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Después de casi 10 años de tasas de interés cercanas a cero y billones de dólares de estímulos adicionales en la forma de inyecciones de liquidez a los mercados, los principales bancos centrales comenzaron a acelerar su proceso de normalización monetaria en el 2018.

Dicha aceleración del proceso de normalización se dio en un contexto de robustecimiento generalizado en el crecimiento económico global, impulsado por Estados Unidos, pero también evidente en Europa y Japón.

Sin embargo, a partir del último trimestre del 2018, la economía global comenzó a dar señales contundentes de desaceleración y los mercados financieros empezaron a descontar un escenario donde la normalización de la política monetaria de los principales bancos centrales —en la forma de mayores tasas de interés y retiros de liquidez— podía convertir a la desaceleración en una recesión.

El apretón en las condiciones financieras en los mercados globales, de la mano de las tensiones comerciales y claras señales de desaceleración en Estados Unidos, Europa, Japón y China, ha obligado a los bancos centrales a reconsiderar sus planes de normalización.

El primer banco central en acelerar el paso en la ruta crítica para normalizar su política monetaria fue la Fed, que concluyó su programa de inyecciones de liquidez a finales del 2014 y comenzó a subir la tasa de interés en diciembre del 2015.

Desde entonces, la Fed ha incrementado la tasa de referencia en nueve ocasiones, llevándola a un rango de 2.25-2.50 por ciento.

Aunque el programa de la Fed para el 2019 contemplaba entre tres y cuatro alzas adicionales en la tasa objetivo y una aceleración de su programa de retiros de liquidez, las circunstancias obligaron un notable cambio de rumbo en el proceso de normalización.

La Fed se vio obligada a detener los incrementos en la tasa y a concluir de manera anticipada su programa de retiros de liquidez.

En el caso del Banco Central Europeo (ECB, por su sigla en inglés), su programa de inyecciones de liquidez comenzó en el 2015, pero en junio pasado anunció que terminaría con dicho programa en diciembre del año pasado.

Sin embargo, en su reunión de la semana pasada, el BCE se vio forzado a modificar su plan de normalización al tomar medidas acomodaticias incluyendo la posibilidad de mantener la tasa de referencia sin cambios en lo que resta del año, el anuncio de nuevas inyecciones de liquidez a partir de septiembre de este año y la confirmación de que reinvertirá todos los recursos provenientes de los intereses y vencimientos de los instrumentos financieros que adquirió como parte de su expansión monetaria.

Esta decisión se da en medio de un panorama con mayores riesgos de desaceleración y menores presiones inflacionarias.

Aunque la economía de la eurozona tuvo una importante y sostenida recuperación desde el 2017, existe evidencia tangible de una fuerte desaceleración en las cuatro principales economías de la Eurozona (Alemania, Francia, Italia y España).

Esta situación obligó al BCE a reducir los estimados de crecimiento e inflación del 2019 en la Eurozona de 1.7 a 1.1% y de 1.6 a 1.2%, respectivamente.

Por otra parte, el Banco Central de China (PBoC, por sus sigla en inglés) también anunció medidas adicionales de estímulo monetario para combatir la desaceleración de la economía de ese país incluyendo una importante reducción en los requerimientos de reservas bancarias.

Con la Fed, el BCE y el PBoC metiendo reversa a sus planes de normalización, no resultaría sorprendente que el Banco de Japón (BoJ, por su sigla en inglés) sea el próximo banco central en reconsiderar una nueva ronda de estímulos ante la falta de crecimiento y persistentes niveles de inflación por debajo de la meta.

Este cambio de rumbo en la política monetaria de los principales bancos centrales ha sido uno de los principales pilares detrás de la fuerte recuperación en los mercados financieros observada durante el 2019.