Minuto a Minuto

Nacional Aseguran más de 250 mil litros de hidrocarburo en Veracruz
Una denuncia anónima alertó a las autoridades sobre operaciones ilícitas en un inmueble de Veracruz, donde hallaron más de 250 mil litros de hidrocarburo
Nacional Cofepris emite alerta sanitaria por falsificación de lotes de Ozempic en México
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) advirtió de la falsificación de un lote de Ozempic
Deportes Fin de una era dorada: Alexia Putellas se despide del FC Barcelona
Alexia Putellas, eterna capitana del FC Barcelona Femenil, confirmó que dejará al club catalán a final de temporada
Economía y Finanzas Banco Europeo de Inversiones anuncia proyectos en México por 3 mil millones de euros
El Banco Europeo de Inversiones busca convertirse en un socio estratégico prioritario para la economía mexicana
Entretenimiento Arrebatan a Michael Jackson récord como el solista con más números 1 de la historia
La revista Billboard anunció al nuevo rey de la lista Hot 100, título que hasta ahora ostentaba Michael Jackson

¿Por qué los algoritmos producen tanto miedo? Después de todo no son sino instrucciones diseñadas para ser ejecutadas por computadoras, escritas en códigos matemáticos. Eso son, pero aparecen en nuestras pesadillas y tienen mala reputación: las organizaciones mediocres les echan la culpa cuando algo sale mal, como si los algoritmos tuvieran vida propia y no fueran una creación humana.

“Los algoritmos meten miedo, pero también generan esperanzas, ¿puede un algoritmo sentir compasión?”, se titulaba un panel del Foro Económico Mundial. La pregunta suena a ciencia ficción, un poco a la última escena de Blade Runner, pero es un asunto que está a la vuelta de la esquina. Un algoritmo de la computadora de una compañía proveedora de gas o electricidad puede ejecutar en segundos la instrucción de localizar a todos los clientes que no han pagado. Un directivo puede dar la instrucción de generar un algoritmo para que se corte el servicio a todos los clientes morosos.

La compasión es necesaria para convivir, pero no podemos esperarla de las máquinas, concluían los expertos del panel del WEF: dos expertos en tecnología, un filósofo y un sociólogo. La compasión es un sentimiento humano que puede ser inscrito en el código de una máquina para que no ejecute en automático decisiones que provocarán dolor.

¿Pueden las corporaciones ser compasivas? Esa pregunta es una especie de tema transversal en el Foro Económico Mundial 2019. El pasillo principal alberga una exhibición dedicada a la inclusión de las personas con discapacidad en actividades productivas. Hay información sobre los problemas y las potencialidades de personas con problemas de visión, audición, movilidad y también de salud mental. Hay prótesis de última generación para las piernas y las manos; ropa que permite sentir la música para quienes tienen debilidad auditiva… y estadísticas a granel. Cada año se pierden 12,000 millones de días laborables por problemas de salud mental. Esto tiene un costo de 16 billones de dólares (millones de millones), más que el costo combinado del cáncer, la diabetes y las enfermedades de las vías respiratorias.

¿Puede el capitalismo del siglo XXI ser más empático? La pregunta surgió de otros lados, pero llegó a Davos con fuerza y domina algunas de las mesas de debate. Nos esperan tiempos muy complicados, en los que decenas de millones de personas perderán sus empleos actuales por la acción de procesos de robotización y automatización. Esto ocurrirá en todo el mundo y en todas las actividades, industriales y de servicios. México es uno de los países mas vulnerables, pues cerca de 38% de los empleos actuales está en riesgo de desaparecer por efecto de la entrada masiva de las nuevas tecnologías, proyecta la consultoría McKinsey.

Está surgiendo y creciendo una nueva clase social, el precariato. Está formada por personas que sufren de precariedad laboral, una condición social y económica de máxima vulnerabilidad, donde los ingresos son impredecibles y la seguridad inalcanzable. A ella pertenecen muchas personas con discapacidad y otras personas desplazadas por la automatización. En los próximos años, este precariato crecerá más. ¿Podrán los algoritmos aliviar el precariato? ¿Quién se encarga de hacernos más sensibles?