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¿No disfrutas con la música? La respuesta está en una desconexión entre áreas cerebrales
Foto: Unsplash

La anhedonia musical específica es una condición por la que a algunas personas -pocas- no les gusta la música: son insensibles a ella y no sienten placer al escucharla, a pesar de tener una audición normal y la capacidad de disfrutar de otras experiencias o estímulos. Pero, ¿por qué ocurre?

Una investigación apunta a una desconexión entre regiones cerebrales, en concreto entre el circuito de recompensa -sistema neuronal que permite asociar situaciones como comer o la práctica sexual a una sensación de placer- y la red auditiva.

Detrás de este trabajo hay un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona (UB), el mismo que hace diez años descubrió que efectivamente hay un pequeño grupo de personas que no disfruta de la música -se especula que alrededor de un 3 % de la población-.

En aquella ocasión, tras varios experimentos con un grupo de 30 voluntarios, los científicos constataron que las personas con esta anhedonia específica no presentaban un incremento en la actividad cardíaca ni en la conductancia de la piel (medición de la sudoración) al oír música placentera, como sí lo hacían aquellas sensibles a las melodías.

Ahora, en un artículo de revisión publicado este miércoles en la revista Trends in Cognitive Sciences de Cell Press, van más allá. En él, los autores describen los mecanismos cerebrales que subyacen a esta condición y analizan cómo su comprensión podría revelar otras diferencias en la forma en que las personas experimentan el placer.

Además, mencionan la literatura científica que durante estos años se ha publicado sobre esta condición y proponen un modelo cerebral -no solo para la música- que sugiere que las experiencias de recompensa dependen tanto del funcionamiento general del sistema de recompensa como de las interacciones específicas de este con la red perceptual.

En este sentido, apuntan que es posible, por ejemplo, que las personas con anhedonia alimentaria específica tengan algún déficit en la conectividad entre las regiones del cerebro involucradas en el procesamiento de los alimentos y el circuito de recompensa.

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Para llegar a sus conclusiones e identificar la anhedonia musical, los científicos hicieron varias pruebas con 45 personas, divididas en tres grupos (con respuesta emocional alta, media y baja a la música), explica Josep Marco-Pallarés, del Departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación de la UB y uno de los firmantes.

Los investigadores, entre los que también está Ernest Mas-Herrero, desarrollaron una herramienta (cuestionario de recompensa musical de Barcelona) que mide lo gratificante que resulta la música para un individuo.

Este examina cinco formas diferentes en las que la música puede ser reconfortante: evocando emociones; ayudando a regular el estado de ánimo; fomentando las conexiones sociales; a través del baile o el movimiento; y como algo novedoso que buscar, coleccionar o experimentar, explica un comunicado del grupo Cell.

Las personas con anhedonia musical suelen obtener puntuaciones bajas en los cinco aspectos.

A los participantes también se les realizaron resonancias magnéticas funcionales mientras escuchaban distintas piezas, entre ellas “Las cuatro estaciones“, para medir la actividad eléctrica cerebral.

Estas respaldaron la idea de que la anhedonia musical específica se debe a una desconexión entre áreas del cerebro. Estas personas pueden percibir y procesar melodías musicales, lo que significa que sus circuitos cerebrales auditivos están intactos, pero simplemente no obtienen placer al hacerlo.

Del mismo modo, las resonancias mostraron que, al escuchar música, los individuos con anhedonia musical tienen una actividad reducida en el sistema de recompensa, pero un nivel normal de actividad en respuesta a otros estímulos gratificantes, como ganar dinero, lo que indica que este circuito también está intacto.

Esta falta de placer por la música se explica por la desconexión entre el circuito de recompensa y las áreas perceptivas, en este caso la red auditiva, y no por el funcionamiento del sistema de recompensa en sí, sostiene Marco-Pallarés.

Aún no está claro por qué se desarrolla esta condición, pero los estudios han demostrado que tanto la genética como el entorno podrían influir. El equipo colabora con genetistas para identificar genes específicos y también planea investigar si se trata de un rasgo estable o algo cambiante durante la vida, y si puede revertirse.

Con información de EFE.