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Donald Trump es un candidato a tirano que afortunadamente tiene frente a sí a un país con instituciones sólidas que son capaces de resistir los embates de este personaje.

El reciente resultado electoral, en el que los demócratas lograron el control de la cámara de representantes, puede implicar cierta parálisis en muchos temas importantes. Pero al menos no deja con las manos sueltas a un presidente que es capaz de promover las peores decisiones políticas.

Como sea, Donald Trump tiene también un freno entre los legisladores de su partido que no siempre están de acuerdo con su actuación y se lo hacen saber sin temores.

Muchos medios de comunicación lo pueden criticar sin que se ganen una reducción en sus presupuestos publicitarios, simplemente un exabrupto vía twitter. Otros medios lo adulan y tampoco son mal vistos.

Nada sería más peligroso para un país que tener un presidente con tentaciones autoritarias y sin controles legislativos o institucionales que le pudieran poner freno a sus impulsos.

Ninguna institución de la democracia estadounidense puede darse el lujo de parecer doblarse ante las presiones del presidente Trump, en especial la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

El hecho de que el presidente Trump haya designado a Jerome Powell como presidente de la Fed no le da derecho a tener ningún tipo de influencia en su trabajo, máxime cuando se trata del presidente del autónomo banco central.

Puede cansarse el republicano de tuitear o de acosar de cualquier otra manera a los que toman las decisiones de política monetaria, pero éstos deben mostrarse impávidos ante tales presiones.

Hoy inicia una reunión de dos días en la que la Fed deberá tomar su última decisión de política monetaria del año. En el mercado, el barómetro de tasas de interés de la Fed marca 75.8% de posibilidad de que mañana aumenten un cuarto de punto más la tasa al rango entre 2.25 y 2.5 por ciento.

Por lo que aprecia el mercado, está descontado este incremento. Pero hay dudas de si el tono inquisidor de Trump hacia la política monetaria que ha mantenido el banco central puede tener algún efecto en la toma de decisiones.

Las evidencias económicas hablan de señales de desaceleración que harían a la Fed tomarse con más calma posibles aumentos al costo del dinero durante el 2019. Pero posibles señales que envíe el Comité de Mercado Abierto de la Fed no deben interpretarse como haber sucumbido ante la altanería de Trump, quien moriría por imponer su propia política monetaria.

Es bien sabido que tan importante como la decisión de política monetaria es el mensaje que dejan los banqueros centrales respecto al futuro de sus acciones y nada sería peor que algún pequeño guiño al presidente.

Es más, deben fajarse tan bien los pantalones que deben ser capaces de señalar que, por culpa de las guerras comerciales desatadas por Donald Trump, hoy se enfrenta un peligro de desaceleración económica mundial.

Porque Trump, en uno de sus más recientes tuits para tratar de controlar a Powell, hace referencia al incendio francés y a la desaceleración china, pero los ve como hechos lejanos y aislados sin darse cuenta de que le tocan la puerta a cualquier economía, empezando por la suya.

Así que tal parece que además de tener que hacer política monetaria, la Fed está en la necesidad de hacer política-política con sus futuras acciones y declaraciones, por el bien de su economía.