
El politólogo Daniel Zovatto sostiene que este ensayo electoral mostrará quién tiene músculo político y quién solo capital simbólico en Colombia
Por Daniel Zovatto
En Colombia, la carrera hacia la Casa de Nariño comienza mucho antes de la primera vuelta, y este domingo el país vivirá un ensayo general sin que los dos aspirantes que encabezan las encuestas aparezcan en la papeleta. Las consultas internas de tres grandes bloques —izquierda, derecha y centro— medirán fuerzas, activarán maquinarias y redefinirán liderazgos de cara al 31 de mayo, mientras los favoritos observan desde la barrera. En paralelo, se elegirá un nuevo Congreso: 103 senadores y 183 representantes que conformarán un Parlamento previsiblemente fragmentado, donde las mayorías volverán a negociarse voto a voto.
La experiencia reciente del Gobierno de Gustavo Petro confirma que quien llegue a la Presidencia deberá gobernar en minoría o tejiendo alianzas inestables. Así, aunque la atención mediática se concentre en los nombres presidenciales, la verdadera llave de la gobernabilidad estará también en la aritmética legislativa.
La paradoja más llamativa es que los dos protagonistas del momento no competirán en estas primarias. En la izquierda, Iván Cepeda —heredero político del proyecto petrismo y líder en intención de voto— quedó fuera por decisión del Consejo Nacional Electoral, lo que abrió un espacio inesperado de disputa interna. Roy Barreras intentó capitalizar esa ausencia con la ambición de reunir una votación suficientemente robusta que le permitiera negociar el liderazgo progresista, pero su impulso se ha debilitado en las encuestas y ha emergido Daniel Quintero como posible vencedor de la consulta.
En la derecha, Abelardo de la Espriella, segundo en intención de voto con un discurso radical y confrontacional, tampoco participará formalmente en la primaria conservadora. Allí la figura clave es Paloma Valencia, respaldada por el expresidente Álvaro Uribe, quien busca proyectarse como una opción más institucional capaz de disputar el centro y frenar al outsider. Ambos sectores libran así una batalla interna que, aunque no incluya a los favoritos, puede alterar el tablero y redefinir la narrativa de la campaña.
Entre esos polos intenta sobrevivir un centro político fragmentado que apela a un electorado amplio pero disperso: ciudadanos que rechazan tanto el legado de Uribe como el proyecto de Petro. Sergio Fajardo, que tampoco compite en consulta, mantiene una base limitada y enfrenta el ascenso de Claudia López, hoy mejor posicionada en varias encuestas y favorita en la primaria centrista.
El riesgo para este espacio es la irrelevancia en un debate cada vez más polarizado.
La jornada de este domingo no decidirá la Presidencia, pero sí ofrecerá una radiografía del poder territorial, la capacidad de movilización y la fuerza real de cada bloque.
En un sistema donde las maquinarias pesan tanto como las encuestas, este ensayo electoral mostrará quién tiene músculo político y quién solo capital simbólico.
Desafíos electorales en Colombia
Por Humberto de la Calle, ex Vicepresidente, ex Ministro del Interior, ex Senador de la República de Colombia.
Es común que, en la pomposa retórica política, se acostumbre atribuir carácter histórico a cada evento electoral. En el caso de Colombia, sin embargo, en esta ocasión el término es acertado.
Durante 216 años, las elecciones casi nunca interrumpidas se desenvolvían en dilemas importantes, pero no existenciales.
Lo que comienza este 8 de marzo define el rumbo que deberá seguir la nación. En efecto, un camino es perdurar en una ruta de izquierda regida por cambios no todos alcanzados, dar un viraje autoritario o persistir en la línea ubicada en el centro del espectro político, más afín al estado de derecho convencional.
Este 8 de marzo se escogen algunos de los candidatos presidenciales mediante un mecanismo de consulta popular.
Y se elige al Congreso que, pese a su descrédito, será determinante como lo ha sido durante este gobierno.
El panorama es confuso. Por un lado, demasiadas normas bastante intrusivas en el quehacer político han generado un enjambre de controversias indeseables. En Colombia se ha venido presentado un creciente fenómeno de hiper regulación que le ha quitado espacio a la política en beneficio de disputas de abogados. No es un buen camino. Habría que limpiar muchas regulaciones.
En cambio, en la cuestión crucial de la financiación de campañas, la incapacidad del Estado ha sido notoria. En parte el fenómeno es el mismo. En vez de regular los disparadores del gasto, más fácilmente auditables, el exceso de información de gastos baladíes ha terminado incapacitando al Consejo Electoral que, si algo faltara, era apenas un remedo: carece totalmente de independencia.
En Colombia el Consejo Electoral es el gato al que se le atribuye cuidar el queso a nombre de los partidos. De hecho, a las consultas del domingo no concurren los candidatos que encabezan las encuestas.
Iván Cepeda, de izquierda, con el sello del continuismo, no lo hará porque fue inhabilitado por el Consejo Electoral tras una tortuosa discusión normativa.
Tampoco el candidato del ala más a la derecha Abelardo de la Espriella por decisión propia.
Habrá tres consultas, ubicadas en la centroderecha, que aunque no incorporan los candidatos delanteros, tienen importancia. Podrían cambiar todo el juego.
El enjambre abundante de encuestas, aunque muestran diferencia en las cifras de intención de voto francamente inexplicables, coinciden en algo: habría segunda vuelta y allí competirían los dos extremos. Cepeda a la izquierda y De la Espriella a la derecha. Un dilema que muchos miran con preocupación.
El centro se debate en su propia incapacidad de organizarse y la dispersión no superada de candidaturas. Un hecho paradójico: hasta hace pocos meses, en todas las encuestas, al indagar por la posición política del encuestado, el predominio del centro era enorme.
Ahora se le ve maltrecho, quizás no tanto (o no solo) por el cambio de posición de los votantes en un escenario tan polarizado sino por su propia incapacidad de organizarse. No obstante, si alguno de los candidatos que triunfe en las tres consultas obtiene una votación importante, aún no se puede descartar que entre a competir con los dos punteros.
En resumen, la nota clave es la indefinición. Y la convicción de que, por tanto, no es posible anticipar ningún resultado.
Los augurios sobre el Congreso muestran también dos bloques virtualmente empatados. Alrededor de 20 senadores para cada una de las agrupaciones ubicadas al extremo del cuadrante, principales protagonistas de la polarización. Los sesenta restantes jugarán al vaivén de los acontecimientos. Y los halagos del gobierno.
En el Congreso, nadie será fuerza dominante por sí misma lo que anuncia una situación basculante parecida a la actual.
Hay algunos riesgos. Los principales se derivan de una insólita campaña emprendida personalmente por el presidente, quien es el jefe del Estado, dirigida a desprestigiar a la Registraduría, cuya solvencia solo él discute. Algo sin antecedentes y particularmente desestabilizador. Nunca visto. Por fortuna, esta institución que es la que verdaderamente prepara el evento electoral, la Registraduría Nacional, ha mostrado solvencia y confiabilidad.
Hay zonas donde el control de los grupos ilegales ha aprisionado la vida cotidiana de varias comunidades sometidas a la férula de la intimidación armada. Se supone que incidirán en el voto a favor de quienes ofrezcan mayor lenidad.
El número de sufragios es imposible de calcular. Podría no ser significativo, salvo que el final resulte muy reñido.
Por fin, hay un número no despreciable de candidatos ligados a la corrupción. Varios podrían ser elegidos.
Pese a ello, se espera como es tradición en Colombia, que el día electoral sea uno de los más
pacíficos del año.
Que los millones de votantes puedan hacerlo con tranquilidad. Y que el resultado sea un paso más en el robustecimiento de las instituciones vigentes desde el nacimiento de la República.
Y en cuanto a los riesgos que he dejado descritos, algunos de ellos no podrán superarse de la noche a la mañana.
El mejor antídoto será una alta votación independiente, regida por la opinión personal libérrima de cada ciudadano. Y a en varias ocasiones, ese voto libre, más urbano, más presente en las zonas de mayor desarrollo, puede neutralizar y diluir el efecto nocivo de las flaquezas del régimen político colombiano que, pese a ello, se ha distinguido por una ejemplar continuidad democrática.
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Colombia inicia su jornada electoral con la apertura de las mesas de votación
A las 8:00 de la mañana ha iniciado formalmente la jornada electoral de este domingo.
En la jornada habrá 13 mil 746 puestos habilitados y 125 mil 259 mesas dispuestas para recibir a los votantes entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde de este domingo.