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Planta de microchips en Arizona, un alivio tecnológico para EE.UU. con retos ambientales
Foto de Chris Ried / Unsplash

La construcción en Arizona de una planta taiwanesa de microchips forma parte de la estrategia de EE.UU. para proteger su futuro económico y tecnológico, pero preocupa a los ambientalistas por la gran cantidad de agua que requiere su funcionamiento en un estado azotado por una fuerte sequía y las altas temperaturas.

Los ecologistas han mostrado su preocupación ante el impacto al agua que tendrá para Arizona la multimillonaria inversión del gobierno estadounidense de Joe Biden y el gigante de los microchips Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) para este fin.

Los chips que producirá TSMC serán esenciales para sustentar el avance de la inteligencia artificial (IA), así como de tecnología existente, desde computadoras y teléfonos inteligentes hasta simples televisores.

Sin embargo, la producción de los semiconductores es una industria que requiere el uso de miles de litros de agua diarios para su sistema de enfriamiento y que podría afectar seriamente a un estado donde el agua es cada vez más difícil de conseguir, según el grupo ambientalista Sierra Club.

“Nuestra principal preocupación de plantas y proyectos como este es que se están estableciendo muy cerca de áreas metropolitanas como la ciudad de Phoenix, donde inclusive ya se han puesto restricciones sobre desarrollos urbanos debido a la escasez de agua”, dice a EFE, Sandy Bahr, directora de Sierra Club en el área del Parque Nacional de Gran Cañón, en Arizona.

En abril pasado, el Gobierno Biden anunció una subvención de hasta 6 mil 600 millones de dólares para TSMC para establecer en este estado una de un total de tres plantas de producción, mientras que la empresa prometió una inversión adicional de 25 mil millones de dólares para el proyecto.

La construcción de varias plantas de semiconductores en el país responde a un plan a largo plazo para proteger el futuro económico y tecnológico del país, declara a EFE, Yogging Wang, profesora de Economía en el Colegio de Finanzas Eller de la Universidad de Arizona.

“Ante la latente posibilidad de un posible conflicto bélico entre China y Taiwán, donde China podría tomar el control de las plantas de TSMC, esto podría poner en jaque la economía de Estados Unidos y del mundo’, manifiesta la experta.

Recuerda que actualmente EE.UU. compra el 92 por ciento de sus semiconductores a TSMC provenientes de sus plantas en Taiwán.

Hace dos años la Administración Biden anunció el plan ‘Chips and Science Act’ con 52 mil millones de dólares para estos desarrollos.

Sin embargo, análisis de la organización sin ánimo de lucro Ceres, con sede en Boston y dedicada a impulsar iniciativas que aceleren el uso de energía verde, indican que la manufacturación de chips puede requerir de un promedio de 15 millones de litros de agua por día.

Es más que toda el agua que consume durante un año un centro de procesamiento de información, infraestructura que también demanda alto consumo del líquido para procesos de refrigeración.

“Sabemos que la producción de los microchips utiliza demasiados recursos como es la electricidad y el agua, algo que tenemos que estar vigilando muy de cerca, al igual que no exista una posible contaminación del agua”, asegura la ambientalista Bahr.

La idea es que las tres plantas de Arizona estén funcionando para finales de la década y produzcan los chips más avanzados de TSMC, además de impulsar miles de empleos en Arizona.

“Se debe de encontrar un balance en la conservación y la planeación de desarrollo del estado”, remarca Bahr.

Agrega que muchas de estas industrias que consumen recursos naturales se están estableciendo en Arizona debido a que no existen regulaciones que lo impidan, como las hay en otros estados como California.

TSMC no ha dado cifras de cuánta agua será utilizada en sus plantas en Arizona, pero en declaraciones enviadas a EFE indica que el objetivo es que la mayoría del agua se recicle para su uso continuo.

El agua para la producción de los semiconductores podría venir del Río Colorado, una de las principales fuentes hídricas en el suroeste estadounidense.

Se trata de una fuente que acapara la atención ambiental a causa de que sus niveles han bajado drásticamente en los últimos años por las altas temperaturas y la sequía en esta región.

“El calentamiento global nos indica que las cosas no van a mejorar, al contrario, cada vez estamos enfrentando cambios climáticos más drásticos, por ello debemos urgir a encontrar un balance para preservar nuestros recursos naturales, frente al desarrollo económico”, comenta Bahr.

En el último año varias ciudades en Arizona se han comprometido a reducir el uso de agua proveniente del Río Colorado para preservar esta fuente.

La ciudad de Phoenix se encuentra tomando los primeros pasos para la construcción de una planta de reciclaje de agua, la más grande de Estados Unidos y que tendrá una capacidad inicial de purificar 50 millones de galones de agua al día.

Aunque la construcción aún se encuentra en planeación y aún no hay inversionistas para el proyecto, la ciudad quiere seguir los pasos de otras áreas metropolitanas como San Diego y Los Ángeles, en California.

“Arizona enfrenta una seria escasez de agua, vemos que la legislatura estatal está buscando puntos débiles en las leyes estatales para permitir el establecimiento de industrias y desarrollo urbano, sin embargo debemos pensar muy bien qué se puede lograr y qué no sin poner en riesgo los recursos naturales”, puntualiza Bahr.

Con información de EFE