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Había visto todo en materia de inauguraciones prematuras de obra pública: listones cortados por el proyecto, por la maqueta, por la placa anticipatoria, por la primera piedra.

Lo que no había visto es que se inaugurara con un banderazo el arranque de los estudios necesarios para la obra misma. Es lo que se inauguró anteayer en Santa Lucía: el inicio de los estudios de ingeniería para hacer un aeropuerto de tres pistas, en cuatro fases, la última de las cuales entrará en operación en 2069.

Quien haya leído algo sobre las dificultades aeronáuticas del proyecto, tiene derecho a pensar que el aeropuerto de Santa Lucía está llamado a ser algo parecido a lo que queda del cancelado aeropuerto de Texcoco: una obra inacabada.

Conforme aparece en el horizonte el proyecto de Santa Lucía se acrecienta el fantasma del de Texcoco: una obra enorme tirada a la basura cuando llevaba más de la tercera parte hecha.

Desde el banderazo de salida para sus estudios, el aeropuerto de Santa Lucía parece también un fantasma, un fantasma que viene del futuro y que jugará a las vencidas estos años, a ver quién pierde más dinero, con el fantasma del pasado que es Texcoco.

Los dos fantasmas marcarán al nuevo gobierno como creador de infraestructura con una marca difícil de igualar: canceló la tercera parte ya construida de un aeropuerto, que se terminaría en 2024, y autorizó otro, del que apenas van a hacerse los estudios, y estará terminado en 2069.

Sobre el primer aeropuerto, había diagnósticos encontrados respecto de la calidad del suelo, los costos de su mantenimiento y las ventajas de hacerlo ahí.

Respecto de Santa Lucía, han circulado dictámenes sobre la imposibilidad aeronáutica de que convivan dos pistas paralelas en sus cielos y hace unos días hizo su aparición un cerro que estorba la tercera pista, también parte del proyecto.

Los otros planes de infraestructura del nuevo gobierno tienen también rasgos fantasmagóricos: el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas que puede costarle a Pemex una baja en su calificación crediticia, y el reanunciado tren del istmo.

Al nuevo gobierno le urge cambiar de ingenieros.