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Los medicamentos para bajar de peso: ¿son “trampa”?
Foto de Diana Polekhina en Unsplash

Cada vez es más frecuente que la población esté enterada de los nuevos fármacos para la diabetes y la obesidad, pero ¿usarlos es “trampa”? La respuesta objetiva es no. Estas nuevas terapias son coadyuvantes en los cambios de estilo de vida y, en ciertos casos, se complementan con otras terapias farmacológicas.

Pero, ¿qué son en sí estos medicamentos? La nueva tendencia de fármacos inyectados y orales —como la semaglutida— pertenecen a un grupo denominado agonistas del receptor de GLP-1. La noticia es que no se trata de un efecto mágico; nosotros mismos producimos esta hormona en la porción terminal del intestino delgado cuando el cuerpo detecta la llegada de nutrientes, aunque el medicamento nos ofrece una versión modificada y resistente de esta hormona, de ahí emergen los beneficios.

Es común que exista el llamado “efecto rebote”. Esto significa que, al suspender el tratamiento, el paciente puede recuperar parte del peso perdido. Esto tiene una causa fisiológica clara: al retirar el fármaco, el apetito aumenta y hay una reducción marcada de la saciedad, lo que deriva en una recuperación parcial o total del peso.

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Es por ello que debemos enfatizar que la principal línea de tratamiento sigue siendo el cambio en el estilo de vida. Esto incluye adoptar patrones de alimentación como la dieta Mediterránea o DASH, realizar al menos 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana y, sobre todo, acudir con un profesional de la salud para individualizar cada caso.

La literatura médica actual recomienda evitar la interrupción abrupta del tratamiento. Se deben considerar estrategias de transición o mantenimiento para minimizar el rebote, especialmente en pacientes que han logrado beneficios clínicos significativos. No es solo la frustración de recuperar kilos, sino también la pérdida de una inversión económica considerable: en promedio, una persona en tratamiento durante un año desembolsa cerca de $50,000 pesos. Definitivamente, no es una terapia al alcance de todos y, quienes pueden costearla, deben optimizarla para obtener los resultados esperados.

Estas nuevas terapias nos facilitan vivir más y mejores años. Es una realidad que no todos pueden pagarlas, pero quienes tengan la posibilidad deben aprovechar su máximo beneficio. No es una trampa; es gozar de los beneficios de vivir en una era donde la ciencia pone estas herramientas a nuestro alcance.

Por: Dr. Maximiliano Téllez-Girón