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Foto de EFE/Julio Muñoz

El liderazgo de Vinícius, autor de dos tantos y asistente, sumado a la exhibición física con pegada de Fede Valverde con su doblete, coronaron al Real Madrid como campeón del Mundial de Clubes, el gran dominador del planeta fútbol tras un torneo en el que exhibió tanta pegada como debilidad defensiva, superior a un Al Hilal que nunca se rindió en la lucha.

Diez encuentros vencidos de forma consecutiva, cinco conquistas del título en las nueve últimas ediciones. El poderío del Real Madrid en el mundo es aplastante. Así como la superioridad del futbol europeo en el panorama internacional. Desde 2012, cuando firmó la proeza Corinthians, nadie fue capaz de desafiarlo. Al Hilal sorprendió a Flamengo pero no le dio ante la fortaleza madridista. El fútbol saudí ha crecido a base de talonario pero aún tiene mucho camino por recorrer.

Responder ante la obligación debe valorarse. Aunque pocos tengan en consideración el título de campeón del mundo y todos concediesen el favoritismo al Real Madrid. Su momento no era bueno, navegaba entre remontadas y decepciones, por lo que la conquista es un impulso para la lucha. El segundo título de la temporada. El empujón anímico para desafiar a la lógica del físico y encarar un calendario con citas que marcarán el rumbo de su temporada.

La predisposición de Al Hilal a jugar con valentía al Real Madrid, le pasó factura. Falto de agresividad sin balón, no apretó la posesión madridista. Un equipo que crece en su confianza desde el dominio del partido, que enlaza acciones de calidad hasta encontrar la forma de hacer daño al rival. No le costó en la final. Apenas los minutos que tardó en aparecer Vinícius. Menos constante en sus intervenciones pero más letal.

Recuperados para la gran cita, Dani Carvajal aportó mayor profundidad a la banda derecha y Karim Benzema aumentó la sensación de peligro en área rival. Desacertado de inicio, demostrando en controles y alguna ocasión que de nuevo está en una particular remontada de sensaciones tras superar una nueva lesión. Mientras recupera el liderazgo, lo ejerce con orgullo Vinícius.

Era el Mundial de ‘Vini’. Alejado de la polémica que le ha rodeado en España, imponiendo su juego. Rompió la final pronto, a los trece minutos, conectando con Benzema y definiendo sin complicaciones. Pese a que Al Hilal demostró valentía ante los golpes recibidos y perdonó el empate tras un exceso de confianza de Carvajal, cuando Vietto acarició el poste con su disparo, la contundencia madridista no tuvo freno.

El físico mejorado de Fede Valverde es pura energía para el equipo de Ancelotti. Aparece para robar en una cobertura a Kroos y Modric, como para dinamizar el ataque. Castigó un mal despeje con su disparo para el 2-0. El Real Madrid sentía la final ganada en 18 minutos. Sumado a un dominio absoluto en la coctelera acaba produciendo un exceso de confianza de los que tuerce el gesto de Ancelotti.

De la nada resurgió Al Hilal. Con el mérito de no bajar nunca los brazos en el partido, lanzó un contragolpe veloz y con criterio que hizo visible un problema que sufrió el Real Madrid en todo el partido, Alaba y Rüdiger sufren con facilidad a su espalda. La relajación de ambos, el mal posicionamiento, tirar mal la línea del fuera de juego permitió correr a Marega. No perdonó el regalo de un equipo volcado que no replegó.

Fue la primera resurrección de la final con más goles de la historia del Mundial de Clubes. El momento en el que debía aparecer el rey de la competición, Kroos con seis conquistas, para poner pausa y precisión en los cambios de juego, y su socio Modric para descolgarse en ataque con criterio. La precisión ofensiva fue un contraste continuo con la debilidad defensiva. Marega tuvo el empate, encimado por Rüdiger no precisó su disparo. Le imitó Benzema, con todo para marcar tras la visión de Valverde, pero faltó de su finura habitual.

El aviso a la complacencia estaba recibido por el Real Madrid que buscó la sentencia con rapidez. Tanta como los 15 segundos que separaron el disparo de Kroos del inicio del segundo acto. Nada mejor para despejar los momentos de duda que el gol. Y para ello volvió a aparecer con papel decisivo Vinícius. Encaró a dos rivales y cuando se podía esperar por su valentía una acción de regate, inventó un pase de exterior a la llegada con todo de Benzema.

Entre el tercer y cuarto tanto madridista transcurrieron cuatro minutos. Al 58 se sintió campeón definitivamente cuando la banda derecha volvió a tener el protagonismo perdido. Carvajal y Fede Valverde se aliaron en una jugada de dos que el uruguayo mandó a la red con la calidad del delantero puro, picando el balón a la salida del portero. Su undécimo tanto del curso. La apuesta ganada de Ancelotti que no romperá su carnet. Su jugador llegó a la cifra marcada.

La fiesta madridista no fue perfecta porque su defensa se encargó de empañarla. Alaba fuera de sitio y Rüdiger perdiendo de nuevo la marca a su espalda para dar la oportunidad a Vietto de exhibir su calidad en la definición ante un Lunin sin respuesta alguna.

En esta ocasión hubo un freno inmediato a la reacción de Al Hilal, que cayó de pie y dando la cara hasta el final. Se encargó Vinícius, poniendo la firma al quinto con un gesto de escuela en la definición con el exterior de la bota. En el pique por grandes goles apareció de nuevo Vietto ante una defensa de mantequilla para firmar su doblete y el punto final a un Mundial de Clubes con claro dominio del Real Madrid.

Con información de EFE