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Desde que Andrés Manuel López Obrador gobernaba este país en la transición hemos visto que toma decisiones que sin duda marcan su estilo de gobernar.

Algunas tan controvertidas y sin duda equivocadas como cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), determinación que ya marcó su sexenio y las condiciones económicas y financieras que tendrá para su primer año de gobierno.

Y en medio de tantas otras decisiones que ha tomado en estos meses, mañana se dará a conocer una de sus más importantes disposiciones en materia económica.

Vence este sábado el plazo para la presentación de la iniciativa de Ley de Ingresos y el proyecto de Presupuesto de Egresos. Así que ya sea hoy o mañana en la raya, debe presentar ese esquema de cómo piensa obtener recursos para ejecutar su interminable lista de gastos prometidos.

Es deseable por el bien del país que le cuadren las cuentas y no estemos en la antesala de un incumplible catálogo de ocurrencias. Es prácticamente un hecho que, si han dejado trabajar libremente al secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, las cuentas van a cuadrar.

Sin embargo, no estará exento de los dogmas que han acompañado a la oferta política del presidente desde sus campañas.

A reserva de sorprendernos con su contenido, lo que parece que es un hecho es que regresarán los precios controlados.

La economía mexicana había logrado librarse de esas aberraciones de precios oficiales que no hacen sino distorsionar los mercados.

Uno de los últimos bastiones de esa intervención estatal se daba en los precios de los energéticos. La liberación de precios de combustibles como las gasolinas resultó traumática pero necesaria.

Gastar hasta 250,000 millones de pesos al año en subsidios a las gasolinas en lugar de pagar su precio de mercado, como ocurrió tantas veces en el pasado, no debería ser tan difícil de rechazar, pero siempre se reacciona desde los intereses propios y muchos de los críticos del gasolinazo tienen automóvil y no son beneficiarios de los programas sociales que se tienen que recortar con tal dispendio de recursos del erario.

La noticia, que por lo menos ya confirmó Mario Delgado, coordinador de los diputados de Morena y por lo tanto quien recibe las instrucciones directas del gobierno de López Obrador, es que el próximo año no subirán las gasolinas en términos reales, que es el eufemismo neoliberal tecnócrata que usan para decir que sí aumentan, pero sólo el nivel inflacionario.

Esto significa necesariamente que viene el congelamiento de los precios de Magna, Premium y Diesel, y su incremento se dará con cualquiera de estos dos indicadores: la estimación oficial de inflación para el 2019 o bien el resultado quincenal o mensual del Índice Nacional de Precios al Consumidor.

Este esquema necesariamente resultará injusto para alguien. Si se fija un precio, ya con inflación incluida, y bajan los precios internacionales de las gasolinas, los consumidores pagarán más por el energético.

Y si, por el contrario, suben de precio más allá del nivel congelado, se tienen que usar recursos presupuestales para cubrir el boquete que se abra.

Había la expectativa de que no se metieran con el esquema de precios libres de las gasolinas, por el bien de su larga lista de gastos sociales. Pero el adelanto de los diputados es que el próximo año resucita el aberrante esquema de control de precios.