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Otra vez Donald Trump con su arma de destrucción masiva. Otra vez, como en los peores días de su campaña electoral, usa su cuenta de Twitter para hacer pedazos la confianza en México.

No acababa el presidente de Estados Unidos de tirar la bomba de los aranceles sobre nuestro país, si no se convierte en el autoritario policía que impida que mexicanos y extranjeros crucen de manera ilegal hacia su territorio, cuando el tipo de cambio ya acumulaba una depreciación de 2 por ciento.

Es evidente que el presidente de Estados Unidos mide sus acciones desde una perspectiva electoral. Su discurso antiinmigrantes, la insistencia de construir un muro en la frontera común con México, va dirigido a ese público elector que podría reelegirlo en el 2020. No mide las consecuencias financieras y económicas de sus actos. La aplicación de un arancel a toda importación mexicana a partir del 10 de junio afectará, de entrada, a sus consumidores. Serán ellos los que al final pagarán ese sobreprecio.

Seguramente algunos sectores exportadores de nuestro país podrían resentir este impuesto a la importación ante la competencia de productos similares de otros mercados. Pero la mayoría trasladará el costo a los consumidores estadounidenses.

Ayer por la tarde, tan pronto como escupió su tuit, Donald Trump inició la consulta de las autoridades mexicanas con los expertos en comercio exterior del sector privado para considerar una respuesta.

México ha encontrado en la reciprocidad arancelaria una muy efectiva respuesta a los desplantes comerciales estadounidenses.

Sólo que ahora las autoridades mexicanas tendrán que lidiar con la realidad de que Trump impuso un arancel universal a las exportaciones, y esto tendrá que llevar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador inicialmente a un control de daños financieros.

Hoy mismo es el día de probar la habilidad de contención en los mercados, y después de saber responder con todo respeto, pero con firmeza, ante la intención de Donald Trump de dictar la política migratoria mexicana a través del garrote arancelario.

Todavía hasta la mañana de ayer el panorama comercial con Estados Unidos parecía alentador.

El presidente había ordenado un periodo extraordinario para la aprobación senatorial del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá. Los socios canadienses están en ese mismo proceso.

Y Donald Trump, en una falta de respeto total a los acuerdos que tenía con la líder demócrata de la mayoría de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de no enviar la declaratoria del T-MEC hasta que no lo expresara así la bancada opositora, inició el proceso legislativo de aprobación.

El presidente de Estados Unidos parece haber optado por un camino de confrontación directa con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con consecuencias financieras y económicas muy importantes para México y para su propio país. Si en las próximas horas no hay matices al embate vía Twitter, el gobierno mexicano debe ser firme y no flaquear ante las amenazas de Trump.

Por lo pronto, estaríamos en el peor momento de la relación bilateral en muchas décadas.