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Hasta que se les ponen las manos rojas, muchísimos festejan que nuestro gobierno no coincida con “el imperio” en el rechazo a la dictadura de Nicolás Maduro. Y es cierto, en eso no coincide con Trump. En cambio, sí coincide para funcionar como “tercer país seguro” en el tema migratorio.

Ayer Washington inició el retorno a México de los centroamericanos que cruzaron su frontera ilegalmente, para que les sean realizados aquí sus juicios migratorios: “El Departamento de Seguridad Nacional regresara individuos a México a través de los puertos de entrada”.

México coincidió con Trump en aceptar la exigencia de éste para que nuestro territorio se convierta en el famoso “tercer país seguro”, donde los centroamericanos que soliciten asilo en Estados Unidos esperarán las entrevistas y audiencias que decidirán su vida mediata.

Es decir, los deportados por Estados Unidos permanecerán en México, bajo custodia mexicana, y a cargo del erario mexicano por un periodo de hasta dos años, que es el tiempo que tardan las audiencias de solicitud de envío, incluso si los solicitantes no tienen un argumento válido.

Hay que recordar que los centroamericanos que empezaron a ser deportados ayer, para que hagan el papeleo estadounidense aquí, convivirán con grandes agrupaciones de migrantes de Haití, el Congo, India, Honduras, El Salvador, Guatemala y otros países, que aguardan lo mismo.

Se trata de una notable coincidencia de nuestro gobierno con el de Estados Unidos, aunque algunos críticos prefieren llamarle “patio trasero”, “concesión”, “ucase”. En todo caso, es algo de lo que nuestra administración no se sonroja.

Y es, hasta la fecha, la mayor concesión mexicana a Trump: aglutinar en puntos fronterizos de este lado, aunque ya lo había adelantado en el periodo de transición la actual secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero a The Washington Post: la vía del “tercer país”.

Además, en ese tiempo, el entonces Presidente electo prometió visas de trabajo a los migrantes, en lo que sería la primera vez que se aplique aquí, estrategia que estaría unida a proponerle a Estados Unidos un plan de empleos, producción y desarrollo en el sur de México y Centroamérica.

Es una visión opuesta a la del gobierno anterior, en cuya última etapa hasta deportó ipso facto a quienes violaron la valla fronteriza que nos separa de Estados Unidos y, allá, fueron reprimidos con gases lacrimógenos y balas de goma.

Sin embargo, si algo positivo tiene el concepto de “tercer país seguro” es que ya no habrá pretextos, como en el pasado, para la generación de crisis de migrantes, muchas de las cuales eran provocadas por el propio Estados Unidos, con agentes que instigaban incidentes.

Ahora, los “hermanos centroamericanos” tendrán que entender que, con la 4T México cambió.

También para ellos.