Minuto a Minuto

Deportes Familia Messi confirma que el padre de Lionel se encuentra bajo seguimiento médico
La familia Messi elaboró un comunicado oficial para referirse a la salud de Jorge, padre del astro argentino Lionel
Nacional Muere conductor tras choque e incendio en el Segundo Piso del Periférico, en Tlalpan
Ocurrió en la colonia Sección XVI, a la altura de Viaducto Tlalpan, cerca de la incorporación hacia la autopista México-Cuernavaca
Nacional Sheinbaum: FIFA pagó más de un millón de pesos por cena en Castillo de Chapultepec
La presidenta Sheinbaum reveló que la FIFA rentó el Castillo de Chapultepec previo a la inauguración del Mundial 2026
Deportes Néstor Lorenzo reconoce que Estadio Ciudad de México le pesó a Colombia
Néstor Lorenzo, seleccionador de Colombia, detalló que la atmósfera del Estadio Ciudad de México sí pesó en sus jugadores
Ciencia y Tecnología Mundial 2026: FIFA elimina casi 400 mil publicaciones dañinas en internet
El Servicio de Protección de Redes Sociales de FIFA ha revisado 3.8 millones de publicaciones en el marco del Mundial 2026

Al día siguiente de firmar un memorándum que ordenaba incumplir una ley vigente, el presidente López Obrador hizo una reflexión más desafortunada aún que su ordenanza.

Dijo que la ley era “para las mujeres y los hombres, no los hombres y las mujeres para la ley”, y que si había que escoger entre la ley y la justicia, debía optarse por la justicia.

Escaló así al discurso presidencial una justificación favorita de la costumbre mexicana de la ilegalidad: la creencia de que la justicia está por encima de la ley, y de que las leyes no deben obedecerse si son injustas, es decir, que las leyes no son necesariamente una expresión de la justicia.

Desde los años ochenta del siglo pasado, las encuestas han registrado con altos números esta creencia colectiva, quizá la creencia más poderosa de la cultura de la ilegalidad característica de México.

Me refiero a la idea de que la justicia existe en un lugar aparte de las leyes, y de que puede tener una expresión objetiva por fuera de la ley, incluso en contradicción con ella.

En el nebuloso universo de esta idea general de la justicia, las leyes pueden ser legales pero injustas: impecables en la forma, ilegítimas en el fondo.

El problema es que no hay otro referente objetivo de lo que una sociedad juzga justo que las leyes que esa misma sociedad se ha dado.

Las leyes son la partitura objetiva de la justicia al alcance de una sociedad, no hay una partitura aparte salvo en el reino de la religión, la filosofía moral, o la teología.

Para efectos de la convivencia de una sociedad, no hay otro referente objetivo de lo justo, que la ley.

Presentar lo legal y lo justo como reinos separados, es introducir la subjetividad en el ámbito de la legalidad y del estado de derecho.

Pocas cosas puede decir un presidente mexicano que coincida más con las malas costumbres y las pobres creencias de su sociedad, y que atente más contra su propia posibilidad de gobernar.

México necesita de sus gobernantes una pedagogía y una conducta objetivas de respeto a la ley, no un discurso que legitime el impresentable laberinto subjetivo de la ilegalidad mexicana.

[email protected]