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El resultado de una operación humanitaria no termina cuando aterriza un avión. Se conoce años después, en las vidas que pudieron continuar sus sueños
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Cinco años después: cuando México abrió la puerta a las soñadoras afganas
Foto de Twitter Marcelo Ebrard. (Archivo)

 Por: Judit Arenas y Rodrigo Aguilar Benignos

Consultores Internacionales, APCO

El 24 de agosto de 2021, cinco jóvenes afganas llegaron a la Ciudad de México con pocas pertenencias y documentos tramitados a contrarreloj. Nueve días antes, los talibanes habían tomado el control en la capital, Kabul, y el aeropuerto se había convertido en la última salida para miles de personas.

Ellas formaban parte del equipo femenil de robótica de Afganistán, conocido como las “soñadoras afganas”, un grupo que desde 2017 había competido internacionalmente y obtenido reconocimiento por sus proyectos científicos, entre ellos un prototipo de ventilador de bajo costo construido con piezas usadas de automóvil. Ese trabajo las convirtió en un referente para muchas niñas afganas que se proyectaron en roles de liderazgo y carreras profesionales no convencionales. Tras el regreso de los talibanes, su misma visibilidad comenzó a ponerlas en peligro.

Cinco años después, conviene recordar cómo fue posible su salida. No existía una ruta trazada, ni había tiempo para diseñar una operación convencional, ya que era necesario comprobar identidades, gestionar documentos, coordinar puntos de tránsito, y encontrar un país dispuesto a recibirlas. Participamos en aquella articulación en la que pudimos atestiguar cómo una red internacional de voluntarios inconexos se convirtió, en pocas horas, en personas que ayudaron a 5 chicas y 73 familiares a dejar un pais que los amenazaba.

El primer paso decisivo lo dio Marcelo Ebrard Casaubon, entonces secretario de Relaciones Exteriores. Al conocer el caso, respaldó que México recibiera a las jóvenes por razones humanitarias. Su decisión le dio viabilidad política a la operación y permitió movilizar todas las capacidades de la Cancillería Mexicana. El dia de su llegada acudió personalmente al aeropuerto para recibirlas. Con ese gesto dejó claro el sentido de la respuesta mexicana: no eran un problema migratorio, sino personas que necesitaban protección.

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Foto de EFE. (Archivo)

La coordinación eficaz le correspondió a Martha Delgado Peralta, entonces subsecretaria para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Su área evaluó la solicitud, organizó la respuesta institucional y condujo las gestiones diplomáticas necesarias para el traslado y el ingreso de las jóvenes al país.

Desde APCO junto con Nicole Monge participamos en la gestión internacional que permitió conectar al equipo y sus familias con las autoridades mexicanas.

Cristopher Ballinas Valdés, entonces director general de Derechos Humanos y Democracia de la Cancillería, tuvo la responsabilidad central de la ejecución. A su equipo le correspondió convertir la decisión política en una solución jurídica y operativa: documentación, protección humanitaria, coordinación diplomática y recepción. Todo esto debía resolverse en un plazo que no admitía los tiempos ni procedimientos habituales de la burocracia consular.

Aportamos nuestra experiencia en estrategia internacional e igualdad de género, así como el acompañamiento desde su llegada a Dubai hasta la Ciudad de México; Nicole, su trayectoria en asuntos públicos y comunicación global. Nuestras responsabilidades en conjunto se concentraron en activar relaciones institucionales, quitar estorbos, facilitar logistica y abrir una alternativa en México. Nuestro papel fue acercar información, personas y capacidades. La decisión de recibirlas y la posibilidad de protegerlas correspondían al gobierno mexicano.

Esa distinción importa. Las redes privadas pueden detectar una emergencia, verificar información y abrir canales, pero sólo las instituciones públicas tienen las atribuciones para ofrecer protección, expedir documentos y asumir la responsabilidad de recibir a personas en riesgo. La operación funcionó porque todas esas voluntades se encontraron en el momento necesario.

Así, todas las capacidades se complementaron. Marcelo Ebrard tomó la decisión y le dio respaldo político; Martha Delgado dirigió la respuesta desde la subsecretaría responsable y Cristopher Ballinas y su equipo construyeron la ruta institucional junto con las Embajadas y Consulados de México en los países de tránsito. El resultado fue una actuación pública coordinada, con un objetivo concreto y una cadena de responsabilidad definida.

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Foto de EFE. (Archivo)

México tiene una historia reconocida de asilo. Por ejemplo, recibió a republicanos españoles, a perseguidos por las dictaduras sudamericanas y a refugiados guatemaltecos que huían de la violencia. Sin embargo, una tradición diplomática no se conserva únicamente mediante referencias al pasado, sino que cada generación debe ejercerla frente a casos concretos y las coyunturas que se presenten.

El 24 de agosto de 2021, México lo hizo. La política exterior dejó de ser una declaración de principios y se convirtió en una respuesta para cinco jóvenes cuya libertad estaba en riesgo. Además, la operación mostró que la velocidad de una institución no depende solamente de su tamaño o de sus recursos. Depende de que las cabezas actúen con determinación y templanza, de que las responsabilidades estén claras y los equipos sepan cómo ejecutar.

Después de décadas como consultores internacionales, hemos comprobado que las operaciones complejas requieren precisamente esa cadena. Alguien recibe la información, alguien verifica su validez, alguien construye una alternativa y alguien asume la decisión final y ejecuta un plan. Si uno de esos eslabones falla o llega tarde, la oportunidad puede desaparecer.

Por último, remarcamos que las jóvenes no fueron receptoras pasivas de ayuda. Mucho antes de su salida ya habían desafiado las restricciones de su entorno. Estudiaron, construyeron prototipos y compitieron internacionalmente. Cuando los talibanes recuperaron el poder, ellas asumieron el costo de abandonar su país y comenzar de nuevo. México no les concedió el talento, ni las aspiraciones, solo las ayudó a conservar el espacio en el que podían desarrollarlos.

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Desde entonces, distintas integrantes del equipo continuaron sus estudios y reconstruyeron sus vidas en México, Estados Unidos y Europa. Varias mantuvieron su relación con la tecnología y con la defensa de los derechos de las mujeres afganas. Su historia llegó al cine y continúa siendo una referencia para otras jóvenes interesadas en la ciencia.

Por ello, el resultado de una operación humanitaria no termina cuando aterriza un avión. Se conoce años después, en las vidas que pudieron continuar sus sueños.

Este aniversario, sin embargo, no permite una celebración completa. Afganistán sigue siendo el único país del mundo donde las niñas no pueden estudiar más allá de la primaria. La UNESCO calcula que, para 2026, alrededor de 2.4 millones han quedado excluidas de la educación secundaria. Las mujeres tampoco pueden asistir a las universidades y enfrentan restricciones para trabajar y participar en la vida pública. La operación de agosto de 2021 no resolvió esa tragedia. Hizo algo más limitado, pero concreto: protegió vidas y mantuvo abiertas oportunidades que estaban a punto de desaparecer.

Cinco años después, vale la pena reconocer a quienes hicieron posible esa respuesta: desde el gobierno de México Marcelo Ebrard, Martha Delgado, Cristopher Ballinas, y los funcionarios, abogados, enlaces y equipos de la Cancillería que trabajaron sin aparecer en la fotografía. Desde APCO, Nicole Monge y nosotros pudimos construir y mantener abierta la alternativa mexicana. Desde la sociedad civil Max Toomey y Patrizicia Cilli fueron cruciales. Trabajar con todos ellos fue un privilegio, y es el proyecto de diplmacia no tradicional más relevante en el que hemos participado y de los mas complejos. Más importante aún, fue una demostración de lo que pueden lograr las instituciones y los individuos con convicciones cuando encuentran información confiable, responsabilidades claras y personas dispuestas y capaces de actuar.

Judit Arenas y Rodrigo Aguilar Benignos

Consultores Internacionales, APCO