Brookings Institution, Trump podría repetir esta hazaña en 2020, pero resultaría poco probable que lo hiciera de perder en el voto popular por un margen mayor al que tuvo cuatro años atrás.

Desde la elección de Trump en 2016, agrega Galston, los encuestadores comenzaron a mejorar la calidad de sus estudios en los estados bisagra; calidad requerida para las proyecciones de los resultados de 2020.

 

La brecha entre el voto popular y el del Colegio Electoral volverá a ser crucial para estas elecciones, sumando el desafío de una masiva participación vía votos por correo.

Esto representa un reto logístico para el país, debiendo garantizar un conteo rápido y exacto de los sufragios. Varios analistas discuten no solo de la noche electoral, sino también de la “semana electoral” e incluso “mes electoral”, en consideración de los 35 días que tienen los estados como plazo para entregar sus respectivos resultados.

¿Podría ganar Donald Trump?

Si bien el candidato demócrata Joe Biden cuenta con una ventaja importante en las encuestas, su victoria no está del todo garantizada, según advierten los analistas Alex Clark y Dominic Gilbert (Telegraph, 28 de octubre de 2020).

La contienda política en estados clave como Florida, Texas, Ohio e Iowa pueden evitar que Biden –pese a su ventaja en el voto popular– alcance los 270 votos necesarios para asegurar su presidencia. Ante tan estrecha diferencia, eventos importantes (como la aparente recuperación de COVID-19 del presidente Trump) pueden marcar la diferencia y mover la balanza hacia un lado u el otro.

Las altas probabilidades de que Joe Biden resulte electo se asoman como peligrosamente familiares para la contienda demócrata, a la luz de lo acontecido en la elección anterior.

Cualquier movimiento en falso puede costar la ventaja alcanzada hasta este momento, ante un candidato republicano que busca capitalizar cualquier escándalo –real o artificial– para alcanzar su victoria.

Los temas claves para la elección norteamericana

Según los resultados obtenidos por el Pew Research Center (encuesta realizada entre el 6 y el 12 de octubre), un 74 por ciento de votantes apuntó a la economía como un aspecto muy importante para su voto en estas elecciones presidenciales.

Esto se condice con la delicada situación económica por la que cruza Estados Unidos, en función de las medidas sanitarias adoptadas para enfrentar el COVID-19. A la par, un 65 por ciento de los respondientes indicó que “el cuidado de la salud”, y un 55 por ciento que el “brote de coronavirus” eran temas muy importantes para su voto.

Así, y al diferenciar entre votantes, es posible notar una tendencia: aquellos que apoyan a Trump tienen mayor interés sobre la economía, mientras que aquellos que prefieren a Biden parecen estar más preocupados sobre la situación sanitaria del país.

Esto es congruente con el foco que utilizó Trump en su campaña anterior, así como con las críticas que ha recibido por su bullada gestión ante la pandemia de coronavirus.

 

La batalla por el Congreso

El Congreso de los Estados Unidos tiene dos cámaras: El Senado y la Cámara de Representantes. A diferencia de las presidenciales, las elecciones del Congreso se basan en el voto popular para elegir a los ganadores, y no en los votos de los electores del Colegio Electoral.

Mientras que el número de asientos que tiene cada estado en la Casa de Representantes está definido por su población, en el Senado es igual para todos los territorios del país, con dos asientos por cada estado.

El 2020 se elegirán 35 nuevos miembros de los 100 del Senado, además de renovarse los 435 cargos de la Cámara de Representantes.

Composición actual en el Congreso de EE.UU.

 

Así, 3 senadores republicanos no irán a la reelección (L. Alexander, M. Enzi y P. Roberts), mientras que solo 1 senador demócrata indicó que no irá a la reelección (T. Udall).

En la cámara baja, por su parte, 26 representantes republicanos, 9 representantes demócratas, y el único representante libertario, indicaron que no van a la reelección en la Cámara de Representantes.

Por un lado, la disputa por el Congreso es fundamental ya que, incluso si Biden derrota a Trump, este no podrá aprobar leyes sobre temas clave a menos que los demócratas tomen simultáneamente el Senado, donde los republicanos actualmente tienen una mayoría de 53 escaños ante los 45 demócratas.

Los republicanos enfrentan un mayor riesgo en las elecciones. Defienden 23 escaños, mientras que los demócratas defienden 12.

Para asegurar la mayoría, los demócratas necesitarán quitarles 3 escaños a los republicanos, de ser electo Joe Biden, o 4, de ser reelecto el presidente Trump.

Esto, en función de que es el vicepresidente quien dirime los empates en el Senado.
Las últimas encuestas muestran que los demócratas podrían lograr una mayoría en el Senado.

Según el último pronóstico del Cook Political Report, los aspirantes de la oposición en dos estados, Arizona y Colorado, parecen tener una buena posibilidad de derrotar a los contrincantes republicanos, mientras que solo un candidato demócrata en Alabama se ve especialmente vulnerable (Kirk, McCarthy y Robertson, 26 octubre de 2020).

 

Por otro lado, las elecciones de la Cámara de Representantes también muestran un escenario favorable a los demócratas según las últimas encuestas. Sin embargo, los estados bisagra (también llamados toss up) también tendrán un impacto y requerirán especial atención. Según las últimas proyecciones del Cook Political Report hay 26 asientos que se mantienen relativamente impredecibles.

 

¿Trump o Biden? El impacto regional en América Latina

Los expertos concuerdan que los desafíos de la pandemia llevarán a que las prioridades del nuevo presidente estén aún más fuertemente enfocadas en lo doméstico.

Por ejemplo, Joe Biden ya propuso un plan que prioriza los empleos de los estadounidenses, excluyendo incluso las relaciones comerciales con América Latina.

Como menciona Michael Shifter, Presidente del Diálogo Interamericano, las relaciones comerciales con la región no van a tener tanto impacto si hay un cambio de presidente, debiendo tener “expectativas más modestas” de los esfuerzos de Biden para revivir el multilateralismo (Belchi, 10 de agosto de 2020).

La realidad es que la política exterior hacia América Latina tanto con Trump como con sus antecesores no ha sido estratégica y coherente, sino más bien cortoplacista (Riveros Santos, 29 de octubre de 2020).

Sin embargo, y a pesar de que la política exterior parece ser un tema secundario para la campaña, lo que se juega es un cambio de enfoque en las relaciones del país con América Latina (Carpineta, 24 de octubre de 2020).

Hay dos áreas que contemplan medidas específicas y que son especialmente relevantes a mencionar: las de cooperación económica y las respectivas a la inmigración. Ambas han demostrado tener una estrecha relación durante el mandato de Trump.

El presidente Trump suspendió la mayor parte de la ayuda exterior a los países del Triángulo Norte. Se justificó esta medida porque se mantenía el flujo migratorio y las solicitudes de asilo por parte de ciudadanos centroamericanos en Estados Unidos.

Más de 100 miembros del Congreso se opusieron al recorte (WOLA, 7 de mayo de 2019) sosteniendo que la ayuda era fundamental y que estaba teniendo impactos positivos en El Salvador, Guatemala y Honduras.

El hecho ilustra cómo Trump ha establecido un enfoque condicional hacia la ayuda económica donde los países tendrían que adoptar medidas estrictas para frenar la inmigración para recibir los fondos.

Biden, por otro lado, se ha comprometido a renovar el compromiso de Estados Unidos en la región, que incluiría una cooperación económica de 4 mil millones de dólares.

Otro tema clave es la presión que ha ejercido Trump a los países de América Latina con relación a China. El mandatario ha tratado de contrarrestar la creciente influencia comercial de China desafiando, por ejemplo, a la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).

Sin embargo, y considerando que China está entre los primeros socios comerciales de Chile, Perú, Brasil y Costa Rica, entre otros, será muy difícil poner a los países de la región en esa encrucijada.

Las relaciones entre China y América Latina ya se encuentran consolidadas y muchas economías nacionales dependen en gran parte de la exportación de sus productos al gigante asiático.

A América Latina le conviene significativamente que el candidato demócrata llegue al asiento presidencial, no sólo por los constantes ataques xenófobos hacia la comunidad latina, pero también porque las posturas de Trump hacia la región son impredecibles.

En palabras de Michael Shifter (16 de octubre de 2020), es la primera vez que se ve un predominio tan grande de la agenda personal de un mandatario en la política estadounidense.

Es solo cosa de mirar su discrecionalidad hacia diversos regímenes autoritarios en el mundo. Mientras que recientemente ha tenido una postura firme con relación a Venezuela y Cuba, no queda claro de que sea por convicción o por su interés electoral en el estado bisagra de Florida (Crowley, 10 de julio de 2020; Valencia, 7 de octubre de 2020).

¿Qué ocurrirá después de las elecciones si Trump es reelecto?

Es difícil hacer conjeturas concretas más allá de una continuidad de su agenda anticomercio y antinmigración.

Con Biden, por el contrario, se puede esperar el retorno a un estilo más tradicional y cooperativo, además del fin al alineamiento con demagogos regionales como el Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

El equipo de Biden ha sostenido que buscarían trabajar en colaboración con Brasil, pero que desafiarían a su mandatario en temas relacionados con la degradación ambiental y la corrupción (Londoño, 27 de octubre de 2020).

Bolsonaro ya rechazó una de las ideas propuestas por Biden, vinculada a la creación de un fondo internacional para preservar la Amazonía en el que Estados Unidos contribuiría 20 mil millones de dólares (Charner y Kottasová, 30 de septiembre de 2020).

Estas son, muy probablemente, las elecciones más polarizadas en los últimos 30 años en Estados Unidos, con un presidente que va a la reelección en medio de una profunda incertidumbre política, económica y social, con un cuestionamiento profundo sobre el reconocimiento de sus resultados.

Cualquiera sea el panorama político de Estados Unidos, este siempre será relevante para América Latina, a pesar de que los expertos concuerdan que los cambios no serán drásticos en cuanto a su relación con la región.

Este escenario nos obliga a reforzar nuestros vínculos regionales, con una colaboración especialmente necesaria en tiempos de pandemia.

Referencias

Belchi, A. (2020, 10 de agosto). ¿Qué cambiará en América Latina si Trump es reelegido, o Biden gana la presidencia? Obtenido de VOA Noticias: https://tinyurl.com/yyzdrrlt

Carpineta, M. L. (2020, 24 de octubre). Biden vs Trump: América Latina se juega sólo un cambio de estilo. Obtenido de Telam: https://tinyurl.com/yymg7ucg

Charner, F., Kottasová, I. (2020, 30 de septiembre). Brazil’s Bolsonaro rejects Biden’s offer of $20 billion to protect the Amazon. Obtenido de CNN: https://tinyurl.com/y259fevs

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