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Ocho con Ocho: Al borde de la pandemia
Diego Silveti. Foto Ángel Sainoz.

Por Luis Ramón Carazo.

El modelo de negocios de los toros depende principalmente de la asistencia del público a las plazas y a diferencia de los deportes profesionales, el toreo obtiene muy poco dinero de los patrocinios por diferentes motivos, lo cual hace más compleja la continuidad en el momento que vivimos en el planeta, con el toro del coronavirus embistiendo descompuesto.

Por ello fue muy significativa la corrida que se celebró el domingo 15 de marzo en la plaza El Pinal, en la serranía poblana en la bella población de Teziutlán, Puebla, organizada por la empresa de los López Lima padre e hijo y Óscar Sierra, el propósito celebrar 478 años de fundación de la población que muchas veces convive con las nubes.

En ese lugar se recuerda a hombres ilustres como los Ávila Camacho y a Antonio Espino mejor conocido como Clavillazo; Maximino fue socio de Neguib Simón en la construcción de La México, ganadero y empresario taurino, Clavillazo torero cómico y dueño de un cortijo La Movida en la zona de Satélite.

La plaza es muy bella y tiene como cada una su sello y a ella acuden de lugares circundantes como es el caso de muchos ganaderos tlaxcaltecas que asistieron a la que sería la última corrida antes de la cuarentena que debemos guardar para protegernos.

La plaza es techada y fue hasta principios de los años sesenta cuando para cubrirla se colocó un lona, teniendo como atractivo principal de cartel al matador español Manuel Benítez “El Cordobés” alternando con el mexicano Raúl García. Su nombre, El Pinal, se debe a que la zona donde fue construida predominaban los árboles de pino.

En la corrida del 15 de marzo de 2020, en la suerte suprema arriesgó Diego Silveti y como premio le otorgó el juez de plaza dos trofeos, mientras que por la misma El Zapata solamente obtuvo uno y Luis Ignacio Escobedo puso voluntad sin que le acompañara el éxito.

La corrida se celebró con astados de la ganadería hidalguense de Torreón de Cañas y uno de Las Huertas que sustituyó al primero de la ganadería titular que me pareció emotivo, los de Julio Uribe resultaron en conjunto potables y de pintas variadas; destacándose por sus cualidades de embestida, el segundo de pelaje y nombre Carbonero, muy bien toreado especialmente con la mano izquierda, por Diego Silveti.

Falló en la suerte suprema con Carbonero, pero en su segundo, supo enderezar una faena con tandas largas emocionando a la concurrencia, que asistió en buen número. Cuando al encuentro, realizó en corto y por derecho la suerte suprema, logró una gran ejecución, aun con el riesgo inminente de una cornada; el público emocionado demandó dos trofeos y el juez los otorgó, para que al finalizar del festejo se fuera cubierto por su capote guadalupana en hombros de los aficionados del bello coso de la sierra poblana.

El Zapata demostró gran variedad en su toreo y por la suerte suprema no compartió la salida en hombros con Diego, en su segundo se prodigó en los tres tercios hasta lograr entusiasmar a la parroquia y solamente por la suerte suprema su premio fue uno.

Luis Ignacio Escobedo esforzado, sigue en busca de continuidad en sus actuaciones que son escasas y a punto estuvo de sufrir un grave percance del que se libró a Dios gracias.

Fue en Teziutlán, en un mano a mano con Manolo Martínez el 13 de agosto de 1987, cuando Miguel Espinosa “Armillita” obtuvo una pata, además de los máximos trofeos de un toro de La Venta del Refugio. Vale la pena por tanto acudir a su feria que se celebra entre julio y agosto de cada año, en una plaza de prosapia.

En fin y así las cosas, se cierra el toreo, mientras capeamos el temporal de la pandemia, deseamos que al regreso, todos gocemos de salud y nos congratulemos. Que así sea.

Texto publicado en De sol y Sombra