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Fue un concurso que decidieron que fuera cerrado, sólo cuatro empresas invitadas a presentar sus proyectos para construir una refinería en Dos Bocas, Tabasco, porque eran las mejores del mundo para hacer refinerías, explicaron entonces.

El primer efecto negativo, más allá de lo poco transparente de la decisión, fue que ceñían el concurso a unos pocos y con eso evidentemente presionaban los costos. Más competencia habría implicado mejor precio. Pero seguro este es un razonamiento neoliberal.

De los cuatro invitados, uno lo vio venir desde el principio y decidió retirarse. Otros tres se quedaron al concurso de lo imposible: una refinería de la que se espera una producción monstruosa para suplir las importaciones de gasolina, con un costo bajo y fijo, y todo operando en tres años.

La conclusión de los proyectos de las empresas expertas fue unánime: Así como lo quiere el presidente, ¡no se puede!

Desde un principio, tres de los proyectos principales del gobierno de López Obrador fueron marcados como inviables: el aeropuerto en Santa Lucía, el Tren Maya y la refinería de Tabasco.

Los adversarios, pero también los analistas expertos en esas materias, pretendieron hacerle ver al gobierno federal que carecían de viabilidad.

Sin embargo, lejos de escuchar cualquier crítica, sensata o absurda, el presidente se montó en su macho. O, mejor dicho, se montó en su ganso y quiere los tres proyectos, sí o sí.

No existe proyecto ejecutivo para la terminal aérea de Santa Lucía, pero la prometen para junio del 2021. No hay estudios de impacto ambiental, pero el Tren Maya ya se construye. Y ahora, para la refinería de Tabasco, las empresas invitadas la han declarado inviable, pero el presidente prometió en campaña dejar de importar gasolinas.

De entrada, con el control total de este proyecto desde el escritorio presidencial, nunca sabremos cuál será el costo total del proyecto. Porque una vez que inicie su construcción está claro que los verdaderos expertos calculan que los 8,000 millones de pesos presupuestados no serán suficientes.

Lo que sí podremos atestiguar es si en el 2022 la refinería de Dos Bocas será capaz de sustituir las importaciones de gasolinas, tal como insiste López Obrador.

El presidente ha perdido dos oportunidades doradas para mostrar sensatez y encontrar una salida decorosa a sus proyectos caprichosos. Y todo sin perder un sólo centímetro de esa popularidad que tanto le importa.

Cuando apareció un cerro en la ruta de aterrizaje del aeropuerto de Santa Lucía, el presidente perdió el último avión que le permitiría enmendar su decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco.

Y ahora que cuatro empresas de verdaderos expertos, depuradas por su propio gobierno para tomar parte en un concurso cerrado, le dicen que la refinería de Dos Bocas es inviable, pudo haber reenfocado todo ese dinero, 160,000 millones de pesos, a otros proyectos extractivos de Pemex que salven a esa empresa de la bancarrota.

Pero no, al grito de “me canso ganso”, el presidente insiste en acercarse a ese terreno donde se acaban las cachetaditas económicas y empiezan los verdaderos descontones financieros.

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