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Hay la metáfora de John F. Kennedy según la cual la prosperidad americana era como una marea que sube todas las balsas.

Vale decir, la idea de que el crecimiento económico por sí solo mejoraba la vida de todos y garantizaba un bienestar creciente para las entonces de por sí muy prósperas clases medias estadounidenses. Aquellas clases medias (blancas) eran la encarnación visible, la prueba de la verdad del sueño americano.

A saber, que quien estuviera dispuesto a trabajar duro podría con el tiempo tener una familia, una casa uno o varios coches, buena educación para sus hijos y, con ello, perspectivas de una vida todavía mejor en la siguiente generación.

Lo peculiar de este sueño es que era la realidad vivida por millones de hogares estadounidenses en el boom de la posguerra, al menos en los Estados Unidos blancos, que eran de cualquier manera la abrumadora mayoría de la nación.

El sueño empezó a colapsar en los 80 y 90 del siglo pasado, y se rompió en la crisis de 2008. “En 2011”, escribió Geert Mak en su espléndido libro In America (Penguin, 2015), “casi 46. 2 millones de estadounidenses vivían en pobreza, más de 15 por ciento de la población. Entre la población negra la cifra era mucho más alta: 27 por ciento”.

En 2007, más de la mitad de la población estadounidense creía que su vida actual era peor que antes. Después de 2008, dos tercios de la población creía lo mismo.

En el nido de la quiebra del sueño americano, empolló la presidencia de Donald Trump con su promesa imposible: restaurar la grandeza perdida, el bienestar añorado.

La economía estadounidense ha crecido en los años de Trump, pero los niveles de vida han seguido cayendo. La metáfora de Kennedy ha dejado de ser verdad: el alza de la marea no sube a todos, solo a unos cuántos.

¿Hay una alternativa a este rumbo fatal? Algo hay. Comentaré mañana la propuesta de Joseph Stigliz de un “capitalismo progresista” como respuesta al neoliberalismo y pasado mañana la reflexión de Jorge G. Castañeda sobre si Estados Unidos está listo para ensayar una opción socialdemócrata.

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