
Todos hemos escuchado el término “golpe de calor”, pero ¿qué es realmente y cómo afecta al organismo?
No es inusual que, durante esta temporada, los servicios de urgencias reciban pacientes con temperatura alta en extremo, alteraciones del estado mental o convulsiones. Se trata, por lo general, de personas que realizaron actividades al aire libre o permanecieron periodos prolongados en espacios con ventilación deficiente. Todos hemos escuchado el término “golpe de calor”, pero ¿qué es realmente y cómo afecta al organismo?
Aunque el golpe de calor se define técnicamente como una temperatura central superior a los 40°C acompañada de una disfunción del sistema nervioso central, existen pródromos —síntomas iniciales— que permiten identificarlo a tiempo. El factor determinante que diferencia el golpe de calor del agotamiento por calor es la alteración del estado mental: confusión, delirio, cambios de comportamiento, agitación o habla arrastrada. En etapas tempranas, también pueden presentarse mareos, debilidad, náuseas y vómitos; en casos críticos, el cuadro progresa a convulsiones e incontinencia.
Durante un episodio, es común observar un aumento en las frecuencias cardiaca y respiratoria, así como hipotensión. Es vital distinguir las variantes: mientras que la sudoración es típica del golpe de calor por esfuerzo, en el golpe de calor “clásico” la piel suele presentarse caliente y seca.
La prevención comienza con la identificación de los grupos vulnerables: niños, adultos mayores y quienes trabajan a la intemperie en climas áridos. Mantener espacios frescos mediante aire acondicionado o nebulización es fundamental. No obstante, hay un dato crucial que suele ignorarse: los ventiladores son ineficaces si la temperatura supera los 37.2°C en condiciones secas (donde incluso pueden ser perjudiciales), aunque mantienen su utilidad hasta los 42°C en ambientes húmedos.
Ante la sospecha de un golpe de calor, la intervención inmediata es imperativa:
1. Trasladar a la persona a un lugar techado, fresco y ventilado.
2. Retirar el exceso de ropa.
3. Iniciar enfriamiento rápido, idealmente mediante inmersión en agua fría.
4. Administrar agua por vía oral, únicamente si el paciente está consciente y la tolera.
Si una persona presenta señales de alarma tras una exposición prolongada al sol, debe ser trasladada de inmediato a un hospital. El calor no solo agota; el calor también cobra vidas.
Dr. Maximiliano Téllez-Girón
@DrTellezGiron